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Austria exige que todos los puertos europeos se cierren a los refugiados rescatados en el mar

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Viena considera injustificado que las autoridades locales o nacionales decidan por su cuenta incumplir la normativa europea

El visto bueno al buque Diciotti para atracar en el puerto de Sicilia parece ser la gota que colma el vaso para el canciller austriaco y presidente por turno de la UE, el conservador Sebastian Kurz. Viena considera injustificado que las autoridades locales o nacionales decidan por su cuenta incumplir la normativa europea y quiere que los rescatados en el mar por motivos humanitarios sean llevados a terceros países considerados seguros por las ONGs que los trasladan, pero no al interior del territorio Schengen. Según ha publicado el semanario austriaco Der Standard, Kurz está manteniendo contactos con jefes de gobierno europeos para promover un freno a estas prácticas y ha declarado en una conversación con el primer ministro de Malta, Joseph Muscat, que es necesario detener los buques en la frontera exterior de la UE, antes de que entren al territorio común. «Nosotros representamos la opinión compartida: no todos los barcos pueden atracar en los puertos de la UE».

Kurz, que por cierto ha pasado estas vacaciones de verano por Barcelona y que esperó pacientemente con el resto de los pasajeros para embarcar el vuelo low cost que salió con dos horas de retraso de la ciudad condal, vuelve a situar en el centro de la agenda política el endurecimiento de la política europea de refugiados, mientras la oposición austriaca considera que se trata solamente de una maniobra de distracción. «Se ve obligado a hacer demandas extremas, declaraciones radicales, para sacar de foco las numerosas críticas que está recibiendo por la boda de Knesissl», responde el portavoz en materia europea del Partido Socialdemócrata Austriaco (SPÖ), Jörg Leichtfried . «La comisión europea ha hecho propuestas esta misma semana para tratar de solucionar lo que se debe hacer con esos barcos y en este contexto las declaraciones populistas sobran».

Con «la boda de Knesissl», se refería Leichtfried al enlace matrimonial de la ministra de Exteriores de Austria, perteneciente al partido antieuropeo y antiextranjeros FPÖ, con el que Kurz gobierna en coalición, que tuvo lugar el pasado sábado y al que asistió como invitado el presidente ruso Vladimir Putin. El canciller Kurz mantuvo una breve conversación con Putin en el camino de éste desde el aeropuerto hasta la boda, en la limusina presidencial, y entre otros puntos hablaron brevemente sobre política europea de refugiados y sobre el objetivo de Kurz de endurecerla aprovechando su presidencia por turno comunitaria.

El debate nacional austriaco sobre refugiados se caldea a diario con las historias humanas que van saltando a los titulares. Especialmente dramática es la situación de alrededor de cien refugiados iraníes cristianos a los que EE.UU. había aceptado pero que después, una vez que habían llegado a Austria como país de tránsito, rechazó sin dar más explicaciones. Se trata de familias que llevan un año varadas en Austria, cuyos ahorros se han ido agotando y que además van siendo separadas para encontrarles alojamiento. Rechazados por el Estado austriaco y sin documentación para viajar a otro país, dependen únicamente de la organización The Nazarene Fund, que se encarga de los alquileres, los cuidados médicos, el cuidado psicológico y los servicios legales. En contacto con el gobierno de Estados Unidos para averiguar por qué se le había negado entrada después de que inicialmente fueran aceptados, el Departamento de Estado de EE. UU se ha limitado a responder al grupo que vuelva a enviar sus requisiciones para asilo.

El pasado fin de semana, otro caso ha dado la vuelta al mundo: el de un joven afgano que alegaba la persecución por su condición de homosexual en su petición de asilo y al que las autoridades austriacas rechazaron porque «no actuaba» ni «vestía» como una persona gay. El funcionario del estado de Baja Austria encargado del expediente estimó que el joven de 18 años no corría ningún peligro porque «ni su forma de caminar, ni su forma de actuar, ni el modo en que viste revelan que podría usted ser homosexual».

Unos días antes de asumir la presidencia europea, Kurz llamó a crear un «eje de países dispuestos» a combatir la inmigración ilegal formado por Austria, Alemania e Italia. Alemania se distanció rápidamente de estas declaraciones, pero la situación preelectoral en la UE puede servir de elemento potenciador a estas intenciones, a menos que Kurz quede aislado en el Grupo del Partido Popular Europeo, el más grande del Europarlamento, al que pertenece, entre otros el ÖVP de Kurz, el Fidesz de Viktor Orban o el Partido Popular español.

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