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Los lazos amarillos son anecdóticos comparados con cuarenta años de atrocidades, odio y terror

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En este artículo nos hacemos eco de una columna de José L. Román que hace un fino análisis sobre lo que supone la colocación de lazos amarillos y lo que significan o no comparado con otra serie de atrocidades que se han cometido en las últimas cuatro décadas. Aquí recogemos su columna.

“La colocación de lazos amarillos en distintos puntos de Cataluña por parte de los separatistas, se podría calificar de mera anécdota si lo comparamos con un preámbulo de cuarenta años plagado de atrocidades cometidas por personajes de la misma ralea, a las que en todo ese periodo los gobiernos centrales y sus respectivos partidos no solo no prestaron atención, sino que continuaron haciendo el caldo gordo a quienes desde el autogobierno robaban a manos llenas y preparaban el terreno para conseguir sus objetivos al margen de la Constitución.

Lejos de cortar de raíz aquellos comportamientos con el Código Penal en la mano, por tratarse de claros indicadores que apuntaban a unas pretensiones al margen de la Ley, miraron para otro lado como si la historia no fuese con ellos.

Ahí están las hemerotecas. No se libra nadie. Lo mismo da Felipe González que Aznar, el siniestro Zapatero o el cobarde de Rajoy. Todos ellos han sido colaboradores necesarios en el abono de un terreno cuyo fruto no es otro que el enfrentamiento civil. Es decir, se descuelga el cuadro pornográfico de la pared pero se permite la prostitución en el local. Se estudia el proyectil encontrado en el lugar del crimen pero no se investiga sobre el autor del disparo.

Cuando durante cuarenta años se ha permitido que se quemen banderas nacionales día sí y el otro también ante los medios de comunicación públicos. Cuando se consiente que un terrorista de Terra Lliure y asesino del empresario Bultó, pueda formar parte de unas listas electorales. Cuando una sociedad no mueve un solo dedo tras el atentado contra Federico Jiménez Losantos, por defender el español en Cataluña. Cuando se tolera que se tiroteen y se quemen fotografías con la efigie del Jefe del Estado. Cuando se mira para otro lado mientras el independentismo pita el himno nacional de España en cualquier acto institucional o deportivo. Cuando se pone en libertad sin cumplir sus condenas, a quienes vuelan con explosivos una Casa Cuartel de la Guardia Civil con sus moradores dentro o un hipermercado abarrotado de gente. Cuando todo esto ha tenido lugar en Cataluña en los últimos cuarenta años, sin que hasta ahora nadie haya movido un solo dedo para enfrentarse en la calle a sus autores, cómplices y encubridores, entonces, convendrán conmigo que es lógico aunque despreciable, que los matones a favor de tanta atrocidad y de tanto desmadre, que durante cuarenta años han actuado a su libre albedrio y con total impunidad sin que nadie los meta en cintura, se sientan agraviados y molestos cuando se les quitan sus lacitos amarillos, reaccionando de forma violenta y agresiva tal y como hacían los caciques de antaño, ante cualquier “insolencia” de quienes consideraban simplemente sus criados y “esclavos”.

Hay un amplio sector de la sociedad catalana que hoy se autodefine como “constitucionalista”, que no reaccionó en su momento ante el primer acto de sangre y de terror, ni ante la primera humillación o ataque de los independentistas. No se aplicó el famoso dicho castellano: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar”.

Simplemente siguieron los pasos de quienes desde el pesebre hacían el juego al independentismo
, simulando no sentir ni frío ni calor. O sea, que tal y como sucedió en Vascongadas mientras los atentados no tuvieron color político, nadie en Cataluña se ha rascado durante cuarenta años porque eran otros quienes sentían el picor de las amenazas, los insultos, las extorsiones, y hasta las graves agresiones en forma de atentados.

Como decía Berthold Brecht…: “Ahora me llevan a mí…pero ya es tarde”.

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