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Muere Carmen Franco a los 91 años de edad

Muere Carmen Franco a los 91 años de edad

Muere Carmen Franco a los 91 años de edad

Era la crónica de una muerte anunciada. Carmen Franco supo desde octubre que se moría. No quiso que le edulcoraran la verdad. Ese cansancio que tuvo durante todo el verano intuyó que no era buen presagio. El médico detectó en su último chequeo un tumor. Quince años atrás tuvo un cáncer del que no quiso volver a acordarse una vez superado. Carmen ha muerto como quería, en su casa y en su cama. Se ha ido sin operaciones, sin tratamientos tortuosos. Ha fallecido en paz despidiéndose paulatinamente de todo y de todos. Estaba preparada. A punto de terminar nuestros encuentros para realizar la novela que acaba de publicarse sobre su vida confesó: “Aquí estoy dispuesta a recibir aquello que venga. Sin lágrimas. No tengo miedo a nada, ni tan siquiera a la muerte. La he visto de cerca muchas veces y la conozco perfectamente. No le tengo miedo”.

Ha fallecido en su domicilio de Hermanos Bécquer, en Madrid. No quería hospitales. Todavía tenía en la memoria la forma artificial en la que se prolongó la vida de su padre, Francisco FrancoNo deseaba lo mismo para ella. Cuando Franco murió siempre le echó en cara a su marido, Cristóbal Martínez-Bordiú, la forma innecesaria en la que se intentó prolongar lo inevitable. “A las personas hay que dejarlas morir en paz”, fue su repetida petición al marqués de Villaverde que decidió trasladar a Franco del palacio de El Pardo al hospital La Paz de Madrid. “Mi padre deseaba morir en casa”,me comentó. Eso lo tenía grabado a fuego. No quería lo mismo para ella. Finalmente, se fue como quería, rodeada de sus personas de confianza y sus seres queridos.

esconozco el motivo por el que rompió su silencio después de 91 años y se decidió a hablar. El caso es que sin su testimonio yo no lo hubiera escrito jamás. Pienso que intuía el final de un largo camino y tomó la decisión de contar su vida. Sus primeros recuerdos los situaba en Zaragoza, en la Academia Militar que su padre dirigía. Allí en aquel ambiente tan castrense se veía a sí misma jugando con otros niños hijos de militares. También recordaba con cariño la presencia de su tía Zita, todavía soltera, y de Serrano-Súñer, que más tarde se convertiría en su tío. No recordaba en esa primera etapa de su vida una muñeca, ni tan siquiera unos juegos de niñas… Le venía a la memoria un coche rojo de hojalata que le regaló Serrano-Súñer y con el que jugó mucho.

Hablaba en los primeros encuentros de alguien que la educó en francés y que la enseñó a comportarse correctamente en un mundo de adultos donde prácticamente no había niños. Mademoiselle Labord despertó la primera sonrisa de aquel inicio de catarata de recuerdos de su infancia. Fue su primera institutriz quien le hizo pronunciar el francés con tanta fluidez y buen acento que provocó las protestas de su padre: “¿Aquí cuando se va a hablar en español?”. Carmen Polo y ella se expresaban perfectamente en francés.

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