Deporte

El tenis español cierra su peor año desde 1995

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Ninguno de los cuatro jugadores que devolvieron a España al Grupo Mundial de la Copa Davis el pasado septiembre en Nueva Delhi tiene menos de 30 años. Rafael Nadal, el líder, el gran referente del tenis español y uno de los más grandes del tenis mundial, entró el pasado junio en la treintena. David Ferrer cumplirá 35 en abril; Feliciano López, 36 a finales del próximo verano, y Marc López, dedicado exclusivamente al doble, también 35.

Los síntomas de envejecimiento en nuestro tenis se han puesto de manifiesto en la peor temporada de los últimos 22 años. Sólo ha habido ocho presencias españolas en los cuartos de final de los 14 torneos más importantes; léase los cuatro del Grand Slam, los nueve Masters 1000 y la Copa Masters. Nadal consiguió en Montecarlo el trofeo más importante.

«Lo normal es que los resultados no mejoren demasiado el próximo año», apunta Antonio Martínez Cascales, vicepresidente primero de promoción y desarrollo de la Real Federación Española de Tenis (RFET) «La generación de los 80, 85, 86 va llegando a su fin. Cuando se termine, tendremos a gente como Roberto Bautista, Albert Ramos o Pablo Carreño, que son buenos y pueden garantizar un alto grado de competitividad. Por detrás viene un grupo prometedor, los nacidos en 1997: Munar, Zapata, Taberner, Álvaro López. Alguno va a dar el salto. Bautista, a su edad, estaba como ellos. Ha madurado tarde y durará», prosigue el también presidente y fundador de la Academia JC Ferrero Equelite.

“El problema va a llegar cuando falten modelos”

Hay una brecha generacional importante. Bautista, de 28 años, ha ganado esta temporada los torneos de Sofía y Auckland y ha disputado en Shanghai su primera final de un Masters 1000, tras derrotar a Djokovic en semifinales, además de la de Winston Salem. Concluye el curso 14º. Sobre él gravitará una difícil transición en la que le cabe también un papel relevante a Pablo Carreño e incluso a Ramos. «Tenistas como Carlos Boluda o Javier Martí no han terminado de cuajar», recuerda Emilio Sánchez Vicario, ex capitán de Copa Davis y número siete del mundo en 1990. «Aún habrá un tiempo de confluencia entre los protagonistas de la mejor época del tenis español y quienes ahora se mueven por los puestos nobles de la clasificación. El problema va a llegar cuando falten modelos. Estados Unidos también atravesó unos cuantos años de sequía tras la retirada de Sampras y de Agassi», añade el fundador de las Academias Sánchez Casal, ahora radicado en Estados Unidos.

Martínez Cascales explica que entre los planes de la RFET se encuentra modificar el plan de trabajo entre los jóvenes. «No se trata de abandonar el CAR [Centro de Alto Rendimiento], sino de trabajar con planteamientos más flexibles. Tenistas como Nadal, Ferrero, Ferrer o Almagro prácticamente han entrenado en su casa. Un entorno demasiado hermético no favorece que salgan profesionales. La motivación que en cada minuto puede insuflar a un chaval su propio entrenador es muy grande. A Albert Ramos le echaron del CAR con 17 años, diciéndole que no valía para el tenis».

Limitación presupuestaria

Hay un contexto de crisis que en modo alguno puede pasar inadvertido. Se traduce en la limitación de unos presupuestos que de los 2.700.000 euros de hace un lustro se han quedado en 800.000. «Los últimos años han sido muy duros en España. Hay una inercia negativa, también en el deporte de base», tercia Sánchez Vicario. «Se ha reducido el número de torneos challengers y futures. Hay menos licencias, menos actividad. Ya en la élite, grandes profesionales como Carlos Moyà, José Perlas o Galo Blanco entrenan a tenistas extranjeros». Juan Bautista Avendaño, gerente de la Federación Madrileña de Tenis, ex jugador y ex capitán de Copa Davis, también apunta a la sangría económica. «En su momento, la RFET generó muchos ingresos, con los éxitos en la Davis. Eso ya no sucede. También faltan ayudas de las instituciones, comunidades autónomas, ayuntamientos».

Lo inmediato no es alarmante, si bien conviene ir acostumbrándose a menos alegrías de las disfrutadas por los aficionados españoles durante un período muy dilatado. Desde el año 2000 España siempre ha contado con al menos un jugador en la Copa Masters, llegando a tener tres en 1998, cuando Costa se sumó a Corretja, campeón, y Moyà, finalista. «Es importante no defraudar a quienes aún están en la élite, mantenerles implicados», dice Cascales, preguntado por la Copa Davis. «Trabajamos para que dentro de unos años el tenis siga siendo un deporte de referencia a nivel social. Lo haremos de modo creativo y aprovechando la inercia de éxitos», concluye.