España

El cinismo, ese mal del tiempo

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Que nuestra clase política está desacreditada por la corrupción, el tráfico de influencias, el nepotismo, la falta de ejemplaridad y el oportunismo es una constatación que no hace falta argumentar.

Pero hay una conducta que irrita especialmente porque ofende el sentido común: el cinismo con el que reaccionan muchos dirigentes cuando son cogidos con las manos en la masa. Es el caso de Ramón Espinar, senador de Podemos, que se cansó de lanzar soflamas contra la especulación inmobiliaria y cuya conducta está en cuestión por haber incurrido en las prácticas que denunciaba.

Sus explicaciones son inconsistentes y llenas de contradicciones, pero da igual: Pablo Iglesias ha salido en tromba para respaldarle, mientras Podemos recurría a la manida justificación de la conspiración política y del ventilador de basura.

Según la particular teoría de quienes defienden a Espinar, lo importante son las motivaciones de quienes denuncian su proceder y no los hechos que emergen a la opinión pública por muy repudiables que sean.

De la misma forma han actuado en otros casos anteriores, imitando la conducta de partidos como el PP y el PSOE. Ambos han recurrido a las mismas fantasías para justificar escándalos como Gürtel o los ERE de Andalucía, que ha llevado al banquillo a Chaves y Griñán.

En el caso de Gürtel, todos sabemos que Luis Bárcenas cobraba comisiones, de las cuales una parte iba a la caja B del partido. Con ese dinero, por ejemplo, se remodeló la sede de Génova, se pagaron sobresueldos y se costearon actos electorales. Esto es obvio para quien lea los sumarios en los que constan pruebas irrefutables que demuestran que hubo esa financiación irregular. Pero el PP se niega a asumir esa desagradable verdad.

El PSOE tampoco puede jactarse de nada porque hay una docena de altos cargos de la Junta de Andalucía que han sido procesados por delitos de malversación, cohecho y prevaricación. No hay ninguna persona en este mundo con sentido común que se pueda creer que se malversaron más de 500 millones de euros sin que ningún alto cargo del Gobierno andaluz se enterase pese a las reiteradas advertencias de la Intervención de la Junta.

Sencillamente la táctica de los partidos, como la de Espinar, es negar la evidencia, lo cual puede ser humanamente explicable pero ofende cuando se trata de una institución que representa los intereses de los ciudadanos.

Lo diré de otra manera: la corrupción es repudiable y repugnante, pero todavía es peor el cinismo al que recurren muchos dirigentes para negarla a pesar de su evidencia.

Ello demuestra que no hay ninguna voluntad sincera de combatir ese mal, que se considera tan grave cuando lo practican los demás y que se excusa cuando quien incurre en él es un aliado o un compañero de partido.

El doble rasero con el que se mide la corrupción vicia todo el discurso políticoporque nadie se puede creer la voluntad de regeneración de un nuevo partido como Podemos cuando actúa de una forma tan complaciente con conductas que reproducen miméticamente los viejos hábitos que se critican.

El cinismo es un cáncer que corroe la política y es peor que la corrupción porque supone la destrucción del lenguaje, que es el rasgo más distintivo de las ideologías totalitarias. Empecemos por recuperar la dignidad de las palabras, que es una tarea que nos obliga a todos y sin lo cual será imposible una mínima confianza en los partidos y la política.