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Hillary Clinton llama a Trump y acepta su derrota

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Fue una noche amarga para Hillary Clinton, nada que ver con el júbilo de la mañana cuando votó con su marido entre aplausos y risueña en Chapaqquaa (Nueva York). Dieciséis horas después de votar ilusionada con la expectativa de convertirse en la primera mujer presidente de Estados Unidos, la ex secretaria de Estado no fue al Jacob Javits Center para pronunciar el discurso de la victoria como había previsto.

Su jefe de campaña, John Podesta, subió al escenario poco después de las dos de la mañana-hora local- para anunciarlo, apuntando que tendrían más que decir mañana. “Ha sido una noche larga y una campaña larga. Podemos esperar un poco más, ¿verdad?”, decía al público que había aguardado pacientemente en el centro de convenciones para celebrar la victoria que no se produjo.

A esa hora su rival, el candidato Donald Trump, rozaba el número mágico de los 270 votos electorales que le convertirán en el 45º presidente de EEUU. Un escenario que muy pocos habían imaginado con los sondeos en la mano; sólo el diario ‘Los Angeles Times’ estimaba una victoria del empresario neoyorquino desde hace meses.

Ante los seguidores demócratas, Podesta señaló que “aún están contando votos, y cada voto debería contar”. Minutos más tarde, los medios estadounidenses informaban de que Clinton había llamado por teléfono a Trump aceptando la derrota en esta jornada electoral.

El director de la campaña de Clinton quiso destacar el gran trabajo de la candidata que no hizo acto de presencia en el centro de convenciones. “Vuestras voces y entusiasmo significan mucho para ella y par todos nosotros. Estamos tan orgullosos de vosotros y de ella”.

La pérdida de Florida, clave

Lo paradójico del fracaso de Hillary Clinton es que los latinos y las mujeres, las dos comunidades que supuestamente con mayor fuerza se iban a movilizar a favor de Hillary, no lo han hecho. A pesar de los comentarios xenófobos lanzados por Donald Trump durante la campaña (especialmente en contra los inmigrantes mexicanos) y del vídeo plagado de comentarios sexistas del millonario que salió a la luz, ni los inmigrantes ni las mujeres han acudido en masa a votar por ella, como algunos pensaban que ocurriría.

La prueba más lacerante está en Florida, el estado que agrupa el mayor porcentaje de hispanos de Estados Unidos. Se creía que los puertorriqueños, que ahora mismo son la comunidad hispana más importante de Florida por delante de los cubanos (tradicionalmente republicanos), iban a dar la vitoria a la candidata demócrata. Pero no sucedió.

Los primeros análisis subrayan que muchos más latinos de los que se pensaba inicialmente habrían votado por el millonario, convencidos de que los inmigrantes sin papeles son su gran competencia en el mercado laboral y apoyando los planes de Trump de expulsar a 11 millones de ellos. Y otros, sobre todo cubanos, espantados ante la apertura de Obama y de ella misma como su secretaria de Estado, con la Cuba de Fidel Castro.

Con las mujeres pasa un poco lo mismo. Sobre el papel, Hillary tendría que desatar una oleada de entusiasmo en la mayoría de ellas, ante la perspectiva de poder convertirse en la primera mujer en llegar a la Casa Blanca en 227 años. Pero, de nuevo, eso no ha ocurrido. Pesan mucho más sus contras (el llevar media vida en primer plano de la política, el que haya sido ya primera dama, senadora, secretaria de Estado, el ser percibida como casta pura y dura) que el que pudiera haber hecho añicos más de dos siglos de presidentes todos hombres.

 

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