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La Guerra del Narco contamina México

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En mayo de 2012, Enrique Peña Nieto, aún candidato a la Presidencia de México, anunciaba que la prioridad de su Gobierno en materia de Seguridad sería “no capturar capos de organizaciones que ingresan todos los años drogas por valor de cientos de millones de dólares a Estados Unidos”, sino usar los recursos del Estado para “reducir los homicidios, los secuestros y las extorsiones que son los delitos que más afectan a la mayoría de los mexicanos”. Con esta promesa electoral aseguraba su candidatura: “Se inundará de policías y soldados las calles y pueblos con los índices de violencia más altos”.

El país, entonces, estaba agotado de una batalla que el presidente Felipe Calderón había abierto contra los grupos de narcotraficantes y que estaba desangrando México. El Ejército salía a patrullar las calles y las ejecuciones eran públicas y macabras. Por eso, los ciudadanos apostaron por un México tranquilo y próspero, acudiendo a las urnas con el fin de acabar con esa enloquecida espiral de violencia.

Casi cinco años y medio después y cuando el mandato del presidente llega a su fin, las elecciones para elegir nuevo Gobierno serán el próximo 1 de julio, el resultado es exactamente el opuesto al anunciado en los mítines: han subido los homicidios hasta convertir 2017 en el año con más violencia en la historia de México, superando el mítico 2011, en el que las calles del país se llenaban de cadáveres en medio de la llamada “Guerra contra el Narco”. Esta Administración sólo puede acreditarse el éxito mediático en este conflicto, con la exhibición de las detenciones de algunos importantes líderes de los cárteles como El Chapo Guzmán.

Va a ser el año con más homicidios de la historia, pero además otros delitos como robos con violencia o secuestros también siguen creciendo. En 2017, sólo se observa una reducción en las violaciones”, dice a EL MUNDO Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC), la organización social más importante en el monitoreo de los delitos en todo el territorio de México.

Según la previsión de esta entidad, 2017 terminará con una tasa de 19,77 homicidios por cada 100.000 habitantes, superando los 19,75 de 2011, el hasta ahora y desde que hace 20 años comenzaron los registros oficiales de delitos, peor año de la historia de México.

Los números absolutos hablan con claridad de lo que está pasando en la actualidad, a pesar de que un repentino cambio metodológico en los recuentos en noviembre por parte del Gobierno ha reducido el número de homicidios drásticamente, tanto de 2017 como de todos los años anteriores. Entre el 1 de enero y el 31 de octubre de 2017 hubo 23.571 homicidios en México, datos reconocidos hasta el 20 de diciembre por el Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Nacional (SESSN). En contraste, en todo 2016 la cifra de homicidios fue de 22.965, según SESSN, y de 23.953, según el Instituto Nacional de Estadística. En noviembre, empleando esta nueva metodología de recuento, hubo 2.212 asesinatos, lo que supondría un total de 25.783 muertes si se mantienen los datos de meses anteriores y de 23.101 según el nuevo sistema.

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En cualquier caso, empleando uno u otro método las cifras suponen un récord histórico de asesinatos. “Quitando la época de la Revolución, este año será el más violento de la historia, incluso superará a 2011, lo que parecía una locura. El fracaso del Gobierno es absoluto”, señala a este periódico Juan Francisco Torres Landa, secretario general de la organización México Unido Contra la Delincuencia.

Otras organizaciones como Semáforo Delictivo dicen que la tasa ascenderá este año a 20,1 homicidios por cada 100.000 habitantes e incluso algunos analistas apuntan a que se superará holgadamente la cifra de 20 muertos por cada 100.000 habitantes.

Ante este desolador panorama, recientemente la agencia antidroga de EEUU, DEA, y la Procuradoría General de la República (PGR), han emitido sendos informes que dibujan el mapa del narco mexicano, culpable y paraguas de parte de la violencia del país.

De los datos de ambas instituciones se desprende que ambas costas de país son territorio y campo de batalla de los grandes capos de la droga, que usan esos corredores para llevar los estupefacientes hasta EEUU, pero se observa también una creciente contaminación de algunos estados del centro del país, antes blindados ante la delincuencia. Es evidente también que en los estados donde hay dos o tres grupos narcos disputándose la plaza el número de muertes se dispara.

“Nunca se acabó la Guerra contra el Narco, pero algunas detenciones de líderes desequilibraron la delincuencia. Hay guerras internas entre esos grupos por obtener el poder y hay también guerras entre grupos antagónicos”, explica Rivas. “Lamentablemente los estados donde no se concentra la violencia son hoy una excepción, algo que no pasaba antes. Yucatán, Campeche y poco más se salvan de un cáncer que lo ha contaminado todo”, asegura Torres Landa.

El fracaso en materia de seguridad en este sexenio es absoluto, el desinterés social preocupante y la facilidad con la que se extiende la delincuencia por todo el país alarmante. “Es muy fácil caer en el juego de que todo es narco. En esa bolsa es más fácil tolerar deficiencias, es una forma de autojustificarse ante un problema internacional y muy complejo. Este Gobierno al principio minimizaba el problema de los narcos y ahora mete ahí todo”, dice Rivas, que habla también de la responsabilidad política y civil: “¿Cómo es que nadie se responsabiliza de nada? La seguridad va a requerir esfuerzo y tiempo, pero lo que no se ve es una urgencia por solucionarlo. Ni la sociedad ni las autoridades le dan ese carácter. El Gobierno Federal ya está guardando los libros en la cajonera ante el fin del sexenio y el ciudadano está aplatanado porque ve que nada cambia”.

“Hay una descomposición de la violencia más allá del narco. Se están introduciendo las pandillas en México. En lugares como León y Guanajuato, donde han subido mucho los delitos, actúan conectadas a los grupos de Centroamérica y Los Ángeles”, asegura el experto Torres Landa.

Lo cierto es que la violencia moderna, la que vino con el tráfico de drogas a EEUU, ha dejado más de 100.000 muertos, más de 30.000 desaparecidos y cientos de fosas repletas de cadáveres ocultas por el país. México ha perdido otro sexenio en el que el Gobierno Federal, junto a gobiernos estatales y municipales, han sido incapaces de rebajar unas cifras criminales que resultan escandalosas.

Lo sorprendente es que entre los partidos políticos y candidatos, en los medios de comunicación y en las organizaciones sociales, el tema de fondo, la violencia, parece secundario ante el desafío del presidente de EEUU, Donald Trump, las acusaciones de corrupción entre los candidatos a las presidenciales de México y las pugnas internas de los partidos por proponerse como líderes.

Todo ellos como si la Guerra del Narco hubiera acabado tras el mandato presidencial de Felipe Calderón y a pesar de que los cadáveres se siguen acumulando en morgues que no dan abasto, como la del estado de Guerrero, donde han denunciado que no caben más cadáveres.

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