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Las dos Coreas reactivan el teléfono rojo

Las dos Coreas reactivan el teléfono rojo

Las dos Coreas reactivan el teléfono rojo

Corea del Norte y Corea del Sur reanudaron ayer los contactos a través del llamado “teléfono rojo” que mantenían desactivado desde febrero de 2016 sentando las bases de lo que podría ser su primer encuentro de alto nivel desde diciembre de 2015, en un gesto que aleja a Seúl de la política de “máxima presión” que apadrina la Administración de Donald Trump.

Tras el ofrecimiento de Seúl de que ambas partes se reúnan el próximo martes en la Zona Desmilitarizada (DMZ) que divide a las dos naciones, Pyongyang aseguró que el propio Kim Jong-un había dado la orden de reactivar la crucial línea de comunicación. Las dos partes mantuvieron una breve conversación de 20 minutos para comprobar el buen funcionamiento de esa vía de contacto.

“Poniendo en marcha la decisión del liderazgo, tomaremos contacto con Corea del Sur de forma sincera y honesta”, indicó el máximo responsable del departamento norcoreano que se encarga de las relaciones entre ambos países, Ri Son-gwon, citado por la televisión estatal. Ri también aclaró que el diálogo se centraría en la posibilidad de que Corea del Norte “envíe una delegación” deportiva a los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebran en febrero en Corea del Sur, algo que marcaría un gesto de distensión de ingente calado en un periodo dominado durante los últimos años por una incesante escalada de tensión y ensayos militares.

Un portavoz del presidente surcoreano, Moon Jae-in, reconoció que la puesta en marcha una vez más del “teléfono rojo” es “muy significante porque crea un entorno donde la comunicación será posible todo el tiempo”. El apodado “teléfono rojo” se instaló en la villa de Panmunjom, en el corazón de la DMZ, en 1972 y su historial ha sufrido tantos sobresaltos como la propia historia de las dos Coreas.

En 1976 la línea quedó interrumpida tras la sangrienta refriega que se registró en la DMZ entre tropas de EEUU y norcoreanos, y sólo se restableció en 1980, una incidencia que se repetiría en años sucesivos donde esta vía de contacto ha sido clausurada y reabierta siguiendo los vaivenes de las relaciones bilaterales. Pyongyang ordenó la última interrupción en febrero de 2016 después de que la entonces presidenta surcoreana, Park Geun-Hye, clausurara la zona industrial de Kaesong, un área de intercambio bilateral donde empresas surcoreanas utilizaban trabajadores norcoreanos.

Pyongyang necesita tiempo

Sin embargo, todavía resta por ver si Pyongyang acepta el día fijado por Seúl para retomar el diálogo precisamente en Panmunjom, algo que ponen en cuestión algunos expertos. Para Cheong Seong-chang, del Instituto Sejong de Corea del Sur, existe un impedimento muy significativo: el lunes es el cumpleaños de Kim Jong-un, apuntó en declaraciones a Yonhap. “Además, Corea del Norte necesita tiempo para establecer una estrategia y detalles sobre lo que quiere llevar a cabo antes de las discusiones. Es probable que proponga una fecha diferente”, argumentó.

El ministro de Unificación de Corea del Sur, Cho Myong-gyon, reitero en cualquier caso que su país “está dispuesto a hablar con Corea del Norte, independientemente del lugar, la forma y el momento (que se elija)”. La aproximación de las dos Coreas abre una significativa brecha en los deseos de Washington por aislar a Pyongyang y constituye un triunfo diplomático -al menos por el momento- de Pekín, que de inmediato se felicitó por el giro que está registrándose en la Península.

“Pensamos que todas las partes relevantes en este asunto deben aprovechar este cambio positivo. A China le gustaría jugar un papel constructivo para que la situación regrese al camino correcto de un acuerdo pacífico y trabajar por la desnuclearización de la Península”, indicó un portavoz chino, Geng Shuang. El tono conciliador de las dos Coreas y de la propia China marcó un enorme contraste con el estilo al que recurrió una vez más Donald Trump, que por medio de sus habituales tuits volvió a mofarse de Kim Jong-un llamándole “hombre cohete” y repitió su amenaza de iniciar una guerra nuclear con Pyongyang.

“Kim Jong-un acaba de decir que el botón nuclear está su escritorio todo el tiempo. Por favor, ¿puede alguien de su régimen agotado y muerto de hambre informarle que yo también tengo un botón nuclear? pero es mucho más grande y poderoso que el suyo, y mi botón funciona”, escribió el mandatario colocándose al mismo nivel que el dirigente norcoreano, que había dicho prácticamente lo mismo en su último discurso de Año Nuevo al dirigirse a Washington.

La divergencia entre este discurso y los guiños conciliatorios que están intercambiado en las últimas jornadas Seúl y Pyongyang inciden en las claras diferencias que mantiene Washington con Corea del Sur -hasta ahora un firme aliado y base estratégica de actuación en la Península- respecto a la política a seguir en esta crisis.

La embajadora de EEUU ante Naciones Unidas, Nikki Haley, se mostró incluso despectiva hacia Seúl al decir que Corea del Norte puede “habla con quien quiera” pero EEUU “no tomará en cuenta” esas conversaciones “hasta que acepten prohibir las armas nucleares que tienen”. “No necesitamos sonreír y tomarnos una foto”, añadió.

“Nuestra política respecto a Corea del Norte no ha cambiado. Seguimos dispuestos a promover la máxima presión sobre Corea del Norte para obligarla a cambiar y estar seguros de que aceptar una Península sin armas atómicas”, señaló por su parte la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders. Un portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Heather Nauert, también se mostró contrario a la aproximación de las dos coreas y dijo que Washington es “muy escéptico” sobre la “sinceridad” del gesto de Kim Jong-un.

Tanto Nauert como Sanders acusaron a Kim Jong-un de maniobrar para crear diferencias en las relaciones de EEUU con Corea del Sur pero insistieron en que no tendrá éxito. “Nuestra alianza y amistad con Corea del Sur sigue siendo más fuerte que nunca. Estamos en contacto muy estrecho para ofrecer una respuesta unificada”, apuntó Sanders.

La puerta abierta del Comité Olímpico Internacional

El Comité Olímpico Internacional reconoció el miércoles que mantiene abierta la opción de que Corea del Norte participe de alguna manera en los Juegos Olímpicos de Invierno de PyeongChang -la localidad surcoreana que se encuentra ubicada a 80 kilómetros de la DMZ-, incluso si sus atletas no han cumplido con el calendario oficial requerido, y acogió con beneplácito la disposición de las dos Coreas a conversar al respecto.

Al menos dos patinadores norcoreanos, Ryom Tae-ok y Kim Ju-sik, se han calificado para esta competición tras su participación en las pruebas previas que se desarrollaron en Alemania el pasado mes de septiembre. La presencia de representantes de Corea del Norte en PyeongChang constituiría un hecho histórico ya que esa nación no sólo boicoteó los Juegos Olímpicos de Verano que se celebraron en el país vecino en 1988, sino que intentó sabotearlos de todas las maneras posibles llegando a hacer explotar un avión de pasajeros surcoreano en 1987 matando a 115 personas, en uno de los atentados más sangrientos que se atribuyen a Pyongyang.

El jefe organizador de los juegos, Lee Hee-beom, propuso que las dos Coreas presentaran equipos unificados en modalidades como patinaje o hockey sobre hielo, algo que también sería un gesto inédito. Los atletas de Corea del Norte han intervenido al menos en tres ocasiones en grandes eventos deportivos internacionales y durante la era de la apodada “Política del Amanecer” que propició el presidente liberal surcoreano Kim Dae-jung, los dos países llegaron a protagonizar gestos que todavía recuerda la historia común con delegaciones que desfilaron unidas en las Olimpiadas de Sydney (Australia) en el año 2000 o en la propia ciudad surcoreana de Busan, durante los Juegos de Asia del 2002.

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