Salud

¿Es perjudicial hacer deporte al aire libre en las ciudades?

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La respuesta es no. Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cambridge, publicado en mayo de este año, los beneficios que reporta a la salud hacer deporte al aire libre -caminar, correr o montar en bicicleta- serían superiores a los efectos negativos que podría producir la polución en nuestro organismo, incluso en los casos de las ciudades más contaminadas. Practicar con regularidad actividad física, tal y como se pone de relieve en este estudio, reduce el riesgo de padecer algunas enfermedades como la diabetes, cardiopatías e incluso algunos tipos de cáncer, como el de colon.

Esta recomendación, sin embargo, ha de tomarse con ciertas reservas, ya que no es válida para todos los sectores de la población. “Las personas sanas no tienen por qué dejar de hacer deporte en exteriores aunque vivan en ciudades contaminadas. Otra cosa bien distinta es si forman parte de grupos de riesgo, como los niños pequeños, los ancianos y los enfermos respiratorios o del corazón”, afirma Manuel Callejas, neumólogo del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela (Madrid).

El doctor Callejas aconseja “trasladar los entrenamientos a instalaciones cerradas cuando, tras largos periodos sin lluvias, se disparan los índices de polución por el tráfico de vehículos o las calefacciones”. El sentido común, según señala, ha de marcar la planificación de nuestra agenda deportiva, “no pasa nada por no salir a correr al parque, ya que hay muchas otras actividades para estar en forma que se pueden hacer ‘indoor'”.

EXPOSICIÓN A LOS GASES

Sin dejarnos llevar por alarmismos, lo cierto es que estamos mucho más expuestos a los efectos nocivos de las emisiones mientras hacemos deporte. ¿Por qué? “Al hacer ejercicio, el corazón y los pulmones intensifican su trabajo. Respiramos más veces por minuto y la cantidad de aire que entra en nuestras vías respiratorias es mucho mayor”, explica Callejas.

El hecho de que, al realizar una actividad física intensa, solamos respirar más por la boca que por la nariz tampoco ayuda, ya que ésta no es capaz de filtrar toda la porquería que sobrevuela en el ambiente que tan bien se neutraliza en las fosas nasales.

En cualquier caso, este neumólogo advierte de que “fumar es 400 veces más peligroso para nuestros pulmones que correr al aire libre en una gran urbe. La dosis de gases que se introducen en nuestro organismo con la contaminación es irritante pero no tan peligrosa como el tabaco”.

¿Sirven de algo las mascarillas para intentar protegernos de los efectos de los malos humos? Manuel Callejas lo aclara: “Las que se usan normalmente sólo atrapan las partículas más grandes pero las pequeñas, que son las que pasan directamente a los alveolos, sólo se pueden frenar con mascarillas profesionales, como las que usan los mineros”.

Consultora de bienestar y entrenadora personal, María Giner sugiere a sus alumnos que “no corran por la ciudad”. En su opinión, lo más indicado sería “ir caminando hasta algún parque e intensificar allí el ritmo de nuestro ejercicio”. A los 10 minutos de empezar a trotar, “los pulmones se abren y se convierten en auténticas esponjas que, en un entorno contaminado, absorben todas las partículas”.

Correr en la cinta, rodar en una bicicleta estática o hacer elíptica son tres alternativas saludables y eficaces a “las sesiones al aire libre para quemar calorías”. Para ella, lo más importante es buscar el entorno y las condiciones idóneas: “Hay que encontrar actividades que nos permitan cuidarnos en todos los sentidos”.

En este mismo aspecto incide la asociación ‘Healthy Lungs for Life’ (Pulmones Sanos para toda la Vida) que ha elaborado una lista con consejos para que los urbanitas hagan deporte sin poner en riesgo su salud: “Ejercitarse en espacios verdes; evitar las calles con mucho tráfico y edificios altos;mantener una distancia prudencial con la carretera; chequear la calidad del aire y estar atentos a las predicciones meteorológicas para no salir los días de mucho calor o con altos índices de polen”.