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Así es la ‘depresión’ del Rey Juan Carlos, entre el aislamiento y un año maldito

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M. Vila

Enclaustrado en unas pocas habitaciones de La Zarzuela, el Emérito se prepara para afrontar el verano más amargo, justo un año después de abandonar la vida institucional.

Se cumple este 2 de junio un año de la despedida del Rey Juan Carlos de la vida institucional. Doce meses con apenas luces que el Emérito vive ahora solo y aislado en unas pocas habitaciones del Palacio de la Zarzuela, confinado por el coronavirus y por una impopularidad creciente. Y no parece que el futuro vaya a ser menos sombrío.

La dolorosísima ruptura con el Rey Felipe VI, renunciando a su herencia al comienzo del estado de alarma, al conocerse que la fiscalía suiza investigaba el origen de un ingreso de cien millones de dólares hecho por la monarquía saudí a la fundación Lucum, supuestamente vinculada a Don Juan Carlos, donde figuraba también como beneficiario su hijo sin su conocimiento, ha sido, de momento, el broche a un año fatídico.

Comenzó el verano pasado con un grave contratiempo de salud: una delicada intervención de corazón el 25 de agosto en la clínica Quirón de Madrid, donde le implantaron un triple bypass aortocoronario. Tras una semana de hospital, la convalecencia fue muy prolongada, ya que la salud del viejo monarca, que ha sufrido 17 intervenciones quirúrgicas, no es la mejor.

Según recuerda también El Mundo en una extensa crónica, el 8 de enero de 2020, el destino volvía a golpearle de la manera más cruda con la muerte de la Infanta Pilar, a consecuencia de un cáncer de colon diagnosticado en febrero, un revés difícil de superar para Don Juan Carlos, pues su hermana mayor era su gran apoyo y confidente.

Tremendamente afectado, al salir de la clínica el Emérito precisó la ayuda de su escolta y de la Reina Sofía. Justamente su acercamiento a la emérita, con la que ha limado asperezas, ha sido uno de los pocos datos positivos de este funesto año. Se les ha visto viajar en familia, almorzar con amigos e incluso compartir unos días en verano en Marivent, algo que no sucedía desde la abdicación.

Sin poder navegar

Incluso el pasado mes de julio Doña Sofía le acompañó de regata a Sanxenxo, algo inédito, pues la localidad pontevedresa se ha convertido en su “santuario”donde aun puede disfrutar de una de las escasas pasiones que le quedan, la vela, en un barco adaptado a su escasa movilidad.

Una afición que también se arruinado por la pandemia por coronavirus, que ha obligado a Don Juan Carlos a confinarse desde marzo en sus habitaciones de Zarzuela, en plena crisis con su hijo, alejado de sus amigos, y sin posibilidad de disfrutar de sus hobbies, como viajar, acudir a un restaurante, o disfrutar de una buena corrida de toros en Las Ventas.

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