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Aumenta el clamor republicano para defenestrar a Trump

Cada vez son más las figuras conservadoras que rompen con el magnate. El «impeachment» exprés de los demócratas cobra fuerza

A las puertas de que la presidente del Congreso, Nancy Pelosi, emboque o no un segundo «impeachment» del presidente saliente, Donald Trump, cada vez son más los republicanos que parecen sumarse. Aunque con cautelas: así, el senador por Pensilvania, Pat Toomey, ha explicado que Trump cometió ofensas merecedoras del «impeachment». Entrevistado en la NBC, el senador aclaró que Trump debería dimitir. Delante de las cámaras de CNN reiteró que la renuncia, «es el mejor camino a seguir, la mejor manera de poner a esta persona en el espejo retrovisor».

«No creo que lo haga», zanjó, «pero sería lo mejor». En un la misma línea se expresó el también senador republicano Ben Sasse, quien dijo que si se abre un proceso considerará obviamente los artículos que presenten en su contra. «El presidente ha ignorado su juramento del cargo (…) para preservar, proteger y defender la Constitución. Actuó en su contra», apuntó Sasse. Mientras que el senador de Missouri Roy Blunt, advirtió de que Trump debía ser muy «cauteloso» en su última semana y media. Todavía más contundente fue la senadora republicana por Alaska, Lisa Murjowski, que en una entrevista concedida el viernes expresó su deseo de que renuncie. «Lo quiero fuera», dijo, «ya ha causado bastante daño». «Creo que debería irse», añadió, «dijo que no se presentará. No aparecerá en la inauguración. No se ha centrado en lo que está pasando con la COVID-19. O ha estado jugando golf o ha estado dentro del Despacho Oval, echando humo y tirando por debajo del autobús a todas las personas que le han sido leales y fieles, comenzando por el vicepresidente (Mike Pence)».

Precisamente quien sí ha confirmado que acudirá a la ceremonia de Joe Biden es Pence. Asimismo, fuentes cercanas al número dos informaban a la CNN que Pence aún no había descartado la posibilidad de invocar la 25ª enmienda de la Constitución para cesar de sus funciones a Trump, si percibe que el comportamiento del dirigente se vuelve todavía «más inestable». Un duro golpe para el presidente que lleva desde el asalto al Capitolio sin hablar con Pence.

También ayer, otro republicano se unió a los que abiertamente han criticado al mandatario. Blandiendo la espada de Conan, el ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, ha reconocido que Trump «quería dar la vuelta a los resultados de unas elecciones justas. Quería perpetrar un golpe de Estado engañando a la gente con mentiras. Mi padre y mis vecinos también fueron engañados con mentiras», ha afirmado, recordando su pasado en Austria y la noche de los cristales rotos, comparando a los nazis con los trumpistas. Para el ex gobernador, Trump es un «líder fracasado» que pronto será «irrelevante».

Pocos republicanos han sido más duros que el senador por Utah, y candidato a la Casa Blanca en 2012, Mitt Romney. «Lo que pasó aquí fue una insurrección, incitada por el presidente de EE UU» y sus correligionarios y defensores. «Serán recordados por su papel en este vergonzoso episodio de la historia de EE UU. Ese será su legado». Otro republicano, el senador por Illinois Adam Kinzinger, ya ha explicado que apoya «con gran pesar» y «por el bien de nuestra democracia, que se invoque la 25ª Enmienda».

Esto es, que Trump pueda ser apartado del cargo por el propio Gobierno, invocando su falta de estabilidad mental. En cuanto a la hipótesis de que Trump vuelva en 2024, Toomey lo considera altamente improbable: «No creo que sea elegible de ninguna manera», aseveró. «Y no creo que en el futuro vaya a tener una influencia ni remotamente parecida a la que ha ejercido sobre el Partido Republicano». El día anterior, en la cadena Fox, explicó que las acciones de Trump podrían catalogarse como «delitos» susceptibles de ameritar el «impeachment», pero «no sé si logísticamente es realmente posible o práctico y no estoy seguro de que sea deseable intentar expulsarlo, un día o dos o tres antes del día en el que termina su mandato».

En su recorrido por los medios, el senador ha reflexionado sobre el mar de fondo que posibilitó el auge del populismo, y no sólo el de índole trumpista: en EE UU existe otro populismo iliberal, de izquierdas, igualmente corrosivo para las libertades. Respecto a quienes todavía siguen a Trump, asume que resulta crucial entender por qué «75 millones de personas votaron por este hombre cuyos defectos de carácter fueron siempre muy evidentes».

«No son unos estúpidos», añadió, «no son malvados». Claro que sus palabras palidecen frente a las empleadas por alguien como el ex presidente George W. Bush, que siempre contempló con evidente desagrado las tácticas trumpistas y que ha calificado lo sucedido de «espectáculo repugnante y desgarrador». Por no hablar de la cascada de dimisiones en la Administración Trump que se ha sucedido a lo largo de esta semana.

Para que salga adelante algo tan improbable como un «impeachment» los demócratas necesitarán el apoyo de no menos de 17 senadores republicanos. Una apuesta demasiado alta, aunque nadie puede descartarlo. Una de las posibilidades barajadas es votar la activación del «impeachment» en el Congreso y después esperar 100 días para transmitírselo al Senado. Al menos eso le ha explicado el congresista Jim Clyburn, a fin de evitar la erosión del nuevo gobierno en un momento en el que parecen existir preocupaciones más acuciantes como la pandemia.

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