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Cómo saber si tengo nomofobia o adicción al móvil

María Alcaraz

Sentir angustia cuando no tenemos el móvil cerca es síntoma de que dependemos más de él de lo que deberíamos.

A veces el móvil parece la extensión natural de nuestro brazo. Lo tenemos siempre con nosotros, suele ser lo primer que miramos al despertar, y lo último a lo que echamos un vistazo al ir a dormir. Lo tenemos mientras vamos a dar un paseo, ¡lo llevamos al baño!, lo miramos rápidamente mientras trabajamos… está tan presente en nuestro día a día, y lo utilizamos tanto, que tal vez debamos parar un momento a pensar y preguntarnos, ¿somos adictos a los móviles?

«Todos, de alguna forma, somos adictos al móvil. Nos constaría mucho llevar una vida normal si nos lo quitaran; tenemos cierta dependencia», dice la psicóloga Alba Valle, especialista en mindfulness y detox digital. Apunta que una

adicción es algo que llega a generar problemas, psicológicos y emocionales, y que afecta a al plano laboral, al físico, al psicológico… y esto a veces ocurre con el uso de pantallas y móviles.

Recomienda que nos hagamos unas preguntas para ver qué grado de importancia le otorgamos a nuestro móvil en el día a día:

– ¿Cómo me siento si salgo a la calle sin él?

– ¿Y si no hay cobertura?

– ¿Y si me quitaran todas las redes sociales, y únicamente pudiera llamar con mi teléfono?

«Este tipo de preguntas ayudan a ver en qué grado de “adicción” tenemos al móvil», explica Alba Valle, que puntualiza que muchas veces lo que crea la dependencia no es en sí en teléfono. «Lo que nos engancha son las redes sociales, buscar información en Google, los vídeos de Youtube, pasar el rato el Pinterest…», añade. Otra manera de darnos cuenta de la dependencia hacia el móvil es ver qué nos dicen las personas de nuestro alrededor: «Nuestra pareja, nuestros hijos, los amigos, nuestro jefe… puede que no seamos conscientes de lo mucho que utilizamos el teléfono hasta que alguien nos lo señala».

¿Sufro «nomofobia»?

Otro fenómeno que podemos experimentar es la llamada «nomofobia», que podría definirse como el miedo a perdernos algo si nos separamos del móvil. «Cada rato muerto que tenemos cogemos nuestro móvil, y la excusa que nos ponemos es decir: me da agobio no tenerlo, por si pasa algo y no estoy ahí», comenta Alba Valle. Habla de que tenemos miedo a que nuestros amigos hablen de algo y no estar ahí para contestar, o de no mantenernos al día con la actualidad. «La gente entra en Internet, porque creen que van a estar a la última de lo que pasa en el mundo. Lo que pasa es que las redes sociales solo nos enseñan lo que nos interesa a nosotros, y las consumimos con un “piloto automático” sin enterarnos bien de nada», explica Alba Valle.

«Tenemos durante todo el día el foco puesto en un mundo paralelo, con pantallas que nos generan un agotamiento psicológico y fatiga mental»

Ahora mismo, sufrimos de una sobreestimulación de nuestro cerebro. Pasamos el día pegados al ordenador, y además muchas personas lo hacen sin salir de casa. «Tenemos durante todo el día el foco puesto en un mundo paralelo, con pantallas que nos generan un agotamiento psicológico y fatiga mental», apunta la psicóloga, que explica que después nos es complicado «cambiar de nuevo el chip» una vez dejamos de trabajar. Por esto, argumenta que nos cuesta estar más presentes en el día a día, y en las tareas cotidianas. «Trabajamos demasiado con la mente, nos agotamos neuronalmente y después no sabemos conectar con las cosas más terrenales, con leer un libro, o tener una conversación con alguien», dice.

Dentro de esta sobreestimulación, otro problema al que nos enfrentamos es que recibimos demasiada información constante, por lo que «la atención trabaja a golpes». Esto deriva en que nos cuesta más concentrarnos y cuidar nuestro foco en el día a día, algo fundamental para el bienestar psicológico. Otro efecto es que, debido al uso de las redes sociales, tenemos más tendencia a compararnos con los demás y a juzgarnos. «Se generan pensamientos negativos, nos sentimos insatisfechos y terminando navegando por las redes sin tiempo para ello y sin ningún tipo de atención», advierte Alba Valle.

Consejos para depender menos del móvil

Por último, la psicóloga deja consejos y trucos para poder, poco a poco, depender menos de nuestro móvil.

– En primer lugar, aunque indica que «arcaico», invita a recuperar el reloj de muñeca. «Muchas veces cogemos el móvil solo para mirar que hora es, ya vemos notificaciones y perdemos al menos unos minutos», dice.

 Recuperar el despertador analógico, en vez de utilizar el móvil para poner la alarma. «Así, podemos dejar el móvil fuera de la habitación, y va a mejorar nuestra calidad de sueño», asegura la psicóloga.

– Establecer una hora de fin del uso del móvil. «Podemos empezar dejándolo un poco antes, y así regalarnos un rato con nuestra pareja, o con nuestra familia. Es bueno dejar el móvil y emplear el tiempo en actividades más “terrenales”, como darnos una ducha, cenar tranquilamente…», comenta.

 Retrasar el momento de mirar el móvil por la mañana, para evitar, desde el primer momento, estar viviendo en ese «mundo paralelo».

– Tomarse un día, o una tarde de descanso del móvil. «Puede ser el domingo, dejar el móvil y dedicar el día a nosotros mismos y los que nos rodean», explica Alba Valle, y concluye: «Podemos salir a sar un paseo son el móvil. Primero nos va a dar agobio, y después llega la tranquilidad, porque nos damos cuenta de que no pasa nada».

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