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Drones acuáticos desde submarinos nucleares: la nueva arma espía de EEUU

Izan González 

La Marina de Estados Unidos acaba de abrir el concurso para la fabricación de la segunda fase de su programa de desarrollo de un modelo de dron submarino.

Los drones no solo van por el aire. Aunque en España estamos acostumbrados a verlos en el Ejército del Aire, en la Marina de Estados Unidos están trabajando en un proyecto para desarrollar drones submarinos a través del programa Snakehead (Cabeza de serpiente, en inglés), donde ya han invertido cantidades millonarias en la primera fase.

Este tipo de drones irán a bordo de submarinos nucleares y realizarán tareas de todo tipo. Al igual que los drones aéreos, donde encontramos ejemplares usados para el rescate de personas o guardaespaldas de aviones caza, los que van por debajo del agua apoyarán a los submarinos en los aspectos más delicados y peligrosos de la operativa diaria.

Snakehead se encuentra inmerso en la segunda fase del programa mientras busca los mejores candidatos para hacerse con el -también- multimillonario contrato. La primera fase, en pleno desarrollo y con un retraso importante, recoge la construcción de un primer dron submarino con capacidades de inteligencia y vigilancia. Especialmente diseñado para llevar a cabo ensayos y establecerse como la lanzadera perfecta del futuro de los drones submarinos.

El dron submarino

Los UUV (Unmanned Underwater Vehicle o Vehículo submarino no tripulado) ya forman parte de las flotas de ejércitos e instituciones públicas y privadas en muchos países. Además de las tareas de defensa, también se encuadran dentro de diversas líneas de investigación científica en océanos y mares.

Pero Estados Unidos quiere ir algunos pasos más allá. “Snakehead es un UUV multimisión de largo radio, lanzado desde submarinos nucleares, con capacidad para desplegar cargas reconfigurables“, según publica la Marina en un comunicado.

Tras esas palabras técnicas se encuentra el que promete ser el submarino no tripulado con la tecnología de inteligencia más avanzado del mundo y plataforma de base para ir mejorando la tecnología asociada. Los primeros vehículos construidos tendrán como objetivo “apoyar las misiones de preparación de inteligencia del entorno operativo”, según la Navy.

Esto es, y al igual que los drones aéreos de vigilancia, la tarea de recabar información sobre un objetivo o área en particular antes de realizar una misión, para ayudar en la fase de planteamiento de la misión. Una vez terminada la misión, el dron regresará al submarino donde se reabastecerá y esperará al siguiente despliegue.

Los drones diseñados para adquirir información están equipados con todo tipo de sensores que transmiten información en tiempo real a la base de operaciones. En el caso de los drones submarinos, como el que tendrá Estados Unidos, cuentan con sonar de barrido lateral y sensores batimétricos (de profundidad), según recoge The Drive, con el objetivo de crear mapas detallados del lecho marino e identificar potenciales amenazas.

Especialmente importante también es la capacidad furtiva de estos vehículos; que deberán penetrar tras las líneas enemigas sin ser detectados por los submarinos no aliados y regresar sanos y salvos al submarino nodriza. Esta es una de las aplicaciones más importantes que, hasta la llegada de estos UUV, se tenían que llevar a cabo con embarcaciones tripuladas poniendo en riesgo vidas humanas.

Según la propia Marina estadounidense, el gobierno planea adjudicar -para esta segunda fase del programa- un contrato a un solo proveedor para la fabricación de dos prototipos en el año fiscal 2021 (finaliza el 30 de septiembre de 2021) con vistas a seguir con el programa en sucesivas campañas.

El prototipo de la primera fase del programa Snakehead ya se está fabricando y tiene prevista la entrega a la Navy en algún momento de este año 2021. Por el momento, se conoce muy poco acerca de esta primera fase y la información llega con cuentagotas a través de comunicados de empresas auxiliares, pero sin contar nada realmente relevante.

La Marina tenía previsto el despliegue de la primera fase del programa en 2019, pero una serie de retrasos ha obligado a aplazarlo hasta este 2021. La idea del Ejército de Estados Unidos era botar el dron lo antes posible para ponerlo a disposición de sus soldados con el fin de recabar la máxima cantidad de información y trasladarla a las siguientes fases del programa.

Es muy posible que el retraso de esta primera fase afecte de alguna forma al desarrollo de la segunda que se adjudicará en este 2021. Aunque el futuro, según la propia Marina, irá de la mano de la mejora de la tecnología de drones submarinos para operar en campos tan importantes como la guerra electrónica submarina, guerra de minas, contramedidas de minas, guerra antisubmanira y guerra antisuperficie.

La ‘Orca’ de Boeing

El programa Snakehead prevé el diseño de UUV capaces de ser desplegados desde submarinos, pero en la actualidad existen otras líneas de desarrollo -dentro de la Marina- que buscan crear drones submarinos gigantes que puedan atracar en puerto como cualquier otra embarcación.

Boeing, como uno de los contratistas más importantes de la Administración estadounidense, resultó ganador del concurso público para fabricar el Orca. Un submarino autónomo realmente grande (poco más de 1.30 metros de diámetro) del que Boeing debe fabricar cuatro unidades Orca por 43 millones de dólares.

El prototipo presentado por Boeing se basó en el Echo Voyager, un submarino autónomo creado por la compañía años atrás, y en el que parece haber realizado tan solo los cambios necesarios para ajustarse a las especificaciones de la Marina. Oficialmente, las especificaciones de Orca no se conocen, pero el fabricante sí publicó en su día las del Echo Voyager.

Este último tiene una longitud de 15 metros, un desplazamiento de aproximadamente 50 toneladas y bahías disponibles para acarrear cargas útiles. El motor diésel-eléctrico del Echo Voyager alcanza una velocidad de unos 14 kilómetros por hora y el conjunto puede descender a 3.000 metros de profundidad.

Según la propia Boeing, Orca tiene una autonomía de 12.000 kilómetros pudiendo mantenerse operativo durante meses sin mayor participación humana. Además, al ser un vehículo autónomo no depende de una nave tripulada cercana por lo que no es necesario tener ningún submarino ni barco navegando cerca. Se espera que las primeras unidades se desplieguen en 2022.

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