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Eduardo Inda: «Además de un delincuente, eres un desahogado, Pablo Iglesias»

Pablo Iglesias con moño y pendientes - Eduardo Inda: «Además de un delincuente, eres un desahogado, Pablo Iglesias» - actualidad

“Pablo, el moño y los pendientes te quedan monísimos”

Hay que ver el lío que se montó a cuenta del acoso fake a Pablo Iglesias en Asturias y la indiferencia con la que se tratan las agresiones que sufren a diario los dirigentes de VOX, allá donde quiera que vayan y muy especialmente si el lugar al que van está en el País Vasco, Cataluña o Navarra.

¿Cuántas voces se han escuchado protestando por el brutal escrache, con huevos, petardos y bengalas, sufrido por Ignacio Garriga y Rocío de Meer en el barrio barcelonés de El Raval a manos de colectivos indepes, ultraizquierdistas y de otro denominado Putas Libertarias?

¿Cuántos han dicho “¡basta ya!” a la violencia fascistoide que se repite en cada acto de Vox, mismamente, en el que protagonizó Javier Ortega Smith el jueves en Santurce? Sin embargo, el acoso de pitiminí al vicedelincuente movió días de televisión, toneladas de tinta, miles de horas de radio y millones de páginas en Internet.

Lo del moñetudo vicepresidente y su compañera sentimental, Irena Montera, es el episodio de caradurismo más desvergonzado de un sujeto que no conoce la vergüenza, la legalidad, la moral, la verdad, la ética, ni tampoco la estética —. O sea, que fíjense si es desvergonzado este último episodio.

El único vicepresidente con pendientes del mundo occidental jura y perjura que salió pitando de Asturias por el miedo que le había infundido una pintada aparecida en el pavimento de una carretera próxima a su localidad de veraneo con un curioso lema: “Coletas, rata”. Telediarios, periódicos, radios y redes sociales dieron, cómo no, pábulo a su enésima patraña y se pusieron al servicio de la parejita.

Fue gritar el führer morado “¡nene, pupa!” y salir todos en tromba a protestar por el “intolerable acoso” que sufrían Iglesias y Montera y, sobre todo, sus hijos, que con la edad que tienen no creo que se enteren de nada.

Nuevamente, volvió a emplear maquiavélicamente a esos niños a los que lleva a todas partes teniendo a tres personas de servicio en casa, salus incluida. La tan vieja como innoble táctica de tantos y tantos corruptos de usar a sus vástagos para desviar la atención y dar pena.

 

En este caso, los de un agosto protagonizado por las ilegalidades destapadas por José Manuel Calvente que derivaron en la imputación de Podemos como persona jurídica; la de la mano derecha de Iglesias, el impresentable Juanma del Olmo, la de la gerente, Rocío Val, y la del Bárcenas morado, Daniel de Frutos. Este último es el personaje que casualmente acompañó a los duques de Galapagar a escriturar el casoplón de 1,2 millones comprado por 670.000 euros. La cortina de humo funcionó unas horas porque esta castuza controla el 80% de los medios de comunicación de este país. Pero pronto se vio que la mentira era paticortísima.

El vicejeta obviaba varias cosas. Primero que una pintada no puede ser motivo de preocupación real para un dúo nada dinámico que va acompañado, donde quiera que se desplace, de 15 guardaespaldas armados. Todo ello sin contar las dotaciones de la Guardia Civil que ahuyentan a los curiosos de sus residencias, ya sea Galapagar en invierno o Asturias en verano. Las posibilidades de que perturben su intimidad o su integridad son las mismas que hay de que se hiele el infierno: entre cero y ninguna. Segunda cuestión: el “¡Coletas, rata!” estaba inscrito a más de media hora andando de su dacha en Felgueras, no a las puertas de su residencia asturiana. Hasta ahí, el terreno de lo incontestable y lo incontrovertible. Hay quien asegura, desconozco si es verdad o no, que la pintada es vieja y se retocó con photoshop para actualizarla.

Este caradura del “¡nene, pupa!” es el que en 2013 escribió una frase premonitoria:

  • —Los que no dudaban en usar la fuerza pública para apalear ciudadanos ahora lloriquean por los escraches—.

Y otra que viene que ni pintada, y nunca mejor dicho, en estos momentos:

  • —Los escraches son un mecanismo democrático para que los responsables de la crisis sientan una mínima parte de sus consecuencias—.

Sin olvidar la ya archifamosa del jarabe democrático de los de abajo a los de arriba.

Sea como fuere, acoso y/o agresiones acongojantes son los que sufre a diario Vox, lo que padeció una solitaria Cifuentes en su célebre caminata por el centro de Madrid entre insultos y escupitajos de piojosos perroflautas, lo que padecieron los padres de Albert Rivera en su tienda de La Barceloneta o lo que hizo este individuo en la chavista Facultad de Políticas de Somosaguas con Rosa Díez o Josep Piqué, a los que echaron violentamente. Conviene recordar que a Rajoy un podemita gallego le propinó un croché en el rostro en la campaña de las generales de 2015.

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