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Eduardo Serra: “Unidas Podemos tiene que salir del Gobierno si España quiere sobrevivir como país”

En 2009 la Fundación Everis preguntó a un grupo de 100 empresarios qué creían que había que hacer para superar la crisis. “Nos respondieron”, recuerda su presidente Eduardo Serra, “con una serie de transformaciones”, y la palabra les pareció tan acertada que bautizaron así el informe en el que las resumían: Transforma España. A don Juan Carlos le gustó la iniciativa y recibió en la Zarzuela a sus promotores, algo que “no gustó a [José Luis Rodríguez] Zapatero, lo que nos vino muy bien, porque los medios de un lado nos llamaban para echárselo en cara, que no fue nunca nuestra intención, y los del otro para atacarnos”.

Luego llegaría a la Moncloa Mariano Rajoy y “como a él ya no le molestó, dejaron de llamarnos y no fuimos tan famosos, pero el patronato decidió dar continuidad al informe constituyendo una nueva entidad: la Fundación Transforma“. Su propósito es simple: ayudar desde la sociedad civil a armar un plan de país. “Siempre que España ha tenido un proyecto, nos ha ido bien a todos. En su día fue Europa. Todos hablan muy bien de la Transición y estuvo fantástica, pero el anhelo que la inspiró fue integrarnos en Europa, dejar de ser la anomalía del continente”.

Transforma presentó en noviembre sus propuestas de modernización en el auditorio Rafael del Pino de Madrid. Fueron luego a Zaragoza y había programadas otras plazas, pero el covid frustró la gira. Hubo que reconvertir la iniciativa y abrieron un foro en internet, una mesa virtual a la que invitaron a todo el que quisiera a sentarse y formular sus sugerencias. “Llevábamos muchos, muchísimos años,” se lee en la web, “avanzando con algún tropiezo, pero sin caernos. Ahora nos hemos caído. Y nos hemos hecho mucho daño donde más nos duele: en la salud, en la familia, en los amigos, en el empleo, en el bienestar. Es tiempo de levantarse, de hacerlo lo antes posible y de proseguir la marcha”.

“Queremos aglutinar a los españoles en torno a un objetivo: que el país sea mejor“, dice Serra. “Nuestras compañías se han dedicado a dar resultados y lo han hecho muy bien. Es difícil encontrar un sector en el que no haya una empresa española entre las cinco primeras. Pero ese esfuerzo les ha impedido ocuparse mucho del interés general”.

En teoría, de eso deberían ocuparse los políticos, “pero, con alguna excepción, no lo hacen”. Los nuevos líderes buscan puntos de desencuentro y disensos. “Se fijan en lo que nos separa y nos enfrenta, discuten sin descanso y desbaratan cualquier posible solución”. El resultado a la vista está. “China ya está creciendo este año, Estados Unidos y Alemania lo harán a principios del que viene y nosotros nos hemos quedado como los tontos de la clase. Como pronto, hasta 2023 no volveremos al nivel de 2019”.

 A pesar de todo, cuatro años suponen un progreso. Tardamos una década en recuperarnos de la crisis anterior.
Pero la caída del PIB ha sido más profunda. En 2008 fue del 3,6% y ahora se baraja una contracción del 11,2%. Es verdad que la UE ha reaccionado mejor, pero una vez más España no ha estado a la altura.
¿En qué?
Alemania se ha volcado con sus empresas. Aquí le estamos dando medios a los trabajadores para que se mantengan hasta enero o cuando sea, y está muy bien, pero si entre tanto la compañía que los contrata desaparece, ¿de qué van a vivir en el futuro? Ayudar a las empresas es el mejor modo de que no se pierda empleo.
¿Y por qué no se ha hecho? ¿Porque nuestras cuentas públicas no estaban tan saneadas como debieran?
No lo creo. El problema es que una parte de nuestra clase política recela del empresario. En el resto de la UE, en Alemania, en Francia, en Suecia, en Dinamarca se fían de él. Saben que es el mejor modo de garantizar la riqueza. Pero aquí miran con sospecha a la empresa privada. No es una suposición mía. Lo dice abiertamente el vicepresidente segundo del Gobierno [Pablo Iglesias].
Esas interferencias ideológicas están complicando la recuperación.
Esta crisis empezó siendo sanitaria, se convirtió luego en económica y social y ahora ha mutado en política.
No cree que sea el momento de cuestionar la monarquía.
La monarquía es el mascarón de proa. Lo que se cuestiona es la nave entera, la Constitución. Tenemos un Gobierno que es una coalición contra natura. El PSOE ha sido siempre un partido sistémico y constitucionalista, una pieza clave del entramado institucional, y sus socios actuales se definen por todo lo contrario. Van contra el rey, contra la unidad de España, contra Europa, contra el mercado. Y eso nos está pasando factura.
¿En qué sentido?
La palabra clave es estabilidad. Si queremos volver a crecer con fuerza, hay que captar inversión, pero ¿quién va a jugarse su dinero en un país donde hay constantes discusiones por el modelo de Estado, por la organización territorial, por todo?
Esa crispación se da en muchos otros lados.
Yo no veo tanta en Francia, en Alemania o en Holanda, ni siquiera en Italia. La crispación no es un fenómeno exclusivo nuestro, tiene usted razón, pero tampoco es general… Mire, en el mundo hay 197 países y únicamente cuatro han quintuplicado su renta per cápita en los últimos 60 años. Uno de ellos es España. ¿Por qué? Porque hemos gozado de estabilidad. ¿Y qué persiguen los socios de Pedro Sánchez? Empobrecernos, porque es más fácil dominar a una nación subsidiada que a una próspera. Su modelo es Venezuela, y no lo ocultan. Cualquiera puede encontrar en YouTube un vídeo en el que [Pablo] Iglesias manifiesta que le da envidia que España no sea como Venezuela y que es un ejemplo de democracia. Ahí está retratado. Dice con sinceridad lo que quiere, que está en las antípodas de lo que quiere la mayoría de los españoles.
Hay dos almas en el Gobierno, la socialdemócrata y la bolivariana, y en teoría Pedro Sánchez actúa como valladar frente a la segunda.
Es difícil contener a alguien de quien dependes para subsistir. Yo quiero creer que Sánchez es socialdemócrata y no pretende instaurar una república bolivariana, pero la incógnita está ahí y debe despejarla cuanto antes. Ha formado una unión contra natura que no puede prolongarse más. Si se disolviera, lo tendríamos más fácil, tanto aquí como en Europa. Unidas Podemos es una rémora y que salga del consejo de ministros no es una posibilidad, es una necesidad. Si queremos sobrevivir como país, hace falta un Gobierno de distinta textura.
¿Qué opina de las medidas económicas que se van conociendo?
Ponen de manifiesto una vez más esa esquizofrenia. Una parte quiere la derogación total de la reforma laboral y la otra no. Una quiere subir impuestos y la otra no… El caso es que de momento ni se ha derogado la reforma laboral ni se han subido los impuestos. Yo me imagino que, cuando la Unión Europea dicte sus condiciones, uno de los dos bandos quedará inevitablemente desautorizado y deberá abandonar el poder, aunque no tengo nada claro que Podemos vaya a hacerlo, porque está muy a gusto dentro.
¿Cuál es el programa que ustedes proponen desde la Fundación?
No abogamos por una revolución, que es lo que menos falta le hace a España, pero sí por reformas concretas. La justicia, por ejemplo. No se puede considerar justo un proceso que tarda hasta 10 años en sustanciarse. Eso impacta en la economía, hay inversión que no viene por la demora de los tribunales y podría resolverse con otras instituciones, como la mediación o el arbitraje. Otra área esencial es la educación. La prosperidad, que en otras épocas venía determinada por la extensión geográfica, por la población, por las materias primas, depende hoy del talento, y este consiste en biología más educación. Tenemos que mejorar la que reciben nuestros hijos si queremos que compitan en igualdad de condiciones con los italianos, los franceses, los coreanos… Y qué decir de las pensiones: estamos gastando el dinero de las siguientes generaciones. Esto no se quiere decir porque suena mal, pero para tener éxito hay que empezar por decir la verdad y llamar a las cosas por su nombre.
Ahora no importan tanto los hechos como el relato…
Es una manera distinta de llamar a la mentira. Vivimos en el reinado de la mentira.
Usted siempre habla bien de España, pero ¿no se siente un poco decepcionado? ¿No le parece un escándalo que durante la cuarentena hubiera pruebas PCR para los futbolistas, pero no para los médicos y los enfermeros? Yo creía que vivía en un sitio civilizado.
Es normal sentirse defraudado, pero hay que huir del pesimismo. Sufrimos una enfermedad, no estamos agonizando. La nación es la misma que hace cinco o 10 años, España sigue siendo un país estupendo. Lo que pasa es que sus riendas las ha cogido una gente que es a mi juicio peor de lo que nos merecemos.
¿Va a cambiarlo todo el coronavirus?
Las cosas volverán a una cierta normalidad, pero no será la de antes. En un aspecto básico como el tecnológico hemos hecho en cinco meses más que en cinco años. El teletrabajo, el comercio electrónico, la educación a distancia, todo eso ha venido para quedarse. ¿Pero afectará radicalmente a nuestras costumbres? No lo creo. Somos seres sociales, echamos de menos el contacto con los demás y eso lo vamos a recuperar tan pronto como nos lo permitan.
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