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El alma bipolar de Iglesias parte en dos al Ejecutivo

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Amador G. Ayora

Sánchez vende la piel del oso antes de cazarlo. Los ministros de su Gabinete hicieron un paseíllo para recibirle en Moncloa cuando logró que la UE diera a España 140.000 millones del fondo de recuperación y resiliencia, la mitad a fondo perdido. Pero lo que no dijo es que Bruselas puso dos condiciones, que la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, explica con todo detalle: la presentación en otoño del plan nacional de reformas, de acuerdo con los requisitos que pide la Comisión Europea, y un amplio acuerdo presupuestario que las respalde.

Tanto las reformas como los Presupuestos son una fuente de conflictos con sus socios de Unidas Podemos, como se vio esta semana. La ministra de Igualdad, Irene Montero, criticó que haya “una parte del Gobierno que mira a la derecha”, tras la reunión de la vicepresidenta Carmen Calvo con los responsables de Ciudadanos. Y el presidente señaló, al hacer balance del ejercicio antes de marcharse de vacaciones, que “es imperativo aprobar los Presupuestos”. Con Cataluña al borde de una convocatoria electoral es imposible obtener el apoyo de ERC. La única salida es que Podemos comparta cama con Cs, que se ha vuelto imprescindible para las Cuentas del Estado.

La primera renuncia está en la reforma fiscal, que quedaría aplazada dos años. Es la baza de Sánchez para convencer a la derecha, que el alza de impuestos se posponga a 2023. Con el país al borde de un segundo confinamiento y el PIB en caída libre, un incremento de los tributos frenaría en seco el consumo, imprescindible en estos momentos para reanimar la actividad, y hundiría aún más la recaudación en Sociedades. Sería una decisión acertada. Pero no se hagan ilusiones, Sánchez no lo hace por la economía, si no por atraerse a Arrimadas y lograr la abstención de Casado.

La geometría total de Redondo

En el Palacio de la Moncloa lo explican gráficamente. El estratega Iván Redondo, aficionado al juego de la guerra, ha pasado de la geometría variable (la flexibilidad de contar a cada uno lo que quiere oír, con la que se ganó el apoyo de ERC o PNV ) a la geometría total (el visto bueno de los partidos políticos en las antípodas ideológicas, como puede ser el PP).

Para lograr sus objetivos, invoca la responsabilidad de las formaciones políticas para arrimar el hombro en un momento en que se juntan el peor derrumbe económico desde la Guerra Civil, a causa del coronavirus, con una crisis institucional, tras la marcha del Rey Juan Carlos I al exilio voluntario.

Es el más difícil todavía, con Carmen Calvo a leche limpia con Irene Montero o con Pablo Echenique a causa del Emérito y del acercamiento a Ciudadanos. La geometría total se abre camino. La ministra de Igualdad considera que la cita del lunes con Ciudadanos era “solo con el PSOE” y no con el Gobierno. Iglesias tacha de “indigna” la huida de Don Juan Carlos, mientras emprende una ofensiva para que comparezca en el Congreso y acusa a su propio Gobierno de “mirar para otro lado” y de “no velar por la ejemplaridad y la limpieza institucional”.

El presidente defiende la Monarquía Constitucional ante los ciudadanos y ante su partido, como no debería ser de otra manera, mientras Calvo responde que “el Rey no huye de nada, porque no está inmerso en ninguna causa judicial”, después de que el Tribunal Supremo lo constatara.

Es el juego de florete entre Calvo y Echenique, digno de una novela de Alejandro Dumas. Pero ¿se saldará sin heridas dentro de la alianza entre socialistas y comunistas? Sánchez e Iglesias, en sus almuerzos de los jueves, parecen haber pactado que una cosa es el Gobierno y otra sus respectivas fuerzas políticas. El presidente lo explicó en el Consejo de Ministros del martes, el Ejecutivo es uno y actúa con una sola voz, mientras que los dos partidos políticos de la coalición pueden expresar sus puntos de vista divergentes.

Las cesiones de Iglesias

La estrategia fue ya ensayada con éxito con el impuesto a las grandes fortunas, defendido con denuedo por Podemos, pero rehusado por Sánchez y sus ministros. La cuestión es trepidante, ¿estará Iglesias dispuesto a tragarse una reforma de las pensiones, como la que tiene que presentar Calviño para lograr los fondos europeos, a cambio de la estabilidad del Gobierno? Si nos creemos la estrategia seguida en los últimos días, así sería, aunque desde la formación morada luego se cargue contra la iniciativa.

Iglesias tiene un alma bipolar. Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. Por un lado, carga contra los ricos, como Amancio Ortega, a los que acusa de pagar insuficientes tributos, mientras que por el otro crea una caja B dentro de su partido para agasajar a sus fieles, eludiendo al fisco, según las acusaciones del excoordinador legal de Podemos, José Manuel Calvente.

Por una parte se erige en paladín de libertades, como la de expresión, pero luego carga sin misericordia contra los periodistas críticos con sus actos o acepta sin rubor de manos del presidente editor de Zeta, Antonio Asensio, la tarjeta de su excompañera sentimental Dina Bousselham, para esconder los secretos de su relación.Y qué mejor manera de tapar sus contradicciones que redoblando los ataques a la Monarquía o culpando de todo a las cloacas del Estado.

La salida precipitada de Don Juan Carlos el domingo 2 de agosto hacia un destino desconocido dejó descolocado a Iglesias. Muerto el perro, se acabó la rabia, debió de pensar. Ya no podrá seguir zahiriendo con sus críticas con la misma virulencia al antiguo monarca, una vez fuera del país. Sánchez, además, lo dejó en la estacada, al no informarle de los pactos con la Casa Real. El Rey Felipe VI quería zanjar el asunto antes de marcharse de vacaciones a Marivent y aprovechó el período en que las Cortes se quedan sin actividad parlamentaria y la población se dispersa por el verano.

Don Juan Carlos aceptó marcharse, después de obtener el compromiso del presidente del Gobierno del mantenimiento de los honores de Rey Emérito, así como sus derechos, como el aforamiento o la inviolabilidad, intactos. Esto le permitirá volver, cuando el Tribunal Supremo rechace imputarle y dé carpetazo a la causa y después de saldar las cuentas con la Hacienda.

La rápida reacción del Felipe VI, bien asesorado por el jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín, al renunciar a la herencia envenenada de su padre y permitir su marcha, garantiza la continuidad de la Monarquía, aunque durante un tiempo siga bajo el pim-pam-pum de los de Podemos.

Las cosas internamente se están complicando por culpa de los rebrotes y el miedo a una segunda oleada, que dejaría al país literalmente en bancarrota. Calviño lanzó un mensaje de SOS al fondo europeo para financiar el desempleo (Sure), en busca de un salvavidas de 20.000 millones que permita sufragar los Ertes, así como el agujero de la Seguridad Social, hasta finales de año.

El rescate de la economía que anunciamos para el otoño ya está aquí. España remonta la crisis con más dificultades que el resto de Europa, el turismo no despegala Seguridad Social se desangra y puede quedar en el aire la paga extra de las pensiones.

Llamada a rebato de Sánchez

Sánchez aprovecha la ocasión para llamar a rebato: Todo el que no esté conmigo, está contra las instituciones y contra España. Una suma que necesita, además, ante la fragilidad de su alianza con Podemos y la atenta mirada de los calvinistas bruselenses, siempre dispuestos a dar largas a las ayudas, en cuanto olfateen problemas de estabilidad.

En estas circunstancias, no resulta extraño que Sánchez esté dispuesto a renunciar a la subida de impuestos y apele a la unión de todas las fuerzas políticas para afrontar el tsunami que puede llevárselo por delante en los próximos meses.

PD.- El conflicto de Nissan ve la luz al final del túnel. El acuerdo alcanzado esta semana con los trabajadores es positivo, por las elevadas indemnizaciones que percibirán, pero, sobre todo, porque prolonga el cierre casi año y medio. Un plazo fundamental para encontrar una alternativa. Como adelantó elEconomista, existen cuatro proyectos industriales encima de la mesa constituida por Foment del Treball, que debería permitir la recolocación de los trabajadores y la continuidad de la actividad en Zona Franca. No es así en la fábrica de Alcoa en Lugo, donde el panorama es mucho más negro, pese a que Sánchez anunció por fin la llegada del estatuto electrointensivo, que debería bajar el coste de las electricidad para la gran industria, un elemento imprescindible para su supervivencia.

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