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El doctor José María Martín-Moreno: «Ha habido relajación, pero inducida por mensajes triunfalistas del Gobierno»

El doctor José María Martín-Moreno es uno de los expertos que pide una evaluación independiente de la pandemia/Foto: KIKE TABERNER /La Razón

El catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia cree que es fundamental analizar de forma constructiva lo que se ha hecho mal en la epidemia para poder salir de esta situación y estar mejor preparados

-Usted forma parte del grupo de 20 expertos que ha demandado en «The Lancet» una evaluación independiente de la gestión de la pandemia. ¿Qué les llevó a ello?

–Hay cosas que se han hecho bien, pero es objetivo que la Covid-19 ha golpeado fuertemente a España, claramente más que a otros países que a priori se consideraban menos preparados. Seguimos teniendo niveles alarmantes de mortalidad, incidencia acumulada, afectación de profesionales de la salud y un terrible impacto en las residencias.Estamos convencidos que es imprescindible llevar a cabo una evaluación independiente, no sesgada, para identificar lo que se hizo bien y, sobre todo, lo que se ha hecho mal, los riesgos consiguientes y las oportunidades de mejora. El objetivo debe ser constructivo, para salir de esta situación y también para estar mejor preparados para el momento en que surja un nuevo escenario de estas características.

–¿Cómo es posible que España sea el séptimo país del mundo con más casos y figure a la cabeza en la mortalidad por millón de habitantes con las cifras del Carlos III o del INE?

–Todo el mundo puede aventurar hipótesis, pero solo una evaluación independiente y rigurosa dará repuesta a esas preguntas que tanto nos desasosiegan.

–¿De quién es la responsabilidad? ¿Del Gobierno, de las autonomías o de ambos?

–Todos tenemos una parte de responsabilidad, y cada persona puede preguntarse qué podría hacer por contribuir a mejorar la situación. Pero, indudablemente, los gobiernos son los que tienen una mayor responsabilidad. Los dirigentes políticos no sólo están para disfrutar de privilegios y llevar a cabo actos rituales, sino para responder a los retos de la sociedad a la que representan. Los cargos van inherentemente con las cargas. Por supuesto que las autonomías tienen su dosis de responsabilidad, pero dado que una pandemia no conoce fronteras, en nuestro ámbito no cabe duda que el Gobierno de la nación tiene la máxima responsabilidad, para bien y para mal.

–¿Qué le van a pedir al ministro de Sanidad en la reunión que mantendrán este jueves?

–El equipo de 20 colegas compartimos la idea de la imperiosa necesidad de evaluación independiente de la respuesta ante el Covid-19 por parte de un panel de expertos nacionales e internacionales seleccionados de la mejor manera posible. En ningún momento pedimos o ni siquiera insinuamos que seamos nosotros. Es importante hacerle ver que el objetivo es constructivo: contribuir a preparar al país para lo que tenemos que afrontar tanto a corto plazo como para las nuevas oleadas de Covid-19 o futuras pandemias. Por el momento, mostraremos alternativas de organización de la evaluación según diferentes modelos, como la propuesta por la OMS, el examen parlamentario de todos los partidos propuesto en el Reino Unido, o la que se hizo en el estado de Victoria, Australia.Y además, la evaluación debería incluir el examen de las actividades del Gobierno central (y, complementariamente, de los gobiernos de las comunidades) de los sistemas de salud y asistencia social.

–¿Cómo es posible España carezca de un comité de expertos y no apoye las decisiones en base a ese comité?

–Es una buena pregunta para la que yo no tengo respuesta.

–¿Se hacen suficientes test en nuestro país?

–Lo cierto es que ahora el número de pruebas por habitante es similar al de Alemania, Canadá o los países escandinavos y, sin embargo, España se sitúa a la cola mundial en los indicadores que miden la capacidad para diagnosticar y dar seguimiento a los nuevos casos. Prácticamente el 12% de los test que se han realizado en España han dado positivo en Covid-19, y se sabe que por encima del 5%, según la OMS, significa que no estás llevando a cabo suficientes test, lo que sugiere que se hacen más porque hay más contagios, y no al revés.

–¿Ha habido suficientes rastreadores este verano?

–No cabe duda de que todas las evidencias muestran que España ha fracasado no sólo en la detección, sino sobre todo en la trazabilidad o rastreo de contactos. Se sabe que terminamos la desescalada sin tener los rastreadores necesarios, ni herramientas legales que se supieran manejar para llevar a cabo confinamientos locales. Hemos venido trabajando con un rastreador por cada 12.000 habitantes, cuando el estándar básico es uno por cada 5.500 habitantes y Alemania ha venido trabajando con uno por cada 4.000 habitantes, tres veces más de los que tiene España.

–¿Ha habido relajación por parte de los ciudadanos o han influido en los contagios los equívocos mensajes de Salud Pública animando a disfrutar de la nueva normalidad?

–El «New York Times» ya subrayaba que entre los grandes errores de España destacaban la desescalada demasiado rápida, la vida nocturna y las actividades en grupo… pero también algo más: El Gobierno estableció inicialmente el estado de alarma, con confinamiento disciplinado y una agenda clara. Pero con el levantamiento del estado de alarma se devolvieron las competencias a los gobiernos autonómicos siguiendo un enfoque desarticulado y confuso. Por su lado, el «Wall Street Journal» llegó a afirmar que España es el mejor ejemplo de país que fue pillado con la guardia baja en el resurgir del virus. Y es que es cierto que hubo relajación del comercio turístico, ocio nocturno y aglomeraciones de riesgo, pero no menos cierto que inducida por mensajes triunfalistas gubernamentales del tipo de «hemos derrotado el virus», o incluso «salimos más fuertes» y similares. Y junto a ello se animaba a la población a vivir una «nueva normalidad», en lugar de explicar que el virus no estaba derrotado, que de normalidad, nada, y que estábamos en mera transición hacia la nueva normalidad. El caso es que cada cual entendió como quiso o pudo, y en la dirección de salir en estampida tras las angustias pasadas. Esta apreciación ha sido más intensa entre los jóvenes cuya percepción del riesgo evidentemente es mucho menor que la de mayor edad y los grupos de riesgo.

–¿Cómo valora el papel del Ministerio en esta crisis?

–Independientemente del liderazgo o falta de liderazgo de las personas del vigente equipo, creo que el Ministerio de Sanidad adolece de una enorme fragilidad, está empobrecido de funciones, y tiene mínimos recursos para afrontar no ya otros retos, sino sus competencias básicas.

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