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El golpista Sánchez

Con este Gobierno socialcomunista, socio de los cachorros de la ETA y uncido al golpismo catalán, ¿qué seguridad tienen los ciudadanos de que, sin Rey ni Justicia, en España puede sobrevivir la democracia?

Salvo Inés Arrimadas, que no se atreve a asomarse a la ventana por miedo a ver algo, cualquiera que observe lo que está pasando en España llegará a la conclusión de que el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha hecho suyo el golpe de Estado de la Generalidad de Cataluña en 2017, y piensa culminarlo con la amnistía para los que entonces tropezaron con la Justicia, aún no ajusticiada por Dolores Delgado, y con un referéndum que dirán no vinculante pero lo será, para desatar los lazos seculares de España. Es tan descarado el plan de Sánchez para eternizarse en el poder, mientras el Estado se parte y la nación entra en trance epiléptico, que su socio el comunista Iglesias, amenazó anteayer a Pablo Casado en las Cortes: «¡Nunca volverán a sentarse en el Consejo de Ministros!». Ojo al plural. Lo que dice es que morirá el PP o morirá la democracia, para no desmentirlo.

No fue sólo el alarde de un déspota que fantasea con ponerle una checa a su señora, sino algo peor: la constancia de la vuelta de la izquierda al guerracivilismo del PSOE del 36 y el FRAP del 73, para hacer imposible la alternancia pacífica y democrática en el Poder. Es el verdadero programa de este Gobierno presidido por un socialista, pero cuyo propósito es tan comunista y totalitario como el de Largo Caballero, el Lenin español, que impuso contra Besteiro la bolchevización del PSOE en 1933, metió a los comunistas en su Gobierno en 1936 y fue despedido por Stalin en 1937.

Era inevitable recordar viendo la cara de odio de Pablenin que la última vez que un comunista dijo algo similar a un líder de la oposición fue esto a Calvo Sotelo: «Usted morirá con los zapatos puestos». Poco después, miembros de cuerpos de Seguridad del Estado y de la escolta del socialista Prieto lo sacaban de su casa con un permiso judicial de un tal Moles, le pegaban dos tiros en la nuca y dejaban su cadáver a la puerta del Cementerio del Este. Efectivamente, con los zapatos puestos.

Así empezó la Guerra Civil, de cuyo final avisó Besteiro en el libro de Gabriel Mario de Coca: Largo -decía- busca la Guerra Civil, que es el peor delito moral contra la nación; y, además, ¿qué seguridad tiene de ganarla? Con este Gobierno socialcomunista, socio de los cachorros de la ETA y uncido al golpismo catalán, ¿qué seguridad tienen los ciudadanos de que, sin Rey ni Justicia, en España puede sobrevivir la democracia?

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