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El Govern desprecia a los Mossos y calla ante los graves disturbios

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Jesús HierroABC

Barcelona vive la sexta noche de algaradas, con la complacencia del independentismo

Ya no es solo que el Govern de ERC y Junts guarde un silencio cómplice ante las algaradas para complacer a la CUP y facilitar las negociaciones postelectorales con los antisistema; es que cuando habla, lo hace para dejar a los Mossos d’Esquadra, su policía, al pie de los caballos. La crispación generada en el Cuerpo era tal que, por primera vez, los sindicatos policiales se pusieron de acuerdo para reclamar una reunión de urgencia con el consejero de Interior, Miquel Sàmper. Se celebró ayer, y los representantes de los agentes le mostraron su «malestar» con la Generalitat por usarles de «moneda de cambio» en las negociaciones.

Ni una palabra de condena por los disturbios de Pere Aragonès, el vicepresidente de la Generalitat en funciones de presidente, que aspira a tener la batuta del gobierno catalán en la próxima legislatura. Muy al contrario, ERC, su partido, emitió el sábado un comunicado en el que reivindicaba que «el derecho da la manifestación se ha de garantizar siempre y que la policía ha de actuar con proporcionalidad». Nada decían los republicanos de las piedras lanzadas contra los agentes, ni de los establecimientos comerciales saqueados, ni de los contenedores en llamas. Tampoco Junts, formación a la que pertenece el consejero de Interior, tuvo gesto alguno de consideración con los Mossos. Todo lo contrario. El vicepresidente del Parlamento catalán Josep Costa incluso sugirió que el «Estado» mantiene el control de la Policía autonómica, y que «quien más quien menos echa de menos a los mossos del 17-A y del 1-O». ¿Y la CUP? La formación anticapitalista no solo alimenta los disturbios, sino que Arran, su organización juvenil vinculada, es quien organiza las marchas que derivan en noches de algaradas. «Quien no defienda a los Mossos está inhabilitado para gobernar», espetó ayer a los independentistas Salvador Illa, que no renuncia a formar gobierno pese al poco margen de maniobra del PSC para llegar acuerdos con otras formaciones.

Este es el escenario político que indigna a los Mossos, y, en esencia, lo que sus sindicatos trasladaron al consejero. Le recalcaron que la Generalitat ha de «condenar la violencia venga de donde venga» y hacer una «defensa ex-plícita» del Cuerpo. Y ven «inaceptable» hablar del modelo de orden público en plena semana de disturbios. «Justo cuando más trabajamos para preservar la seguridad pública y sufrimos el ataque diario de los violentos», lamentan. Lo habían hecho Junts, ERC y la CUP, tras perder un ojo una manifestante, pero también el propio consejero de Interior. Sàmper les pidió perdón por si algunas de sus manifestaciones se habían malinterpretado. Los sindicatos dicen que si hay una mala actuación habrá de investigarse, pero ven una «aberración» que se les acuse «a las primeras de cambio», como en la pérdida de ojo de la joven. La investigación debe aclarar si la causó un proyectil policial.

Los representantes de los agentes, que antes de la reunión habián llegado a decir que no podrían garantizar la «paz social» en el Cuerpo, están a la expectativa de ver cómo responde la Generalitat ante las actuaciones policiales de los próximos días. De momento ayer, tras la reunión, el consejero fue más contundente que los días anteriores con la «extrema violencia» de los radicales el domingo.

Fuentes sindicales, sin embargo, le reprochan la tardanza para condenar los hechos. Es muy fácil -dicen- decirlo ahora, tras cinco días de algaradas, cuando el perfil de los detenidos ha ido cambiando: si los de los primeros días tenían un marcado perfil ideológico -agresiones los Mo-ssos, ataques a bancos y grandes establecimientos, barricadas y pintadas antisistema-, los arrestados el pasado sábado fueron en buena parte por saquear los comercios. Muchos de los implicadostienen antecedentes. El pillaje es condenable, recuerdan estas fuentes, pero también lo es apedrear a un policía o incendiar barricadas.

La concentración de ayer en Barcelona fue mucho menos numerosa que la del sábado, de 7.000 a 700 manifestantes, apróximadamente. Pero no estuvo exenta de incidentes, como auguraba la pancarta que la encabezaba: «Nos habéis enseñado que ser pacíficos es inútil». Se concentraron, esta vez, ante la estación de Sants, pero al grito de «las calles serán siempre nuestras» recorrieron la ciudad hasta la Via Laietana, adonde el sábado los Mossos no le dejaron llegar. Allí, un grupo apedreó las instalaciones de la Jefatura Superior de Policía.

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