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El misterio del Long Lines Building: la historia del rascacielos sin ventanas de Nueva York

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Parece el Ministerio de la Verdad de Orwell. En el corazón de la ciudad que nunca duerme se levanta un terrorífico centro de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional

Nueva York y sus vistas han acompañado durante mucho tiempo al imaginario colectivo, gracias a las películas filmadas en la ciudad que nunca duerme. Desde el Empire State Building al One World Trade Center, pasando por las desaparecidas Torres Gemelas, todo el mundo parece tener un mapa grabado en la cabeza donde puede recorrer la Gran Manzana y observar sus calles, incluso si no ha estado nunca ahí. Sin embargo, de entre todos estos majestuosos gigantes que rigen la ciudad, hay uno especialmente misterioso para el viajero o el autóctono.

Se le conoce como ‘Long Lines Building’ (LLB) y está ubicado en el 33 Thomas Street. Probablemente, lo que más llama la atención del mismo es su arquitectura brutalista de hormigón, tan diferente a la de cualquier otro rascacielos de la ciudad: el Long Lines Building es una suerte de búnker sin ventanas en pleno corazón de la ciudad más famosa del mundo. Algo así como una fortaleza de esas de las que parece imposible escapar una vez entras.

Lo llamaron ‘Proyecto X’, inspirado en el brutalismo de Le Corbusier y fue ideado para soportar cualquier ataque nuclear contra la ciudad

Mide 169 metros de altura, tiene 29 plantas y está preparado para el autoabastecimiento energético. Lo llamaron ‘Proyecto X’ y fue diseñado en 1969 por John Carl Warnecke, arquitecto de San Francisco cercano a Kennedy (de hecho, diseñó su mausoleo), e inspirado en el brutalismo de Le Corbusier. Se terminó en 1974, y la idea del autoabastecimiento energético es fundamental, pues fue ideado para soportar cualquier ataque nuclear contra la ciudad: su estructura permite proveer suficiente comida, agua y combustible para 1.500 personas durante dos semanas.

El término brutalista proviene del término francés ‘béton brut’ que se traduce como hormigón crudo, lo cual hace referencia a su materialidad más que a su imagen, ya que expresa el material estructural en el exterior del edificio”, cuenta el arquitecto Iván Samaniego, del estudio de arquitectura INTENSO Madrid, a El Confidencial. “En muchas ocasiones los edificios brutalistas se tornan en iconos, por su función (albergan casi siempre usos públicos) y por su imagen. El Long Lines Building me recuerda personalmente a los dibujos de Hugh Ferriss para la envolvente teórica de la Ley de Zonificación de 1916 de New York. En la cual se establecían unos parámetros volumétricos muy interesantes para la construcción de edificios”.

Un edificio digno de ‘Metrópolis’

Además, no es el único edificio sin ventanas del mundo. “Los primeros que me vienen a la mente son la Beinecke rare book and manuscript library de la Universidad de Yale de Gordon Bunshaft, el Buffalo City Court Building (sí que tiene ventanas verticales), o el Georgia Archives Building en Atlanta (recientemente demolido)”, explica el arquitecto. “En España, un ejemplo de arquitectura brutalista que da la percepción que no tiene ventanas, es la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas en Madrid del arquitecto Cecilio Sánchez-Robles Tarín. Un edificio de estilo brutalista y carácter sobrio, que consigue un tratamiento de la luz maravilloso en el interior”.

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Pero, ¿qué sucede dentro de esa fortaleza inexpugnable? En general, los neoyorkinos saben (o sabían) poco acerca de ese edificio del que no suele haber noticias y que se oscurece por la noche, pareciendo imitar los rascacielos de ‘Metrópolis’ de Fritz Lang; Un contraste particular frente a tantos otros edificios con ventanas iluminados en la ciudad que nunca duerme. Algunos, como el actor Tom Hanks, siguen quedándose con la boca abierta cuando pasan cerca.

 

No es el Ministerio de la Verdad ni tampoco nada relacionado con ‘Men in Black’. En apariencia, se supone que es una central telefónica que albergó en su día tres grandes conmutadores de clase 4, utilizados para telefonía de larga distancia. Dos de ellos pertenecían a AT&T1, una de las compañías de telefonía más importantes de Estados Unidos. De hecho, el 17 de septiembre de 1991 se produjo un fallo en los equipos de potencia que, unido a un error humano, desactivó la central principal y más de cinco millones de llamadas fueron bloqueadas. Las líneas privadas de la Administración Federal de Aviación también se interrumpieron y eso provocó un alteración del control aéreo del tráfico.

Se creía que era un centro de telecomunicaciones, pero una investigación descubrió que es un centro de monitoreo encubierto que se utiliza para acceder a llamadas telefónicas, faxes y datos de internet

“Su imagen robusta, rígida e impenetrable es señal de lo que quería trasmitir el edificio, pues albergaría uno de los centros de telecomunicaciones más importantes de Estados Unidos” explica Iván. “Los edificios tienen que reflejar su carácter, al igual que las sedes de los bancos en el s. XVIII con zócalos de piedra, transmitiendo que el dinero está a buen recaudo bajo esos muros. Es por ello que la arquitectura brutalista encontró un fiel aliado en los edificios gubernamentales. Además, en este caso, es un edificio puramente funcional: no necesita luz solar para albergar un centro de telecomunicaciones, más bien, es mejor poder controlar la iluminación de manera artificial”.

Aunque la teoría del centro de telecomunicaciones era la principal, en el año 2016 ‘The Intercept‘ sorprendió a todo el mundo cuando realizó una investigación para conocer qué pasaba realmente detrás de sus puertas. La revista concluía en que el LLB es mucho más que un centro para las llamadas telefónicas de larga distancia: “también parece ser uno de los lugares de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Es un centro de monitoreo encubierto que se utiliza para acceder a llamadas telefónicas, faxes y datos de internet”.

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Según la investigación publicada por el medio, la información vendría de Edward Snowden que, aunque no nombra en sus documentos al LLB como tal, sí parece claro que lo menciona como centro neurálgico de vigilancia de la NSA. El edificio se encuentra, además, muy cercano a la oficina local del FBI en Nueva York. En 1994, ‘The New York Times‘ explicaba en un artículo algo parecido, señalando que el edificio “podría formar parte de una gigantesca red mundial de Inteligencia que recibe un promedio de 175 millones de llamadas telefónicas al día”.

Un rápido vistazo a sus muros nos permitirá entender que dentro no somos bienvenidos. Sea como fuere, parece que la realidad de lo que se esconde tras sus puertas es aún más impresionante y terrorífica de lo que en un primer momento se pensaba. Tan sorprendente y terrorífica como el propio edificio, al fin y al cabo. Ni en las mejores películas de espías: el LLB es un lugar ultrasecreto donde se maneja información sobre todos nosotros, en el centro de la ciudad más importante del mundo. La gente pasa a su lado sin reparar en su existencia. Representa muy bien la idiosincrasia del ser humano en el siglo XXI.

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