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El sector agroalimentario en tiempos de pandemia: ejemplo de resiliencia y clave para la recuperación

Gabriel Morales

El Informe Sectorial Agroalimentario 2020 de CaixaBank Research revela cómo el sector primario ha sido capaz de aguantar e incluso crecer frente a los avatares de la crisis.

2020 está siendo un año de retos. La pandemia ha puesto a prueba la fortaleza de la economía en la mayor parte del planeta y eso se está notando en los resultados macroeconómicos globales, con caídas generalizadas de una magnitud inédita en tiempos de paz. En España, esta crisis sobrevenida ha tenido similar calado aunque es cierto que, analizando cada parcela de actividad, todo lo relativo a la cadena alimentaria se ha visto menos afectado y ha capeado el temporal con cierta holgura, como señala el Informe Sectorial Agroalimentario 2020 que publica CaixaBank Research.

El documento hace énfasis en la capacidad de adaptación que ha tenido el sector durante los momentos más duros de la pandemia para dar respuesta a los desafíos que se iban planteando. No ha sido fácil porque, durante el confinamiento, el gasto de los españoles cayó drásticamente, el turismo se detuvo y las exportaciones quedaron muy mermadas. Aún así, el sector ha sido capaz de ganar peso relativo en el PIB nacional durante este período. ¿Pero cómo lo ha conseguido?

Una evolución “contracíclica”

En la primera parte del informe se describe más precisamente el contexto y su incidencia en el sector protagonista, sobre cuya evolución considera que ha tenido un comportamiento “muy favorable, casi contracíclico”. El principal argumento se basa, obviamente, en el tipo de productos que trabaja ya que, mientras en otros ámbitos no esenciales se paralizó la actividad e incluso hoy en día la incertidumbre los mantiene a medio gas, en este caso se habla de bienes de primera necesidad que, independientemente de la coyuntura, no dejan de consumirse.

Además, y tal como se amplía en otro capítulo del documento, el cambio de hábitos de los españoles al que obligó la situación redunda en la compra preventiva de este tipo de artículos en grandes cantidades. Todo eso se refleja en los números, que indican que el descenso de la producción de productos alimentarios fue únicamente del 9,4% frente al 26,7% que sufrió el total de la industria manufacturera.

Hay otros datos indirectos que también corroboran esta fortaleza del sector: por ejemplo, el del consumo eléctrico de estos meses, que muestra cómo en la agricultura y la ganadería apenas registró cambios en la demanda de energía respecto a una época normal; o los datos laborales, que demuestran que el sector primario ha sido el menos azotado por la pérdida de empleos y los ERTE.

El informe destaca igualmente su flexibilidad para afrontar estos comportamientos del consumidor sin sufrir desabastecimiento, al tiempo que ensalza los factores estructurales para explicar la buena salud del sector, tales como el buen posicionamiento de los productos españoles en el mercado internacional, que se ha revelado igualmente beneficioso en las actuales circunstancias que condicionan la actualidad.

Los nuevos hábitos de consumo: la vida en casa

El confinamiento produjo un severo viraje de los hábitos de consumo de la población. Millones de personas se tuvieron que quedar en casa y eso obligó a un cambio de tendencia lógico: la mayor parte del gasto en alimentación que cada hogar hacía antes del estado de alarma comenzó a reorientarse hacia el ámbito doméstico de forma casi exclusiva. Si antes de la pandemia cada familia gastaba aproximadamente el 36,5% de su presupuesto en comida fuera de la vivienda, tras la llegada del coronavirus se redujo significativamente esa cantidad. El informe aborda también esta cuestión y profundiza en sus consecuencias.

Los más afectados fueron los negocios del denominado canal HORECA (hoteles, restaurantes y cafeterías), en los que la actividad registrada en los terminales de puntos de venta de CaixaBank indican un desplome del 90% entre la segunda quincena de marzo y finales de abril. Es una situación opuesta a de supermercados y grandes superficies de alimentación, cuyas ventas durante el estado de alarma llegaron a repuntar en la misma proporción en momentos concretos y se situó en el 50% interanual como media.

Estas cifras de récord se explican no solo por ese comportamiento anómalo (al que contribuyó el efecto acopio que se vivió durante las primeras fases de las restricciones) sino por la recomendación de usar tarjetas frente al efectivo como medio de pago. Sin alcanzar esas cotas, la tendencia se mantiene en la situación actual: durante el mes de septiembre el gasto con tarjeta en alimentos aún era un 20% superior al del mismo período de 2019.

El comercio electrónico también ha recibido un notable impulso durante estos meses, incluso en la venta de alimentos en internet. Los TPV virtuales de CaixaBank han registrado desde marzo una clara tendencia alcista en este ámbito, con tasas de crecimiento que llegan al 60% y con un alcance que, según datos del CIS, llegaba al 20% de la población. Para poner en contexto la cifra, es equiparable a la venta online de ordenadores y equipo informático, y solo superada por la de ropa.

El Informe Sectorial Agroalimentario 2020 también dedica una parte de este epígrafe al impacto en el turismo, un importante cliente de esta industria primaria. La drástica reducción de visitantes extranjeros ha supuesto un severo revés para el sector servicios. Y con ello, y como un efecto cascada, también ha generado un problema para los productores más enfocados a la distribución de productos en hostelería. Imaginación al poder en este caso: muchos han salido a flote asociándose, hallando nuevas oportunidades de mercado o apostando firmemente por el comercio de proximidad. Son ideas que les permiten aguantar este periodo de inestabilidad y que el documento celebra porque, según indica, tienen motivos para ser optimistas: dada la capacidad turística de España, se apunta, es previsible que a medio plazo se alcance una recuperación casi total.

Exportaciones: un comodín para tiempos inciertos

Otro de los motivos que explican la resiliencia del sector es el buen posicionamiento de los productos primarios españoles de cara a su exportación. En líneas generales, esta actividad tampoco ha escapado de la tónica general que ha provocado la Covid-19 en los países más desarrollados pero, de igual manera que aquí, el aumento de la demanda de productos de alimentos de primera necesidad también ha jugado a favor de este sector en España.

Según el documento, el volumen general del comercio ha descendido, como no podía ser de otra manera. Pero la alerta sanitaria global ha sido un factor más en la tormenta perfecta que se ha cebado con la exportación a nivel general y a la que tampoco le ha venido nada bien el clima de incertidumbre generado, por ejemplo, por el Brexit o por la guerra de aranceles entre Estados Unidos y la Unión Europea, que perjudicaron mucho a algunos de nuestros productos.

Aun así, el sector agroalimentario también ha reaccionado con celeridad y eficiencia y ha aprovechado las oportunidades que ha obtenido en otros mercados. De este modo no solo ha reducido las pérdidas sino que, frente a la caída generalizada en la exportación, este sector ha crecido incluso en los peores momentos. Entre los productos más demandados en lo que llevamos de año destaca la fruta, uno de los pilares tradicionales en esta faceta; y la carne de porcino, que este 2020 ha batido récords en parte, por otro motivo casual: la plaga de gripe porcina que existe en China y que ha obligado a la potencia asiática a buscar este producto en otros mercados.

El informe también desglosa la evolución del nivel exportador de cada comunidad autónoma. Aragón y País Vasco se han posicionado entre las más competitivas este año, mientras que las provincias insulares suman al cataclismo del sector turístico el destacado descenso en su volumen de exportaciones al exterior, incidiendo en el cuadro de crisis.

Digitalización: el campo entra en el futuro

Otro de los aspectos que aborda el documento es el grado de digitalización del sector. Es un tema relevante porque una de las conclusiones que nos deja este período de crisis es que, precisamente, las empresas y negocios más digitalizados han respondido mejor a las exigencias que ha planteado la coyuntura, y todo apunta a que es un factor que seguirá siendo imprescindible para ellas en el futuro, más allá de la pandemia.

En lo relativo al sector agroalimentario la intención del informe no era tanto la de mostrar la implantación real de las distintas tecnologías como de señalar las más populares o aquellas que están más en boga. Para conseguirlo, recurre al procesamiento de los comentarios de los principales actores del sector en Twitter durante dos años con técnicas de machine learning.

Y los resultados para un neófito en la materia pueden ser sorprendentes. Según los datos extraídos a partir de 24 millones de tuits (dos de ellos específicos de este entorno), el sector primario habla sobre tecnología en esta red social bastante menos que otras actividades: solo el 0,3% de los mensajes contenían alguna referencia a éstas.

Pero más que en la cantidad, el análisis hace énfasis en el contenido. Y ahí, se ve que el big data es la más comentada, con un 45% de presencia. Extrapolándolo a la actividad real, parece existir una correlación entre este dato y el uso de esta tecnología a la hora de “tomar decisiones para controlar la producción y, a su vez, garantizar la sostenibilidad”, como señala el informe.

A su estela, aparecen el internet de las cosas y la robótica, otras dos tecnologías muy al alza en el campo a medida que las técnicas tradicionales han ido dando paso a procesos más mecanizados, incluido el uso de drones. Pero además, la actualidad también parece favorecer esta tendencia, porque por culpa de la pandemia y las restricciones a la movilidad internacional, el campo se ha visto obligado a prestar más atención a estas técnicas disruptivas que actualizan el trabajo en el campo a los tiempos que vivimos, como un síntoma de esperanza para todo lo demás.

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