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El trato de Defensa al vicealmirante que defendió al Ejército en la feria de Barcelona

El trato de Defensa al vicealmirante que defendió al Ejército en la feria de Barcelona

Formaba parte de su responsabilidad como Subdirector General de Reclutamiento y Orientación Laboral del Ministerio de Defensa, pero molestó a sus superiores. Y fue el inicio de un camino del calvario del que ahora sale reforzado el vicealmirante Alfonso Gómez Fernández de Córdoba. Esta es su historia…

Alfonso Gómez Fernández de Córdoba, vicealmirante de la Armada española, prestaba servicio en el Ministerio de Defensa como Subdirector general de reclutamiento en junio de 2018, mes en que se incorporó al Ministerio el nuevo equipo político tras la moción de censura, con Margarita Robles como ministra.
Días después, a principios del mes de julio, la nueva directora de reclutamiento, Amparo Valcarce(nombrada poco antes por la ministra Robles), planteó anular la presencia del Ejército en la Feria de la Educación de Barcelona.
Una propuesta en línea con las reivindicaciones separatistas y de la izquierda, que ya con Ada Colau en el Ayuntamiento de la Ciudad Condal, habían dificultado y criticado la presencia de las Fuerzas Armadas en el salón de la enseñanza.

El vicealmirante, consciente de que la ausencia del Ejército perjudicaría a los miles de jóvenes catalanes que se acercaban cada año al stand de los militares, trató de convencer a Valcarce de mantener la presencia. Valcarce no hizo caso y tomó en julio de 2018 la decisión de dejar fuera al Ejército. No fue hasta cuatro meses después, en noviembre de 2018, cuando la noticia saltó a la luz y el malestar generado obligó a la ministra Robles a rectificar y garantizar la presencia del Ejército. Pero noviembre queda todavía muy lejos en la historia del vicealmirante. Este fue sólo el primero de los desencuentros con el nuevo equipo ministerial. El segundo no tardaría en llegar…

Julio de 2018. Dos aspirantes al examen del Cuerpo Militar de Sanidad (especialidad de Psicología) convocado en abril de 2018 denuncian haber quedado fuera de la convocatoria por lucir tatuajes visibles con el uniforme correspondiente (el de mujer, en su caso), según figura en las bases de la convocatoria, y solicitan poder concurrir a la oposición.

Con la prueba ya realizada, la reivindicación de las aspirantes -que conocían las bases de la convocatoria de antemano- suponía dejar sin efecto de forma temporal el resultado del examen, con el evidente perjuicio para quienes habían obtenido las siete plazas ofertadas. Fue entonces cuando el vicealmirante Gómez elaboró un informe técnico desfavorable a la solicitud de las recurrentes. A pesar del informe, el subsecretario de Defensa, Alejo de la Torre, escuchó la propuesta de la directora general de Reclutamiento y se aceptó la propuesta de repetir los exámenes para que pudiera contarse con las aspirantes que habían concurrido con tatuajes visibles.
El caso está ahora judicializado ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid que, de momento, está dando la razón a los siete opositores que habían obtenido las mayores puntuaciones. Fue el segundo ‘desencuentro’ entre el vicealmirante Gómez y la directora de Reclutamiento. Y el definitivo: días después fue cesado de su cargo por “pérdida de confianza”. Y eso no fue lo peor.

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Tras el cese, el jefe de la Armada (AJEMA) quiso recuperar al vicealmirante para la Armada y nombrarlo Director de Personal de la Armada. No pudo porque el Ministerio se opuso y señaló, según ha podido saber Intereconomía, traslado al AJEMA que sólo se le dejaría ocupar un “puesto irrelevante”. ¿Su respuesta? Que en la Armada no existen puestos irrelevantes para un oficial general en activo, como es el caso de Gómez Fernández de Córdoba. Es 29 de agosto de 2018.

En el Consejo de Ministros del 31 de agosto Margarita Robles, en calidad de Ministra de Defensa, envía al vicealmirante a la Reserva en una insólita decisión que el Ministerio todavía no ha podido justificar. Sin más comunicación que la de la vía de los hechos y sin, a su juicio, motivo alguno que justificara la decisión del Gobierno, el vicealmirante comunicó a su superior en la Armada su intención de recurrir la decisión.

Así, y de la mano del despacho de abogados de Santiago Milans del Bosch, el caso de Gómez Fernández de Córdoba a la Sala Tercera del Tribunal Supremo. Comienza el periplo judicial.

El 23 de octubre el Supremo decreta la suspensión de forma cautelar del pase a la reserva así como la restitución del ‘statu quo’ del vicealmirante, al que, todavía no se ha dicho, quedaban cuatro años de ejercicio activo de la carrera militar.

Defensa tarda más de 40 días en cumplir con esta decisión judicial y lo hace de forma que generosamente podría calificarse como poco correcta y que, desde el entorno del vicealmirante, se tilda directamente de ‘humillante’.
Se le asignan dos cometidos: Alto representante del Ministerio de Defensa para los actos de conmemoración de la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano primero (el 4 de diciembre), y Asesor del Secretario General Técnico (SEGENTE) después (el 19 de diciembre).

Cargos, ambos, sin contenido para un oficial general y que supusieron, en la práctica, que el vicealmirante pasara los días en un pequeño despacho ubicado en la misma planta del Ministerio de Defensa donde había ejercido como subdirector de Reclutamiento hasta su cese dependiendo, además, del mismo superior jerárquico que poco antes le había retirado su confianza. ¿Extraño? Parece que sí, y más teniendo en cuenta que, según fuentes consultadas, los irrelevantes puestos ofrecidos por Defensa eliminaban de facto la posibilidad de que se propusiera al vicealmirante para otro destino acorde a su categoría.

El pasado 18 de marzo la Sala Tercera del Supremo dictó una sentencia que permite ver la flagrante injusticia cometida con el vicealmirante: declara por unanimidad el pase a la reserva de Alfonso Gómez Fernández de Córdoba “contrario a derecho” y señala que el vicealmirante debe acceder bien a los puestos de la Armada específicos para alguien de su rango -vicealmirante- bien a destinos de plantilla en los órganos centrales del Ministerio, pero nunca en los destinos que se le habían adjudicado, que son, a juicio del Supremo, no conformes a la categoría del vicealmirante. “La permanencia en ellos no es conforme con el pronunciamiento. Si lo será, en cambio, que se le nombre asesor del AJEMA”, señala de forma explícita la sentencia.

Han sido siete meses de incertidumbre, impotencia y soledad para un hombre que lleva en la carrera naval más de 40 años y que ha servido en misiones como la lucha contra la piratería en aguas somalíes, la operación ATALANTA de mantenimiento de paz y que ha mandado buques como el Juan Sebastián Elcano.

Preguntado por la sentencia y por el camino a seguir para dar cumplimiento a lo dictado por el Supremo, el Ministerio de Defensa ha evitado pronunciarse: “Este Departamento no valora decisiones judiciales. No hay más comentarios que hacer sobre el asunto”, señala escuetamente.

Así ha sido el comportamiento del ‘equipo Sánchez’ -la ministra de Defensa, Margarita Robles, y los subordinados nombrados por ella Alejo de la Torre y Amparo Valcarce- con el vicealmirante que ‘osó’ defender la presencia del Ejército en el salón de la enseñanza. Juzguen ustedes mismos.

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