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Jorge Javier y los millonarios bolcheviques de la cultura

VÍCTOR LENORE

Imagen uno: sábado 25 por la noche. Millones de españoles carbonizados por el confinamiento -yo el primero- sintonizan Mediaset para cotillear sobre la infidelidad del periodista Alfonso Merlos a su pareja Marta López. Imagen dos: Jorge Javier Vázquez se viene totalmente arriba en el programa y denuncia el credo político de Merlos como “extremo y duro”, agita el chascarrillo “si pasas una mala racha, no te tires a un facha” y termina la performance con un discurso eufórico sobre las notas de “Grandola Vila Morena“, la canción más emblemática de la Revolución de los Claveles de Portugal. Imagen tres: el lunes por la tarde, el presentador sigue en todo la alto y manda callar a su colaborador Antonio Montero (votante de Vox) para declarar acto seguido: “Esto es un programa de rojos y maricones”.

Como era de esperar, el Twitter rojo arde de entusiasmo, calificando a Vázquez como “antifascista”, repitiendo que ha callado las fake news de la derecha y llegando a la conclusión colectiva de que “ha hecho más por la izquierda que La Sexta Noche”. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona con apoyo de Manuel Valls, aplaude el gesto de no dejar hablar a un tertuliano que tiene ideas contrarias. Circula un meme donde se muestra la efigie del presentador junto a las de MarxLenin y Stalin. El momento más esperpéntico es ver a Vázquez -alcachofa en mano- persiguiendo a Merlos por los pasillos de la “cadena amiga” para preguntarle por sus escarceos y conseguir una cara a cara con su exnovia. ¿Les recuerda esta entrañable estampa a la de un miliciano que busca derrocar a Mussolini? Mejor pasemos a la imagen número cuatro: Jorge Javier Vázquez, probablemente después de una llamada de la planta alta, aclara que él es bolchevique pero que ‘Sálvame’ es un programa para públicos de cualquier ideología. Ya va bajando un poco el pistón.

Jorge Javier pertenece a esa izquierda caviar donde militan Pedro Almodóvar, Maxim Huerta, Jaume Roures y Eduardo Casanova, amigos unos de la ingeniería fiscal y otros de usar la alfombra roja para reclamar subvenciones

Pregunta clave: ¿es posible un millonario bolchevique? En la España del siglo XXI parece que sí. De hecho, Jorge Javier Vázquez responde al perfil canónico. Tuvo los habituales “problemas” con Hacienda por una distracción de casi 800.000 euros; ha protagonizado campañas para promocionar bingo en línea, uno de los caballos de batalla de la izquierda actual; y se puso claramente de parte de la empresa en el escándalo de abusos sexuales de Gran Hermano. No hay duda de que pertenece a esa izquierda caviar donde militan Pedro AlmodóvarMaxim HuertaJaume Roures y Eduardo Casanova, amigos algunos de la ingeniería fiscal y otros de usar la alfombra roja de los Goya para pedir dinero público para sus propias películas, medida por lo visto imprescindible en una España atascada en una emergencia social.

 

Activismo señorito

Un repaso exhaustivo del historial de todos excede el objetivo de este artículo, pero cabe recordar los momentos estelares. Bien conocida es la querencia de las empresas de Roures (trotskista declarado, alumno de Daniel Bensaïd) a los domicilios fiscales en Holanda, mientras sus columnistas estrella cuestionan las sicavs, paraísos fiscales y otras escapatorias para no contribuir. Almóvodar tiene una dilatada trayectoria como lector de manifiestos progresistas, salpicada con apariciones en ‘Los Papeles de Panamá‘ e inversiones en los esquemas Ponzi de Bernie Madoff (desagüe de los sueños de toda ‘celebrity’ demasiado ambiciosa como para conformarse con las tasas de rentabilidad que ofrecen las inversiones tradicionales). En la zona vip del bolchevismo, bien lo sabe su hermano Agustín, evadir impuestos no está reñido con producir documentales sobre el movimiento de los Sin Tierra de Brasil. Un poco de activismo social en el currículum ayuda a que la estrella y tu ‘troupe’ parezcan más interesantes en el Baile de la Rosa, cena de gala emblemática de los Grimaldi en el paraíso fiscal de Mónaco.

Casanova, además de pedir subvenciones envuelto en diseños transgresores, también escribe ensayos visuales como Márgenes (2019). “Durante más de un año recorrió callejones, tugurios, poblados y albergues en busca de personas en situaciones límite a las que invitar a su cama. Allí, envueltos por sus sábanas de tela de raso rosa, fotografió a adictos a las drogas, al alcohol, a prostitutas, personas con esquizofrenia o con malformaciones”, explica El País. Siempre es bueno que alguien mantenga la venerable tradición de los señoritos bohemios, proclives a hacer estética a costa del lumpen. “No se están drogando de mentira, ni emborrachándose de mentira, no están quemados de mentira, ni le falta una pierna de mentira”, aclara Casanova, ya que si las desgracias ajenas fueran ficción la cosa perdería pegada.

Estamos ante la traducción rosa de la estrategia de Newtral y Maldito Bulo, que defienden que el motivo por el que tanta gente sigue “votando mal” es que no manejan la información correcta

En todo caso, el jefe del clan millonario y bolchevique es Jorge Javier Vázquez. A él le corresponde la misión definitiva: eviscerar las infidelidades de Merlos y con ello abrir a los ojos a los millones de espectadores de ‘Sálvame’, para que puedan comprender que la derecha española es hipócrita y que no merece ser votada. Estamos ante la traducción rosa de la estrategia de Newtral y Maldito Bulo, que defienden que el motivo por el que tanta gente sigue “votando mal” es porque no manejan la información correcta. Seguramente no cuentan con un pequeño problema de antecedentes históricos: las licenciosas vidas personales de líderes como Jacques ChiracDonald Trump, y Silvio Berlusconi no les bajaron de su pedestal de iconos conservadores. El “Merlosgate” parece otro linchamiento estéril para consumo interno, que difícilmente hará cambiar el voto o los marcos de interpretación cultural de los millones de españoles enganchados al programa.

El trampantojo de las ‘fake news’

Quien tenga la costumbre de leer periódicos recordará que esta estrategia ya se probó en Estados Unidos contra Donald Trump y lleva cuatro años en la Casa Blanca, con muchas posibilidades de revalidar su mandato. La campaña de 2016 fue una tormenta de ‘fact checkings’ de periódicos prestigiosos, chistes de comediantes progresistas con la cara untada de Cheetos para imitar el tono de piel del candidato y expertos progresistas en demoscopia repitiendo como loros las razones por la que era imposible una victoria republicana. Al final, Trump conquistó la Casa Blanca, el New York Times se disculpó por su cobertura de las elecciones y fallaron todas las profecías de que su administración colapsaría en los tres primeros meses. Hoy es Trump quien usa constantemente el hashtag #FakeNews para martirizar a sus enemigos políticos.

Uno de los momentos más hilarantes de este culebrón mediático fue la aparición de Bob Pop, activista gay de la competencia, sugiriendo que ‘Sálvame’ no combate el fascismo sino que lo blanquea

Aunque a algunos les duela recordarlo, el ‘gag’ de humor clave en aquella campaña fue ‘La burbuja’, donde los guionistas de ‘Saturday Night Live’ retrataban el progresismo neoyorquino -y, por extensión, el occidental- como una panda elitistas dogmáticos y narcisistas, totalmente desconectados de los problemas del mundo real. La lección no ha sido asimilada en España, donde los cómicos y presentadores ‘cool’ siguen insultando a Vox con las mismas técnicas que los anglosajones, mientras el partido de Santiago Abascal sube en escaños elección tras elección. Como canta Julio Iglesias, la vida sigue igual.

Posdsdata: el momento más hilarante de este culebrón todavía en marcha llega con la intervención del actor secundario Bob Pop. Víctima de un berrinche por el triunfo de la competencia, escribía el lunes el siguiente tuit: “No, no es ‘Deluxe’ contra el fascismo. El ‘Deluxe’ lo ha integrado, normalizado, asimilado. Ha convertido a fachas siniestros en personajes cercanos de folletín. Ya no dan miedo; solo risa. Y un poquito de vergüenza ajena. (Que sean todos de la escudería Mediaset, eso otro día)”. Ya saben que no es posible una victoria de la izquierda sin su inmediata escisión trotskista. Ni siquiera en los sainetes.

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