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La banca informa a Calviño de que no tragará con quitas de deuda

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Daniel CaballeroABC

El sector desconfía ahora de las cifras del informe encargado a Oliver Wyman, que estaba previsto que fuera la base para diseñar las ayudas públicas

El objetivo común de socorrer a las empresas en apuros ha hecho converger los intereses del Gobierno y de la banca una vez más. Pero la cuerda entre ambos se está tensando por momentos y, aunque no hay visos de que pueda romperse, los hilos de esta unión soportan una presión no vista en las últimas semanas. La razón está en que el Ejecutivo plantea que las entidades financieras asuman también pérdidas por hipotéticas quitas de deuda.

En este escenario, según ha podido averiguar ABC, los bancos han comunicado ya oficialmente a la Vicepresidencia de Asuntos Económicos, concretamente a la Secretaría General del Tesoro, que no tragarán con la imposición de quitas de deuda. La semana pasada, como

avanzó este periódico, quedó clara la postura del sector financiero a este respecto y ahora el gremio ha dado un paso más para dejarle claro a la vicepresidenta Nadia Calviño que de obligar a la banca a asumir números rojos, nada de nada.

Esta mesa de diálogo tiene como cometido dilucidar qué puede hacerse para modificar los créditos avalados por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) de cara a auxiliar al tejido productivo más ahogado. Pero eso no significa dar ayudas y facilidades a todo el tejido productivo que haya acudido a estas garantías públicas, sino cribar entre la salud financiera de las compañías. Es decir, crear un mapa empresarial para saber qué empresas en problemas pero viables pueden recibir ayudas y cuáles han de ser ayudadas a salir del mercado.

Sobre la mesa de las ayudas están las citadas quitas, préstamos participativos y nuevas refinanciaciones. Respecto a la primera de las medidas, el enfrentamiento de la banca con el Ejecutivo está servido, además de que el sector considera discriminatorio que solo se vaya a socorrer a quienes hayan solicitado avales del ICO, frente a las sociedades que hayan aguantado sin tener que endeudarse más.

Para diseñar ese mapa empresarial de compañías viables la banca contrató a la consultora Oliver Wyman. Esta última lleva tiempo analizando, con datos del Banco de España -que también está en la mesa de diálogo-, la situación para favorecer el diseño de las ayudas y aportar cifras de qué sectores y empresas necesitan ayudas públicas para fijar una horquilla de cuánto dinero se necesitaría para salvar al tejido productivo.

Este encargo, de una duración de tres semanas, ya ha concluido y Oliver Wyman ha entregado a los bancos su informe. El contrato ha finalizado según lo estipulado. El problema es que, según fuentes conocedoras del documento resultante, las entidades financieras desconfían ahora de los datos que arroja. Parte de la banca cree que las cifras que brinda la consultora para socorrer a las empresas son exageradas por demasiado elevadas. Entienden que no hay precedentes en un trabajo de esta índole, lo que dificulta la labor, y confiaron una vez más en la pericia de Oliver Wyman pero, una vez conocido el resultado, las reticencias van en aumento. Sin embargo, las fuentes consultadas matizan que esto es una primera impresión y que todavía están estudiando las conclusiones del documento presentado.

Los bancos desconfían del informe

Por lo pronto, los bancos, junto al Gobierno, tienen claro que utilizarán las cifras aportadas por la consultora pero que no serán la base para el establecimiento de las ayudas públicas. Las entidades financieras consideran, a día de hoy, que los cálculos que ellas mismas realizan con sus modelos internos serían más ajustados a la realidad del tejido productivo. Así, el sector financiero se inclina por valerse del trabajo de Oliver Wyman más como un complemento que como la piedra angular de las negociaciones.

Calviño hace escasos días vaticinó que las ayudas directas a las empresas estarían listas en marzo. Transmiten la imagen de estar trabajando a contrarreloj, aunque fuentes empresariales consideran que ya se llega tarde. Y recelan totalmente de las medidas planteadas, mientras exigen soluciones a la francesa con transferencias directas de dinero.

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