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La campaña de Iglesias y los separatistas contra Felipe VI cuaja en Moncloa: Sánchez excluye al Rey del gran acto judicial en Barcelona

Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Gabriel Rufián y Felipe VI

LA NEGOCIACIÓN DE LOS PRESUPUESTOS GENERALES DEL ESTADO CON ERC, CLAVE PARA EL VETO AL MONARCA

El presidente del Gobierno de España, incapaz de saltar ante una nueva afrenta contra la Casa Real

No por ser esperado deja de tener gravedad el asunto.

El Gobierno de Pedro Sánchez, condicionado por su socio de Unidas Podemos en el Consejo de Ministros y por ERC, su apoyo preferencial en la moción de censura a Mariano Rajoy (junio de 2018) y posteriormente en la sesión de investidura del 7 de enero de 2020, ha vuelto a ceder a las pretensiones y a los chantajes de estas formaciones.

El 25 de septiembre de 2020 se celebra en Barcelona uno de los actos judiciales más importantes, que es la entrega de despachos a los nuevos jueces y, por primera vez, la presencia del Rey Felipe VI ha sido vetada desde La Moncloa.

El esperpento es además de marca mayor, dado que la invitación al monarca había sido cursada con suficiente antelación por parte del Consejo General del Poder Judicial y la propia Zarzuela había confirmado la asistencia del monarca.

Tanto es así, que el evento se fue ya preparando conforme al protocolo que marca la Casa del Rey.

Sin embargo, a tres días de su celebración, en la jornada del 22 de septiembre de 2020, saltó la noticia de que el Rey ni solo no presidirá el acto, sino que ha sido excluido de esa entrega de despachos.

Oficialmente no se han comunicado las razones de este veto pero, tal y como este 23 de septiembre de 2020 cuenta en su editorial el diario ABC, no hay que ser un doctorado en Harvard o en La Sorbona para percatarse de que detrás del veto de Sánchez al Rey está la larga mano de Pablo Iglesias y de los separatistas:

Como no se ha ofrecido razón de causa mayor alguna para que Don Felipe no esté el próximo viernes en la Escuela Judicial, radicada en Barcelona, parece evidente que el Gobierno de Sánchez e Iglesias ha cedido a las exigencias de los separatistas y ha descabalgado al Jefe del Estado de una de las tradiciones institucionales más arraigadas y simbólicas en el mundo de la Justicia junto a la solemne apertura del año judicial.

Matiza que en realidad el líder de Unidas Podemos se siente cómodo en ese veto y no hay que olvidar como en su Consejo Ciudadano del 19 de septiembre de 2020 reclamaba abiertamente la implantación de la república en España:

En realidad el que cede ante los independentistas es solo Sánchez, pues Iglesias, además de echarles un capote siempre que puede, protagoniza una campaña contra la Corona desde el propio Gobierno que no es contestada, ni por supuesto atajada, por la parte socialista del Ejecutivo, que así se convierte en cómplice de una estrategia absolutamente irresponsable.

Remarca el rotativo de Vocento que además la exclusión se marca en plena negociación presupuestaria y que Sánchez, con tal de contentar a ERC, cede a sus pretensiones:

El veto al Rey en Cataluña se produce en plena negociación de los Presupuestos con ERC y en presuntas vísperas de la reactivación de la «mesa bilateral» en la que el Gobierno discute con los independentista el futuro de la unidad de España. Da vértigo enumerar los hitos negativos y líneas rojas que ha venido traspasando La Moncloa en esta desquiciada deriva.

Y aparte no hay que olvidar que el presidente del Gobierno de España ha permitido que desde el Congreso de los Diputados se insulte al monarca por los herederos políticos de ETA sin que Sánchez moviera un solo músculo para defenderlo:

¿Hasta dónde va a ser capaz Sánchez de postergar al Jefe del Estado con tal de conseguir que la aritmética parlamentaria le sea favorable para sacar adelante los Presupuestos? Fue incapaz de defenderlo cuando fue insultado por los proetarras en las Cortes y desde entonces todo ha ido a mucho peor. Difícil determinar ahora, por tanto, las cesiones que está dispuesto a hacer el líder socialista. Vaciar de contenido, por ejemplo, el papel institucional del Rey, haciéndole el juego a los separatistas, no invita al optimismo, pero sí mide la falta de principios de Sánchez, para quien el interés general de España siempre es secundario.

 

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