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La crisis no entra en Moncloa: Sánchez acumula tres subidas de sueldo desde 2018

Los españoles de a pie, mientras tanto, crujidos a impuestos

Salimos más fuertes» o «Nadie se va a quedar atrás».

Estos son solo alguno de los pomposos mensajes que salen del magín de la factoría Iván Redondo, experto en vender humo, pero cuando este se disipa queda al descubierto las añagazas del Gobierno socialcomunista.

Lo que está claro es que la crisis no va con Pedro Sánchez ni tiene cabida en el Palacio de La Moncloa.

Desde que el líder del PSOE accedió a la Presidencia del Gobierno por la vía de la moción de censura a Mariano Rajoy, su salario ha registrado tres aumentos.

La última, recientemente, cuando se aprobó la subida del salario a los empleados públicos de un 0,9%, hecho que también incluye al jefe del Ejecutivo y a toda su cohorte.

Tal y como detalla El Mundo este 30 de octubre de 2020, Pedro Sánchez entró a presidir los designios de España con un sueldo de 80.953 euros allá por el mes de junio de 2018 y ahora, a finales de este año en el que la economía de los españoles se ha visto afectada por la pandemia del coronavirus se lleva al bolsillo una nómina anual de casi 5.000 euros más, 85.608.

Llama poderosamente la atención que mientras diputados y senadores accedieron, muchos de ellos a regañadientes, a la congelación salarial para 2021, el Ejecutivo haya cedido a las presiones de la parte podemita para, escudándose en los funcionarios, meterle un chute de euros a la nómina a final de mes.

¿Y de dónde saldrá el aumento de la paga del presidente del Gobierno, de sus cuatro vicepresidentes y de su tropa interminable de ministros? Pues, obviamente, no hay que ser un genio ni cursar un doctorado en La Sorbona para saber que saldrá del bolsillo de los contribuyentes.

Los Presupuestos Generales del Estado para 2021, en cuanto pasen el trámite parlamentario y sean aprobados, incluyen un auténtico sablazo fiscal para quienes tienen un negocio y viven de una nómina. Todo un recital de impuestos indirectos que van a terminar de masacrar las economías de los españoles de a pie.

Todo hijo de vecino a pagar los impuestazos al diésel, a los plásticos o a los productos azucarados. Todo con tal de velar por la salud personal y medioambiental de los ciudadanos, aunque sea a costa, eso sí, de dejarles los bolsillos con más agujeros que un colador de la cocina de Karlos Arguiñano.

Eso sí, tanto el veraneante Pedro Sánchez como el ‘inmobiliario’ Pablo Iglesias no han dudado un solo instante en calificar las cuentas del Estado de «sociales, solidarios y progresistas».

Por lo menos para ellos, para socialistas y podemitas, puede definirse así esos PGE porque no hay nada más social, solidario y progresista que subirse el sueldo mientras el resto del país lucha a brazo partido por poder levantar la persiana de su empresa o, siendo más modestos en el objetivo, con poder acceder a tres comidas al día y poder abonar las facturas mensuales que no entienden ni de pandemias ni de virus.

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