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La feminista Lucía Méndez se queda en blanco cuando la pedrada hace hoyo en la cabeza de una ‘fascista’

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Ya estamos acostumbrados. Si la pedrada va dirigida en forma de misil al ojo de un ‘fascista’, está justificada. Si el destino es la cabeza de un izquierdista, la histeria social está garantizada.

En noviembre de 2018 dirigentes de VOX y Ciudadanos incursionaron en Alsasua. Fueron calurosamente recibidos por los cachorros proetarras bajo una lluvia de proyectiles de todo tipo. Albert Rivera se quejó del enorme tamaño de las piedras que tiraban las bestias batasunas.

Xabier Lapitz, el periodista estrella de la ETB2, negó que haya habido piedras orbitando en torno a la cabeza de Rivera«Hemos revisado las imágenes frame a frame y no hemos visto piedra alguna».

Menos mal que un reportero de Antena 3 se dignó a mostrar los pedazos de adoquines que lanzaban los proetarras.

La cantera de tertulianos oficiales y payasos de la tele como Willy Toledo defendieron que una pedrada siempre está justificada cuando hace hoyo en la cabeza de un ‘fascista’.

«Al fascismo no se le discute, se le combate. 
Yo voy.
 Allí nos vemos».

También hubo declaraciones miserables como las del portavoz socialista Ander Gil que tuiteó:

«Es una grave irresponsabilidad que las tres derechas vayan hoy de la mano a Alsasua a avivar el conflicto y no a fomentar la convivencia».

Ya estamos, la derecha provocando.

En el PSOE entienden que si la derecha quiere ir a Alsasua le tiene que pedir permiso a ellos o al Carnicero de Mondragón. Para la izquierda el problema nunca es la pedrada sino los que se interponen en su trayectoria.

La agencia EFE, presidida entonces por el servil Fernando Garea, tituló un teletipo: «Miles de personas defienden a Alsasua frente al ‘agravio’ de España Ciudadana». Defender los derechos y las libertades de los españoles es un ‘agravio’ para la izquierda.

Huelga decir que la soviética RTVE presentó a los proetarras de Bildu como pacíficos defensores de su pueblo, y a los constitucionalistas como una amenaza para la convivencia.

LA PEDRADA A ROCÍO DE MEER (VOX)

Cuando salieron las imágenes de un taxista de Málaga haciendo prácticas de tiro con las fotos de podemitas, las televisiones del Gobierno dedicaron bloques enteros de hasta 25 minutos a cubrir lo que entendían que era un delito de odio en toda regla.

El pesar de las presentadoras —’esto es intolerable’— y la indignación de los tertulianos sanchistas era indescriptible.

Ahora quedaba por ver si iban a mostrar la misma indignación con la agresión a la parlamentaria de VOX por Almería, Rocío De Meer.

Si al taxista le llamaron energúmeno e imbécil, con los proetarras no fueron tan duros. Era hora de hacer gala de falsa equidistancia para no condenar una agresión contra VOX.

En ‘Espejo Público’, el socialista Juan Segovia se quejó no de la pedrada sino de que Bildu le diera a VOX «la foto que estaba buscando».

Cristina Fallarás condena la violencia según el programa al que vaya. En Cuatro mostró su rechazo a la pedrada pero en TV3, hace dos años, dijo esto sobre Alsasúa:

«Ustedes (por C’s) están blanqueando a VOX. ¿Puedo reclamar respeto en el tono y a las formas? A la extrema derecha se le planta cara. Ustedes pueden ir a donde les dé la gana pero se aguantarán si la gente protesta y más si van acompañados de VOX»

En TVE, el periodista Xabier Fortes, habló «del impacto de una piedra» en la diputada de VOX «obviando datos clave como las responsabilidades que, tanto el Gobierno central, a través de la delegación del Gobierno, como el ejecutivo autonómico, liderado por el PNV y a través de la Consejería de Interior, tuvieron en la resolución de dicha situación», como denunció la formación de Abascal.

Lo mejor llegó cuando la redactora jefe de Opinión de El Mundo, Lucía Méndez, se escudó en una presunta postura equidistante al condenar las manifestaciones realizadas por el portavoz del grupo parlamentario en el Congreso, Pablo Echenique, quien, a través de su Twitter, acusó a Rocío De Meer de haberse inventado dicha agresión pintándose la cara con ketchup.

«No sé qué decir. Hay una diputada, que le pasa lo que le pase (sic), que recibe una pedrada, más o menos grave… no entiendo cómo se puede organizar un lío en torno a esto.. no entiendo al señor Echenique… no entiendo la actividad de los políticos en las redes soclales… (tartamudeando) Vamos a ver, está claro que VOX está haciendo política de una forma insólita que no me parece la forma…»

Una feminista de camiseta que tartamudea cuando la agredida es una dirigente de VOX.

Lo que sí entendimos es que la amiga de Pablo Iglesias, el que se emocionaba cuando le partían la cabeza a un antidisturbios, a día de hoy sigue sin saber qué decir sobre la pedrada.

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