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La labor silenciosa de la Iglesia contra el coronavirus

Párrocos, monjas, capellanes y otros profesionales del ámbito religioso se vuelcan para ayudar a los más vulnerables

Son combatientes de la segunda línea de batalla contra el coronavirus. Párrocos, monjas, capellanes y demás profesionales vinculados al ámbito religioso que, en estos tiempos de incertidumbre, se han puesto al servicio de los más necesitados. Una labor tan «silenciosa» como necesaria: «Evidentemente el ámbito sanitario ocupa las primeras páginas, pero aquí se está haciendo también algo muy destacable», señala Carlos Bargos, director de Cáritas en Vizcaya, que abandera diversas iniciativas enfocadas a promover «la solidaridad y fraternidad» entre los ciudadanos para ayudar a los que se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

El apoyo de la comunidad cristiana llega a los ciudadanos de muy diversas formas. En el plano más espiritual, la Iglesia ha adaptado su actividad al actual estado de alerta sanitaria y ha comenzado a retransmitir a través de las redes sociales las misas. A modo de ejemplo, más de 1.400 personas siguieron desde sus casas el pasado domingo la homilía del Obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde.

La labor de la Iglesia no se limita al ámbito religioso. Actuaciones más «cuantificables» se encuentran ya en marcha con el fin de tender una mano amiga a quienes se encuentran expuestos ante esta nueva crisis. Generalmente, gente con pocos recursos económicos o que se encuentra sola en situación de necesidad. «Reflexionamos sobre cuál es nuestro papel en este momento -detalla Bargos-. Lo que decidimos fue reforzar aquellos servicios que estaban vinculados a personas más frágiles, como los centros de día o los comedores sociales». De esta forma surgieron iniciativas como «La solidaridad no cierra. Alkartasuna beti zabalik», promovida por Cáritas Vizcaya, que teje redes de apoyo solidario en coordinación con el Gobierno vasco y la Diputación Foral.

Esta misma organización, que en estos momentos acompaña a cerca de 6.500 personas, ha creado un fondo de 500.000 euros para «garantizar la atención a las personas más vulnerables». Cáritas invita a la ciudadanía a hacer crecer esa suma a través de aportaciones económicas.

Apoyo juvenil

Los mayores necesitados son también la preocupación de Yasel Fermín, delegada pastoral con jóvenes con la Diócesis de Vitoria; y de los 23 jóvenes que «tan pronto como salió el estado de alarma dieron el paso» de ayudar a los ancianos. Lo hacen a través del programa «Berakah», de la plataforma Gazteok, que ha facilitado un número de contacto (945222222) para todo aquel que requiera apoyo, por ejemplo para comprar medicamentos o comida: «La primera llamada que tuvimos fue la de un enfermo de cáncer terminal que necesitaba medicina de la farmacia —explica Yasel—. Tenemos un grupo de WhatsApp y el joven que vivía más cerca del domicilio las adquirió y se las llevó a casa».

A través de este voluntariado se facilita ayuda a 35 familias, apunta la delegada pastoral, que incide en la importancia de que cada uno ponga su «granito de arena» en estas tareas: «Se trata de hacer lo que haría Jesús en esta situación. No me recluyo, no pienso solo en mí, también pienso en aquel que no tiene cómo vivir», sostiene.

En otros campos, como el de la salud, monjas del monasterio de la Visitación elaboran mascarillas hospitalarias y de plástico para el personal sanitario. Solo en tres días, informó el Obispado, elaboraron cerca de 200 mascarillas. Los estudiantes del colegio de Egibide, por su parte, vaciaron los armarios con material de las aulas y donaron 800 mascarillas, 5.000 pares de guantes, 300 gorros y calzas, 200 gafas de seguridad, 30 litros de alcohol y soluciones desinfectantes, batas y buzos desechables.

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