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La podemita Lucía Méndez, envenenada con Albert Rivera por su tirón de orejas a Inés Arrimadas

 

“Rivera le hurtó a España un Gobierno estable, se comportó de pena con el Estado que dice defender, defraudó a los que creyeron en él, y ahora le pega patadas en la espinilla a su sucesora”

Sale con toda la artillería y con todo el veneno del mundo.

Lucía Méndez escribe este 14 de noviembre de 2020 una tribuna en El Mundo en la que destila todo el odio del mundo contra el que fuera fundador de Ciudadanos, Albert Rivera.

El ataque, evidentemente, responde a la llamada de atención, al tirón de orejas del que fuera líder anaranjado a la actual presidenta de esa formación, Inés Arrimadas:

El extraño caso de Albert Rivera pide a gritos una novela. No digo que sea un caso único, porque único no es. Pero tiene unas características que lo hacen especialmente intrincado. Un jeroglífico de difícil resolución. Un enigma psicoanalítico sin resolver. Un modelo de autoestima y amor propio que ríete tú del mito clásico que adoraba su propia imagen reflejada en el estanque.

El extraño caso de Albert Rivera tiene el siguiente argumento. Joven político logra fascinar a gente muy principal de la nación y encandilar a millones de españoles con su valentía frente al independentismo catalán y sus laureles de tribuno dialéctico. Allá donde va el joven Rivera es cubierto de incienso y los oráculos del poder mediático le ciñen la corona de presidente. Ya está casi está llamando a las puertas de La Moncloa para que se le abran de par en par cuando de repente las puertas se le cierran en sus mismas narices.

Culpa a Rivera de no facilitar la formación del Gobierno tras las elecciones del 28 de abril de 2019, aquellas que luego hubo que repetir el 10 de noviembre de 2019. Lo curioso es que Méndez no se acuerde de aquella frase que le gritaban a Pedro Sánchez los acólitos arracimados en Ferraz, aquellos de que «con Rivera no»:

Lejos de asumir que ya no podía ser presidente, tampoco quiso ser vicepresidente. O césar, o nada. Y mira que los españoles se lo pusieron fácil. Le dieron la posibilidad de completar una mayoría más que absoluta –180 escaños– y gobernar con el PSOE. Pero el caso es que Albert Rivera no quiso. ¿Por qué no quiso? Escuchen el silencio. ¿Lo oyen? Quizá no le caía bien el líder del PSOE. Quizá quería dejar la política porque no era feliz y prefería la vida de celebritie, instagramer, influencer, o así, que diría el llorado Umbral.

Hace sangre con el resultado del que fuera presidente de Ciudadanos tras la cita con las urnas del 10-N:

El extraño caso de Albert Rivera escribe nuevos capítulos. Condujo a su partido a la ruina desde los 57 a los 10 escaños. Ahora, una vez dimitido porque las urnas lo echaron, se dedica a dar lecciones de política, de ética y de moral los ratos que le deja libres el intenso trabajo de su despacho de abogados.

Y, por supuesto, para Méndez las críticas a Arrimadas son solo una impostura más de Rivera:

Rivera le hurtó a España un Gobierno estable, se comportó de pena con el Estado que dice defender, defraudó a los que creyeron en él, y ahora le pega patadas en la espinilla a su sucesora, Inés Arrimadas. Es decir, está haciendo lo mismo que Aznar hizo con Rajoy. Como si hubiera sido presidente del Gobierno de verdad, y no en sueños. Ciudadanos es suyo o no será de nadie. Su partido intenta sobrevivir, su país atraviesa una época de dolor insoportable, pero a Rivera sólo le interesa Rivera. Y en su partido nadie le pide cuentas. Nadie le pone frente a sus responsabilidades. Nadie le pregunta: «¿Qué fue de nosotros, queridísimo Albert?». «¿En qué te fallamos, adorado líder?».

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