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La Podemita que secuestró a su hijo dice que es porque «el padre es el diablo»

La presidenta de Infancia Libre secuestró a su hijo porque «el padre es el diablo»

Una exasesora de Podemos mantiene encerrado como un animal a su pequeño durante seis meses tras acusar falsamente a su exmarido de abusar sexualmente del niño

La Unidad Adscrita de Policía Judicial de los Juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid, ha resuelto con éxito uno de los casos más rocambolescos y delicados de sustracción de menores que se recuerdan: el de un niño de apenas 11 años que llevaba secuestrado por su propia madre desde el pasado mes de septiembre y cuyo estado de socialización era totalmente anormal. La mujer, que fue detenida la madrugada del sábado en su escondrijo de Villar de Cañas (Cuenca), era, para colmo, presidencia de la asociación Infancia Libre, que asesoraba a Podemos en el Congreso de los Diputados en materia de menores.

La historia comienza en Valdemoro, donde María Sevilla, madrileña de 35 años, residía con su marido, Rafael. La relación de la pareja iba mal desde hacía bastante tiempo, por lo menos ocho años, hasta el punto de que ella tenía una hija de 6 años con otro hombre, José Antonio C. H. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando ella denunció a su ex por abusar sexualmente del pequeño S., en pleno proceso de disolución de la pareja. La denuncia era falsa y así quedó demostrado en sede judicial. La sentencia de custodia, firmada por el juzgado número 6 de Valdemoro en diciembre de 2017, tuvo en cuenta esta «cincunstancia anormal» en el fallo, que otorgaba la guardia y custodia a Rafael. Ella tenía derecho a una visita semanal.

Hasta que en uno de esos encuentos con el niño, el pasado septiembre, decidió llevárselo consigo. El padre, cuando se percató de que le habían robado a S., interpuso la correspondiente denuncia ante el juzgado de Instrucción número 27 de Madrid, que derivó el caso a la Unidad Adscrita de Policía Judicial, que, en el relativo poco tiempo que lleva en marcha, tiene en su haber otras capturas como la del mayor estafador de Europa. Los agentes comenzaron a investigar tirando de todos los hilos, puesto que se trataba de buscar una aguja en un pajar. Por un lado, gente cercana a la familia de María Sevilla manifestó que se encontraba con el niño en la costa de Granada, que también habían vivido en el País Vasco, incluso en un país extranjero. Se centró la búsqueda en todo el territorio español, pero especialmente en esas áreas y en la Comunidad de Madrid.

De manera paralela, como se sabía que tenía otra hija, se rastrearon sus nombres en las bases de datos de colegios, sin éxito. No estaban escolarizados. Tampoco habían sido asistidos en ningún centro sanitario del país.

Se identificó a José Antonio C. H. como la actual pareja de María y padre de su hija. Se logró identificar el coche (que estaba a nombre de un tercero), hace unos tres meses, utilizando la «orfebrería policial»: los funcionarios visionaron horas y horas de cámaras de seguridad de gasolineras y en una del sur de Madrid, cerca de Aranjuez, se observó repostar a un tipo que se parecía a José Antonio. Durante casi dos meses se estableció un dispositivo de vigilancia en esa estación de servicio, hasta que este individuo regresó. Y fue entonces cuando le siguieron, de manera muy cautelosa, hasta la finca de Villar de Cañas. Se trata de un lugar de 6.000 metros cuadrados, con un perímetro enorme, vallado y con lonas para evitar ser vistos. Era una suerte de cárcel infantil y con un trasfondo de fanatismo religioso enorme, con el evangelismo mal entendido y llevado al más absoluto de los extremos.

Pagaba en efectivo

Durante dos semanas y media, los agentes de la Unidad Adscrita le hicieron la «troncha» (vigilancia, en el argot policial) a la finca, noche y día. Sin descanso y con la máxima precaución para no dar un paso en falso. Solo José Antonio abandonaba el recinto para acercarse a un supermercado de la cercana localidad de Tarancón a hacer la compra. Y siempre pagaba en efectivo, detallaron a este periódico fuentes de la investigación.

Residían en ese lugar desde hacía mes y medio, aproximadamente. Habían alquilado la finca pese a que a la pareja no se le conocen ingresos ni trabajo remunerado alguno. Se investiga si la madre de ella, que arrienda apartamentos en Sevilla la Nueva (Madrid), les prestaba dinero, precisaron nuestros informantes.

Un paseo una vez al día

Los niños vivían encerrados como animales. Solo los sacaban, y siempre al ocaso, cuando no quedaba luz, unos veinte o veinticinco minutos al día a pasear, y apenas por la zona boscosa de la propiedad. Antes, el hombre salía y se aseguraba de que nadie los estuviera vigilando. Extremaban todas las medidas de seguridad.

Hasta que el viernes, en la vigilancia, los agentes vieron a ambos críos, con prismáticos. Pidieron rápidamente una orden de entrada y registro, que les fue concedida, y a las dos de la madrugada del sábado pasado llamarona la casa. Les contestó José Antonio, pero se negaba a abrirles, así que tuvieron que echar la puerta abajo. Lo que los policías encontraron allí era algo calamitoso: tenían una sala que utilizaban como escuela para dar clase a los pequeños, y otra de juegos. En una habitación se escondía María Sevilla con los pequeños y un peligroso perro pitbull que tuvo que ser neutralizado por los intervinientes. Estaban bien vestidos, pero la niña llegó a olisquear a los uniformados, como un animal. Cuando preguntaron a los menores, la madre no les dejaba contestar y llegó a decirle al chico que «se llevara la Biblia y dijera que su padre era el diablo».

María quedó detenida, no así su pareja, por el principio de encubrimiento entre parientes. El niño ya está con su padre y la niña se quedó con José Antonio. La acusan de sustracción de menores (quedó en libertad, puesto que este delito solo supone una pena de dos a cuatro años de cárcel), pero el atestado será elevado a la Fiscalía de Menores y a Asuntos Sociales, que podrán actuar administrativamente.

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