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La segunda ola hace temer el despido de miles de trabajadores ahora en ERTE

Patronal y sindicatos temen que los expedientes temporales den paso a despidos masivos

El segundo acto del coronavirus mantiene la intensidad del primero en cuanto al alcance de los daños económicos que derivan de las medidas impuestas para el control del virus. Sin embargo, los ERTE, ese salvavidas al que se agarraron inicialmente las empresas que buscaban mantenerse a flote hasta que amainase la tormenta, empiezan a mostrarse insuficientes porque el temporal se mantiene y los despidos asoman. Patronal, sindicatos y organizaciones de trabajadores observan con temor cómo el flotador se desinfla con el paso del tiempo, y hasta el Banco de España cuestiona la “idoneidad” de los ERTE si la crisis se prolonga.

El director general de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce, se refirió este jueves al agujero por el que se escapa el aire de los ERTE. Durante su intervención en el Foro Económico organizado por el diario El Norte de Castilla, Arce reconoció que aunque los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) “han permitido mantener un elevado número de relaciones laborales durante la crisis”, para capear esta segunda ola consideró necesarias diversas reestructuraciones sectoriales y/o de empresa que eviten “la descapitalización de los trabajadores suspendidos”. Porque, según avisó, “la idoneidad de los ERTE para salvaguardar el empleo se puede ver reducida conforme la crisis se alarga”.

Arce sugirió también la posibilidad de compaginar el cobro de la prestación por desempleo con la realización de un trabajo a tiempo parcial, y reclamó la consideración de los trabajadores suspendidos como colectivo prioritario para el acceso a las iniciativas de formación para el empleo.

Para los sindicatos el vendaval actual desembocará en tormenta perfecta. Pepe Álvarez, secretario general de UGT, auguró el martes de la llegada de una “avalancha de despidos” puesto que, según dijo, muchas empresas han comenzado a devolver las ayudas de los ERTE por encontrarse en una situación que les impide continuar con su actividad. Aunque desde este sindicato reconocen no tener una cifra exacta de cuántas empresas han tomado esta decisión —existe un plazo mínimo de seis meses tras la incorporación efectiva de los trabajadores una vez concluido el ERTE para que las compañías puedan volver a despedir—, aseguran que en las últimas semanas se han multiplicado las consultas al respecto. Los gestores administrativos pronostican que entre 200.000 y 300.000 trabajadores podrían quedarse sin empleo entre el 1 de noviembre y el 31 de diciembre una vez decaiga el plazo de los seis meses de los primeros ERTE.

Reducción de ingresos

Mientras en la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) no se muestran ajenos a lo que consideran “una deriva lógica del alargamiento de la crisis”, aseguran no haber recibido suficientes cuestiones en cuanto a la presentación de despidos como para considerarlos inminentes. Sin embargo, desde la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme) advierten de que el pequeño y mediano empresario, con menos colchón, será el que se vea forzado a llevarlos a cabo. “El 90% de las pymes ha reducido sus ingresos, y casi la mitad (el 40%) facturan la mitad que antes”, apunta Gerardo Cuerva, presidente de Cepyme. Apoyado en los resultados del último barómetro realizado por su organización, Cuerva añade que “el 51% de las pymes ve en riesgo la supervivencia de su empresa”, y ante esta situación “muchas ya no se preguntan si cerrar o no cerrar, sino cuándo cerrar”.

Es el caso de Jesús, propietario desde hace dos años de un taller de reparación de vehículos en Tharsis, un pueblo de menos de 2.000 habitantes de Huelva. “Tengo tres niños pequeños y yo no me quiero ir al paro porque me derrumbo, pero la situación es insostenible”, reconoce al otro lado del teléfono. En febrero de 2018 abrió el negocio y contrató a un trabajador para que le echase una mano. “Cuando nos pilló todo esto estábamos arrancando, pero es que ahora mismo es la ruina”, reconoce. Su único empleado se encuentra en ERTE y asegura que no se plantea reincorporarlo porque no tiene recursos con los que afrontar su vuelta. “Es que no puedo pagarle porque no ingresamos nada. Si hubiera sabido que la situación iba a ser esta después de tanto tiempo no hubiera hecho ningún ERTE. Me hubiera quedado yo solo e iría tirando con lo que fuera. Pero ahora no sé qué hacer”, resume con amargor.

654.000 expedientes abiertos

El de Jesús es el que caso que mejor representa el paradigma del autónomo en peligro. El último estudio realizado por la Asociación de Autónomos (ATA) determina que casi el 10% de los autónomos cree que tendrá que cerrar (unos 300.000) y uno de cada tres se plantea reducir plantilla, lo que podría traducirse en 500.000 empleos menos.

En estos momentos se encuentran vigentes 654.000 expedientes de regulación temporal de empleo —386.000 por fuerza mayor, 175.000 por limitación de la actividad y 93.000 sin ninguna causa sobrevenida—, y ya son varias las empresas que han anunciado procesos de regulación definitivos en las últimas semanas.

Es el caso de Impormovil, compañía de servicios y recambios del automóvil, que hace siete meses presentó un ERTE por razones económicas y que ahora llevará a cabo un ERE para sus 400 empleados. Lo mismo le sucede a Aernnova, que despedirá a los 450 trabajadores de la planta de Berantevilla (Álava), por la crisis “estructural” del sector aeronáutico.

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