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La treta que usó el ‘paleto’ Puigdemont para liderar el “paraíso de butifarra”

M. Vila

El presidente fugado de la Generalitat, que va retomando su activismo independentista, consiguió encabezar el separatismo catalán con una argucia tan simple como efectiva, según Marhuenda.

Era un jefecillo de “comarcas” que acabó colándose hasta la mismísima presidencia de la Generalitat. Y lo más asombroso es que, pese a sus limitaciones, sigue fascinando al movimiento independentista en Cataluña. Así describe Francisco Marhuenda el ascenso del fugado presidente catalán, que va recuperando ahora su activismo tras el confinamiento forzoso por el coronavirus en Bélgica.

En su último artículo en La Razón, Marhuenda relata cómo Puigdemont fue durante mucho tiempo un “político irrelevante”. Y reuerda una anécdota al respecto: “Un buen amigo, que era consejero del gobierno catalán, los definía irónicamente como “la comarca nos visita”, mientras hacían cola para entrar en la Generalitat y asistir a la recepción anual de Pujol“.

“El mundo de convergencia eran los botigers, los pequeños empresarios y los funcionarios que seguían con gran fervor el mensaje del pujolismo. Primero construir Cataluña y luego destruir España, aunque no se dijera así”, cuenta el periodista, para el que Puigdemont tenía el destino trazado de otros nacionalistas ‘paletos’: “Estaba llamado a moverse en los estrechos límites de la provincia de Gerona y quizá ser un consejero poco relevante dentro de la cuota territorial del partido”.

No le vieron venir

Pero no fue así. Puigdemont demostró más astucia de la que se presumía y, sencillamente, no le vieron venir: “La mejor baza del fugado Puigdemont fue su irrelevancia porque se fue situando en cargos donde sus mentores pensaban que sería una marioneta. No supieron percibir que era un político hábil y con firmes convicciones”.

Y la casualidad, o la suerte, hizo que se le abrieran las puertas del poder. “Nada mejr que alguien irrelevante, debió de pensar Mas cuando lo eligió como sucesor”, cuenta el director de La Razón, al que lo que más le sorprende, no obstante, es la “ciega fidelidad” que ha generado tan rápido un tipo como Puigdemont: “Es la constatación del ascensor social, porque se puede ser presidente de la Generalitat sin haber terminado una carrera, teniendo una trayectoria mediocre y esgrimiendo cuatro ideas, a cual más simple, centradas en que cuando logremos la independencia alcanzaremos el paraíso terrenal en nuestro particular Shangri-La de la estelada, la butifarra y los calçots”.

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