Portada » Los cierres perimetrales en Madrid hunden las ventas de las gasolineras hasta un 80%
Actualidad

Los cierres perimetrales en Madrid hunden las ventas de las gasolineras hasta un 80%

gasolinera-kzLE--620x349@abc

Sara Medialdea – ABC

Los confinamientos reducen la movilidad y restan clientes a las estaciones de servicio de la región.Las más perjudicadas, las de carretera

Luis sirve gasolina desde hace años. Acusa el cansancio tras tantos meses de pandemia. «No hay movimiento. Entre teletrabajos, ERTE, parados y que no se puede viajar… todo suma, pero al revés». Las gasolineras lo están pasando mal con la pandemia. El confinamiento les dejó abiertos pero sin clientes y las sucesivas desescaladas han traído un rosario de cierres perimetrales que han diezmado sus negocios; los situados en carreteras registran caídas de hasta el 80 por ciento, aseguran sus responsables.

Como a tantos otros sectores, las medidas tomadas para frenar los contagios les han afectado para mal. En su caso, con algunos agravantes. Como señala Víctor García Nebreda, secretario general de la Asociación de Empresarios de Estaciones de Servicio

de la Comunidad de Madrid (AEESCAM) y de la Agrupación Española de Vendedores al por menor de Carburantes y Combustibles (AEVECAR), «al principio nos encontramos con que no se podía salir de casa, pero como somos un servicio esencial, las gasolineras tenían que seguir abiertas». El resultado lo resume en «un cien por cien de apertura y un 5 por ciento de clientes».

Poca movilidad

Tuvo que pasar casi un mes hasta que el Gobierno central publicó, en abril, un decreto de mínimos que permitió algunos ERTE y flexibilidad horaria. «El verano pareció traer una cierta recuperación, pero no, los cierres perimetrales entre regiones anulan los viajes y la entrada en vigor de restricciones en zonas básicas de salud incluso ha impedido desplazarse entre municipios, lo que nos deja sin clientes», repasa.

Las estaciones más afectadas son las que se sitúan en carreteras, más aún si están en zonas limítrofes con las comunidades vecinas. «Ahí las pérdidas pueden llegar al 70-80 por ciento», calcula García Nebreda. En los núcleos urbanos, las caídas son menos graves, y aún así «las gasolineras a las que les ha ido bien, han podido perder el 25-30 por ciento de ventas».

En la segunda y tercera ola, según se extendían los cierres perimetrales en zonas básicas de salud, más estaciones de servicio veían descender su negocio. Esta semana, con apenas 25 zonas básicas y 8 localidades confinadas –lo que afecta a unos 700.000 madrileños–, las gasolineras comprendidas en estas áreas superan las 80. Una cifra que se ha multiplicado hasta por tres en las semanas en que las restricciones se hicieron más extensas y llegaron a 2 millones de madrileños.

El factor miedo

La reducción de los desplazamientos les afecta, pero también el toque de queda. «Desde que empieza, no hay nadie por las calles», señala García Nebreda. Y, por supuesto, la pandemia, siempre presente en un establecimiento abierto al público. El factor miedo aparece. «Es lo peor, esperar que no te toque; estás mucho al aire libre, sí, pero por aquí pasa mucha gente todo el día», recuerda Luis, manguera en mano. «En las gasolineras que cuentan con personal los propios trabajadores son los que se encargan de desinfectar los mangos de los surtidores. En las estaciones con autoservicio, se ponen también guantes a disposición de los clientes, que además cuentan con circuitos distintos para entrar y salir de las tiendas. Aún así, algunas estaciones han tenido que cerrar por estar sus trabajadores en cuarentena.

«El sector, como tal, no ha recibido ninguna ayuda. De hecho, al principio no podíamos cerrar ni acceder a los ERTE por fuerza mayor; los primeros que planteamos nos los tiraron todos», recuerda Víctor García Nebreda. Ahora, tras casi un año aguantando el tirón, tiene claro que «hasta que no vuelva la movilidad, no salimos de esta». Pide, eso sí, que «también se dé las gracias a este sector, que ha estado siempre ahí», sin pedir nada porque «tuvimos que comprar hasta nuestro material de protección; si no había para los sanitarios, no íbamos a ir nosotros a pedirlo». Por eso, explica, «traje 250.000 mascarillas desde China, pagando por adelantado, como todos. Y encontré una fábrica en Burgos que hacía mamparas y les colapsamos la producción», recuerda con una sonrisa.

No es que eche de menos los aplausos que otros recibieron, pero sí quiere una atención: «Hemos pedido las patronales a Sanidad que incluya a los expendedores de gasolina dentro de los protocolos de trabajadores esenciales, para no quedarnos fuera de las vacunaciones».

García Nebreda no es atlético, pero sí se siente «cada vez más cholista»: «vamos a ir partido a partido, según cómo sea la recuperación, veremos». Agradece los créditos ICO porque «están muy bien, pero hay que devolverlos», recuerda. Cree que el futuro de muchas de las pequeñas estaciones está amenazado, pero no por el cierre sino porque «cambiarán de manos; las comprarán grandes distribuidoras o fondos de inversión». No espera, por tanto, un descenso en la cifra total de establecimientos en la región, pero sí «que no haya crecimiento».

 

Mercedes Benz
The new Mercedes-Benz C-Class