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Los países de Asia y el Pacífico firman el mayor tratado comercial del mundo

China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y las diez naciones del Sudeste Asiático forman un mercado común con 2.000 millones de personas que suma un tercio de la economía global

Más de 2.000 millones de personas y un tercio de la economía global. Superando ampliamente a la Unión Europea y al acuerdo entre Estados Unidos, Canadá y México, los países de Asia y el Pacífico ya forman parte del mayor tratado comercial del mundo. Lo integran China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y los diez miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN): Vietnam, Tailandia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Malasia, Myanmar (Birmania), Camboya, Laos y Brunéi.

A través de videoconferencia por las restricciones del coronavirus, sus dirigentes han suscrito este domingo la llamada Alianza Económica Regional Integral (RCEP en sus siglas en inglés) de forma paralela a la cumbre virtual de ASEAN. A partir de ahora, sus 15 países se comprometen a reducir sus tarifas aduaneras y a abrir sus mercados y servicios a los demás.

Aunque no es tan ambiciosa política ni económicamente como la UE, supone un trascendental esfuerzo de integración entre las naciones tan diversas que componen esta nueva Alianza. En estos tiempos difíciles del coronavirus, que ha traído la primera recesión en dos décadas a Indonesia y un hundimiento del PIB filipino del 11,5%, sus miembros optan por mayor apertura comercial en lugar de por el proteccionismo.

Pero lo más importante es que refleja el liderazgo de China en la región, la más populosa y dinámica del mundo, frente a la retirada que ha protagonizado EE.UU. bajo los cuatros años de mandato del derrotado presidente Trump. Mientras la Casa Blanca abandonaba el Tratado Transpacífico (TPP), que había abanderado Obama, y prefería buscar acuerdos bilaterales de libre comercio, el régimen «capicomunista» de Pekín impulsaba esta especie de mercado común para Asia y el Pacífico. En su condición de «fábrica global», nada podía interesarle más que este jugoso pastel de 650 millones de potenciales consumidores.

Además, el acuerdo servirá para expandir aún más las inversiones internacionales de China a través de sus «Nuevas Rutas de la Seda», o proyecto de «Una Franja, Una Ruta», como lo denomina la propaganda. Temiendo una avalancha de los baratos productos chinos y una masiva entrada de su capital que pusiera en peligro sus intereses nacionales, la India decidió retirarse finalmente de este proyecto, pero tiene las puertas abiertas para entrar si cambia de opinión. Si así fuera, esta Alianza sumaría 3.600 millones de personas y tendría un potencial que evidenciaría, aún más, el viraje de la economía global de Occidente a Oriente.

Después de ocho años de negociaciones, el primer ministro chino, Li Keqiang, se congratulaba en un comunicado de la constitución de esta Alianza, que definía como «el acuerdo de libre comercio más prometedor del mundo» al cubrir «la mayor población y los países más diversos». En una velada respuesta a quienes piden aislar a China al culparla de la pandemia por su ocultación inicial de información y la poca transparencia de sus datos, Li insistió en que «el multilateralismo y el libre comercio son el camino correcto adelante, y siguen como la dirección adecuada para promover el crecimiento de la economía mundial y el progreso de la Humanidad».

Mientras el primer ministro de Vietnam, Nguyen Xuan Phuc, se declaraba «feliz después de ocho años de discusiones complejas», el titular de Comercio de Malasia, Mohamed Azmin Ali, reconocía que el acuerdo había costado «sangre, sudor y lágrimas». Por su parte, el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, abogaba por seguir «ampliando una zona de comercio libre y justo, incluyendo la posibilidad del futuro regreso de la India, y por ganar el apoyo de otros países», en clara alusión a su socio estadounidense.

Aunque el acuerdo facilitará la integración comercial de estos 15 países y levantará numerosas barreras, no entra a armonizar políticas medioambientales ni laborales. Por ese motivo, sus críticos temen una «colonización a la china» de los países más pobres del Sudeste Asiático, donde su presencia ya es notable.

Ahora está por ver si el nuevo presidente de EE.UU., Joe Biden, recupera el papel perdido por Trump en Asia, tanto en el Tratado Transpacífico como en el desarrollo del corredor Indopacífico que, desde la India hasta Oceanía pasando por Japón y el Sudeste Asiático, pretende contrarrestar el auge de China. Pero, claro, antes habrá que ver si Trump deja que Biden ocupe el Despacho Oval.

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