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Mikel Buesa retrata a Marlaska: «La poltrona de Interior la ocupa el amigo de los terroristas»

“Sus patrocinados en nada han ayudado a resolver los más de trescientos asesinatos de ETA que aún reclaman la acción penal de la justicia”

Se acuerdan ustedes del famoso mayordomo del anuncio, aquel que hacía la prueba del algodón?

Pues bien, si tuviese que comprobar si el ministro del InteriorFernando Grande-Marlaska, pasa o no la prueba de su lucha contra los resquicios de ETA, la conclusión del sirviente sería negativa.

Mikel Buesa, hermano de Fernando Buesa, el socialista asesinado por la banda de Arnaldo Otegi, escribe este 21 de noviembre de 2020 en La Razón un duro artículo contra el titular de la cartera de Interior:

Un amigo de terroristas ocupa la poltrona del ministerio del Interior. No lo es de antiguo. Más bien se trata de un neófito que, como siempre ocurre, se ha convertido a lo peor y ha pasado, sin solución de continuidad, de encarcelar etarras a concederles prebendas que preludian su pronta liberación. Todo a su tiempo, porque en esto el disimulo es imprescindible, no vaya a ser que los que fueron sus víctimas se mosqueen más de lo necesario.

Pone en solfa el famoso papelito que se le da a firmar a los presos etarras:

Por eso, su nuevo amigo les dice que firmen un papelito que es, más o menos, parecido a aquel de adhesión a los Principios del Movimiento que suscribían, en el régimen anterior, todos los que trabajaban en la función pública, solo que ahora lo que dice es que el signatario está arrepentido. Lo malo es que no se sabe de qué, pues resulta notorio que a los agraviados –que son los únicos portadores del perdón– nadie les ha dicho nada.

Subraya que en absoluto los terroristas suscriben ese documento ahogados por un sentimiento de culpa o de sincero arrepentimiento:

Además, de acuerdo con nuestras leyes penales –que, en esto, son copia de las que se instituyeron en Italia para combatir a las Brigadas Rojas– el concepto de arrepentimiento, como destacó acertadamente Leonardo Sciascia poco antes de morir, «es un sinónimo exacto de delación» que «nada tiene que ver con la conciencia, los sentimientos humanos o los principios morales».

Y, claro está, para el amigo de terroristas –que de esto algo debiera saber– el referido papelito no es más que un tapujo, un señuelo para los ignorantes de su cuerda, pues sus patrocinados en nada han ayudado a resolver los más de trescientos asesinatos de ETA que aún reclaman la acción penal de la justicia.

Concluye Mikel Buesa con una vieja admonición asegurando que al final lo único que está haciendo Marlaska es cumplir con la obligación impuesta por su jefe, Pedro Sánchez, que no es otra que asegurarle los votos necesarios para poder seguir en el Palacio de La Moncloa:

No busque el lector en ese amigo nada que vaya más allá de procurar a su presidente los votos que necesita, como corresponde a un siervo fiel que ha decidido compartir la fortuna de su mentor. Por eso, cabe recordarle la admonición que, según Sófocles, hizo Neoptólemo, el hijo guerrero de Aquiles y de Deidamía, a Filoctetes: «A cuantos cargan con males voluntarios, como tú, no es justo que nadie les tenga clemencia ni compasión».

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