Portada » Parag Khanna: «Hay cero confianza en China, no por la pandemia, sino por la historia»
Actualidad

Parag Khanna: «Hay cero confianza en China, no por la pandemia, sino por la historia»

El exasesor de Bush y Obama, una de las principales referencias en el estudio del nuevo orden planetario del siglo XXI, analiza el mundo que viene tras la pandemia del coronavirus, marcado por el auge de China frente a EE.UU., pero también por el multilateralismo

Nacido en la India, educado en Emiratos Árabes Unidos, Alemania y Nueva York, y formado profesionalmente entre Estados Unidos, Europa y Asia, Parag Khanna es a sus 43 años un «hijo de la globalización». Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Georgetown y doctorado en la London School of Economics, ha trabajado para el Foro de Davos y Brookings y ha sido asesor de la Administración Bush en Irak y Afganistán y de Obama en el Consejo Nacional de Inteligencia. Además de asesorar a gobiernos de todos los continentes, ha escrito seis libros e innumerables ensayos sobre el nuevo orden mundial del siglo XXI. Tras analizar la pérdida de la hegemonía de EE.UU. y la configuración de un planeta

multipolar en la trilogía iniciada con «El segundo mundo» y concluida con «Conectografía», su última obra, «The future is Asian», describe el viraje económico de Occidente a Oriente no solo por el auge de China, sino de los demás países de esta región. Con una camiseta del Barcelona, en cuya academia de Singapur estudia su hijo, Parag Khanna atiende a ABC por videconferencia desde su casa a orillas del Estrecho de Malaca, la ruta marítima más transitada de la globalización.

¿Cambiará el coronavirus el mundo globalizado?

Seguiremos teniendo un mundo globalizado. Pero el modo y los niveles de globalización cambian. Algunos dicen que es el fin de la globalización o que está volviendo atrás, pero no es verdad. Hay aspectos de la globalización que no existían hace una década, cuando algunos ya auguraban su fin por la crisis financiera de 2008. Millones de personas trabajan de forma remota y fondos de pensiones occidentales se invierten en China. Es ridículo cuando se habla de la globalización en un solo aspecto.

La crisis financiera de 2008 impulsó el auge de China y el declive de Occidente, o al menos ayudó a nivelarlos. ¿Hará lo mismo el coronavirus? Ya hay estudios que vaticinan que el PIB de China superará al de EE.UU. en 2028, antes de lo previsto.

El PIB per cápita sube en China porque la economía crece y se reduce la pobreza. Al margen de eso, no creo que la fecha en que China se convierta en una economía mayor que EE.UU. en términos nominales sea importante. La población de China es tan grande que eso es inevitable. Además, en términos de paridad de poder adquisitivo, la economía de China es mayor que la de EE.UU. desde hace seis años. El propósito de China no es tener unos ingresos per cápita de 60.000 dólares, al menos no con el modelo medioambiental actual. Lo importante es la calidad de vida. Un indio vive en una sociedad más libre que un chino, pero la capacidad del indio de tener una vida digna es solo una fracción de la del chino. La calidad de vida de un chino es más alta incluso aunque tenga menos libertad política.

Hablando de la India, ¿alcanzará algún día a China?

La India nunca se equiparará a China. Tendrá más población en cinco o diez años. ¿Pero será tan importante en términos geopolíticos o económicos? ¿Será el primer socio comercial de 130 países? ¿Tendrá un Ejército que llegue a todo el mundo? ¿Será tan relevante o tendrá un asiento permanente en el Consejo de Seguridad? Por supuesto que no. La India tiene que centrarse en ser mejor y atraer la inversión que ha logrado China y sus infraestructuras.

¿Cambiará Biden la política de EE.UU. con China? ¿Podrá formar un «bloque democrático» para enfrentarse a China en asuntos como Xinjiang, Hong Kong y la creciente represión bajo el presidente Xi Jinping?

Soy muy escéptico. No creo que EE.UU. tenga una política con China, sino que ha estado siempre reaccionando. Si hay una política hacia China, no ha tenido éxito. La política era atajar el déficit comercial, pero ha crecido. La Administración Biden será también reactiva. Trump intentó unir a otros países, como Japón, India, Australia, Vietnam e Indonesia, apoyando a sus armadas para que se defendieran por sí mismos en el mar del Sur de China. Eso se considera una «política buena» y Biden la continuará. Presionar a China en otros asuntos, como la apertura de su mercado, la protección intelectual y el fin de los subsidios estatales, son problemas que perduran desde que se unió a la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace veinte años. Europa ha sido más efectiva en este aspecto que EE.UU., ya que acaba de firmar un tratado de inversión con China y va a presionar por sus intereses económicos sin importarle si Biden se suma o no. Habrá que ver si Biden tiene algo que ofrecer, pero ya ha dicho que no se unirá al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP). Además, ha prometido que no firmará acuerdos comerciales a menos que beneficien a los trabajadores estadounidenses. Pero, si las compañías americanas saben que Biden no se unirá al TPP, se externalizarán todavía más en Asia, operando como «joint-ventures» para tener mejor acceso a sus mercados. Ahora mismo escuchamos propuestas ideológicas como tener una «conferencia de democracias», pero no pragmáticas. En Asia es todo más material, es sobre la economía, el comercio, la inversión…

¿Le dará eso espacio a China para ser todavía más influyente?

Sí, pero, en términos comerciales, EE.UU. ya no tiene tanta influencia. Norteamérica solo representa el 14 por ciento del comercio global porque su autosuficiencia es mayor. China comercia más porque lo necesita. Europa hace lo mismo y, además, establece las reglas del juego.

China también ha formado con otros 14 países de Asia-Pacífico la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), el mayor bloque comercial del mundo. ¿Emerge Pekín como el ganador de la pandemia frente a Occidente, hundido por el coronavirus?

China se beneficia y las otras naciones también. Y, si no confías en Pekín, puedes producir tus artículos en Vietnam, Tailandia o Filipinas, y luego exportarlos a China con menos obstáculos. Tenemos que ver cómo resulta. Puede que China viole el acuerdo y continúe con sus exportaciones mientras impone restricciones en su mercado… Pero estos países también pueden imponer restricciones a China y limitar la inversión extranjera en sectores críticos. China tendrá ahora más influencia en Asia, no solo por este tratado, sino también por el comercio creciente en la región, que data de 1998, y por las «Nuevas Rutas de la Seda».

¿Solucionará el comercio los enfrentamientos que Pekín tiene con otros países de ese tratado, como Australia, Japón o Vietnam?

Asia ha conseguido la convergencia geoeconómica con el comercio, la tecnología y las inversiones, reduciendo fricciones geopolíticas. La cuestión es si se puede mantener esa tendencia. Hay indicadores en ambas direcciones. En la parte positiva, tenemos este acuerdo comercial y el acercamiento entre China, Japón y Corea del Sur. Pero también hay ejemplos pesimistas, como la tensión de China con Taiwán, India y Australia. Hay que analizar este equilibrio y, si estalla una crisis o una guerra, eso no significa que toda Asia se hunda.

A los frentes de China con Taiwán y la India se suma Vietnam. ¿Pueden explotar todos juntos?

China tiene muchos frentes abiertos en Asia. Cuando voy a Pekín, advierto a los funcionarios, académicos y periodistas: ¿Queréis tener una guerra con 14 frentes? A veces, parece que China quiere eso. EE.UU. está apoyando iniciativas muy positivas y correctas bajo mi punto de vista, creando una Asia estable y multipolar, pero no es una idea americana, sino de Japón y la India: el Indopacífico. La idea del equilibrio, en el que hay un papel para las potencias secundarias, viene de Europa y de Asia.

La imagen de China está dañada por la pandemia, pero Xi Jinping sigue endureciendo su diplomacia con los «lobos guerreros». ¿Estamos ya en una «Nueva Guerra Fría»?

No vivimos en un planeta en el que los países tengan que escoger bandos. ¿Cómo puede haber una «Nueva Guerra Fría» entonces? Es un término inventado en Washington pero no se corresponde con la realidad, donde se están formando distintas coaliciones entre países. Por otra parte, la diplomacia de los «lobos guerreros» empezó antes de la pandemia, es parte del nacionalismo de Xi Jinping para mantener el apoyo de la gente y no parecer débil. La mayor parte de esta diplomacia es para consumo interno. Pensar que es para el extranjero es no interpretar bien a estos países. Creo que es Pekín el que le ha hecho un daño permanente a la confianza en China. Hay cero confianza en China desde hace tiempo. Y no es por Trump ni por la guerra comercial ni por la pandemia… ¡Es por la historia! China no es el tipo de país del que te fías, sino con el que haces negocios.

En los últimos tiempos, ha aumentado el «ruido de sables» de China contra Taiwán. ¿Se atrevería Pekín a invadir la isla como hizo Rusia con Crimea?

Es posible, pero son dos escenarios distintos. El nivel de preparación de Taiwán para defenderse es muy pobre. Militarmente, habría más una resistencia civil y eso sería muy feo.

Hubo un momento en que se pensaba que la apertura económica de China traería la democracia, pero está pasando justo lo contrario y Xi Jinping es el líder más autoritario desde Mao. ¿Qué debería hacer Occidente?

Europa toma una aproximación legalista con China, no necesariamente ideológica como EE.UU. Las instituciones europeas promocionan el imperio de la ley a través de asistencia técnica, por ejemplo formando jueces, policías, funcionarios, partidos políticos… La UE actúa y EE.UU. habla. Hablar de democracia no crea democracia. Preparas a la gente para la democracia o no. Este es el contexto también del acuerdo de inversión de la UE con China, que nunca hasta ahora se había comprometido a respetar principios medioambientales o mejorar sus condiciones laborales… Si no hubiera hecho estas promesas, no habría logrado dicho acuerdo. Ahora, lo ha prometido por escrito y es un éxito legal para Europa. Es una buena postura porque no se pueden cambiar sociedades solo con sanciones, como se ve con Rusia, Siria, Irán, Cuba, Corea del Norte, Birmania… Apoyo firmemente la postura europea. No me importa si Merkel no le lee la cartilla a China sobre democracia. Como bien sabemos, no haces amigos en Pekín con reprimendas públicas, sino con conversaciones privadas. Si no sabes eso, no sabes nada de China.

Pero la represión se ha vuelto mucho peor y están ocurriendo barbaridades como el confinamiento de uigures en campos de reeducación en Xinjiang sin haber cometido ningún delito, solo por ser musulmanes.

En 2006 pasé meses viajando por Xinjiang y Tíbet. Informé sobre las violaciones de derechos humanos y la vigilancia estatal. Lo encuentro trágico, represor y genocida. Pero no es algo nuevo. Repito: las sanciones no funcionan. Cambias una sociedad invirtiendo en ella.

¿Hay riesgo de que el autoritarismo chino influya a otros países en vías de desarrollo, o incluso a naciones avanzadas, por su éxito económico y su control de la pandemia?

Se habla del «modelo chino» desde hace quince años, pero no hay tal modelo fuera de China. A nadie le gusta China. Es China la que aspira a ser como Europa. Europa tiene sostenibilidad, un alto nivel de vida, trabajadores cualificados, asistencia médica universal, educación gratuita, buenas infraestructuras, estado del bienestar… China quiere ser una versión gigantesca de Alemania. El flujo de ideas, innovación, conocimiento y política todavía va de Occidente a Oriente. Los europeos deberían tener más confianza en sí mismos.

Entonces, ¿por qué es la pandemia en Occidente mucho peor que en Oriente?

Por la falta de confianza en los gobiernos y la insuficiente independencia y apoyo fiscal a la administración pública, que es aburrida pero más importante que la democracia.

Etiquetas
Mercedes Benz
The new Mercedes-Benz C-Class