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PP y Vox no ven marcha atrás en su ruptura

Génova da por rotos «todos los vasos comunicantes» con la formación de Santiago Abascal

En el Partido Popular hay quien compara a Vox con el hermano adolescente, que cree que se va a comer el mundo caiga quien caiga y cuando le das una colleja se queda indignado durante semanas o incluso meses. Puede ser la caricatura de la situación actual en la derecha, donde la realidad se parece más a una guerra interna sin cuartel, con posturas irreconciliables, en la que solo podrá haber un vencedor, que se hará con la hegemonía del centro-derecha en España. El Pleno del Congreso de la semana pasada fue el escenario perfecto para que la izquierda disfrutara del «espectáculo» bélico en la bancada de enfrente, con un Vox claramente herido y dolido todavía por aquel ya mítico «hasta aquí hemos llegado» que les soltó Pablo Casado en la moción de censura, y

con un PP que intenta mantener un discurso propio y se esfuerza para no mirar de reojo siquiera al partido de Santiago Abascal.

En el patio del Congreso se han escuchado cosas como estas, en boca de diputados de Vox: «Estamos solos ante el Frente Popular, porque el PP ya forma parte de ellos». Definitivamente, están indignados con lo que siempre han llamado «derechita cobarde» y no olvidan algunas de las cosas que se dijeron en la moción de censura, como aquello que Casado lanzó a Abascal con forma de misil: «No somos como usted porque no queremos ser como usted». Así, personalizando y haciendo añicos lo que, según Vox, fue una gran «amistad». «Ni amistad ni historias, ambos coincidieron en el partido en algún momento de su vida, pero nada más, ni son amigos ni lo han sido», replican en el PP, donde tienen claro que a Vox le conviene que se confunda a uno y a otro.

Más allá del discurso de Casado, que sin duda marcó un punto de inflexión en la relación del PP con Vox, y por extensión en la dinámica del centro-derecha en España, en el partido liderado por Abascal apuntan a un responsable de la guerra abierta entre ambas partes desde hace tiempo y de la pésima relación que ya tenían sobre todo desde el verano. «El culpable de todo esto es Teo», sentencian en las filas de Vox, en alusión a Teodoro García Egea, secretario general del PP y persona de la máxima confianza de Casado. «Es él quien dirige los mensajes contra nosotros y el que ha enrarecido y complicado las relaciones con una estrategia de ruptura desde el principio».

Unos minutos después, el aludido sale del hemiciclo y cruza el patio del Congreso, camino de la cafetería con su equipo. El número dos del PP sentencia que la ruptura con Vox es definitiva: «Somos partidos distintos, con proyectos distintos, y así se tiene que ver», comenta a ABC.

La ruptura del PP con Vox no es fortuita, ni se decidió en el último minuto antes de la moción de censura. La estrategia viene de lejos, diseñada por Pablo Casado con su núcleo duro, y llevada a la práctica por García Egea, el «brazo ejecutor». En el PP empezaron a constatar las señales hostiles de Vox desde que este partido aterrizó en el Congreso: «Nos presentaron una OPA hostil desde que llegaron. En privado nos decían que querían eliminarnos». «La izquierda llevaba 30 años queriendo que hubiera un partido como Vox y usted se lo ha regalado», reprochó Casado a Abascal en el Parlamento. Cuando García Egea afirmó en una entrevista en ABC, el verano pasado, que «mientras Vox exista, Sánchez tiene asegurada La Moncloa con sus votos», estaba desenterrando el hacha de guerra contra el partido de Santiago Abascal.

Amistad «interesada»

Los estrategas de Génova vieron el peligro desde el primer momento, cuando percibieron que desde Vox se quería hacer ver que Abascal y Casado «son lo mismo», amigos de toda la vida, con una ideología muy parecida, y por lo tanto da igual votar a uno que a otro. Y como el mensaje de Vox se percibía más rotundo y valiente para un electorado de derechas cada vez más indignado por la situación del país, en un escenario que favorece la polarización, la sangría de votos se presentaba imparable. El PP vio que debía cortar ese «juego» y marcar bien su propio territorio, más cerca del centro político. La moción de censura fue el escenario perfecto para hacer visible el divorcio ante toda España, y para que Casado dejara claro que no le une afinidad alguna a Abascal, de ahí el ataque personal que le dirigió. «Todo el mundo percibió que no son lo mismo», comentan en Génova.

La ruptura, insisten en Génova, es definitiva, sin vuelta atrás. En el PP aseguran que hay dirigentes de Vox que les están llamando a la puerta para entrar en el partido, y no se la están abriendo porque no quieren que se perciba ningún tipo de identificación entre ambas formaciones. «No queremos vasos comunicantes, ni uno». En Vox también aseguran que recibieron mensajes de diputados del PP que se disculparon por los ataques de Casado a Abascal porque creían que ese no era el camino.

El PP sabe que Vox no se va a extinguir a corto ni medio plazo, al contrario de la tendencia que puede tener Ciudadanos. Su objetivo se fija en el espacio que hay entre el PSOE y Vox, a sabiendas de que, llegado el momento, si suman con el partido de Abascal, este no tendrá más remedio que apoyarles para impedir que la izquierda gobierne. Por eso le ven una «utilidad» práctica: Vox ha logrado movilizar a un electorado, en buena parte joven y muy activo, al que no llegaba el PP, y que ha encontrado un motivo para no abstenerse en unos comicios.

En este contexto, la fórmula España Suma, con la que no hace mucho el PP soñó aglutinar al centro-derecha en las urnas, ha quedado totalmente obsoleta, según reconocen los populares. El objetivo del PP sigue siendo la unidad del centro-derecha, pero en torno a sus propias siglas.

En Génova se respira alivio y admiten que sienten «liberación» a la hora de votar, a la hora de decidir. «El mensaje de ruptura ha calado y ahora nos sentimos más liberados para tomar decisiones con independencia de coincidir o no con Abascal».

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