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Sánchez presiona ahora a la Casa Real para que diga dónde está Juan Carlos

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Alberto D. Prieto  Ana I. Gracia

Mantiene el plan que aplicó desde que estalló el escándalo de los negocios oscuros del Emérito: “No le corresponde al Gobierno comunicarlo”.

No diré nada, porque el asunto no me concierne. Ésa es la idea que subyace en el discurso que mantiene el presidente del Gobierno desde que la Casa Real anunció la salida de España del ex Rey Juan Carlos. Ésa idea y otra que le sigue como corolario: a quien le concierne el asunto es a la Casa Real… es decir, aquí hay un problema, pero mío no es.

Han pasado diez días desde el anuncio y la propia Casa del Rey tampoco ha querido aclarar nada. Se ha desmarcado por completo de las informaciones que le sitúan en un determinado lugar o en otro.

En lo referente al Ejecutivo, Pedro Sánchez mantiene la misma técnica que aplicó desde que a finales de febrero estalló el escándalo, con las primeras informaciones referentes a una investigación por blanqueo y delito fiscal en los movimientos bancarios del Emérito.

 

“El Gobierno agradece los gestos de la Casa Real para reforzar la transparencia y la ejemplaridad… y los que se puedan dar en el futuro”, era la frase que se repitió en cada comparecencia del presidente y de su portavoz, María Jesús Montero mientras crecía la polémica. Sobre todo tras las exclusivas publicadas por EL ESPAÑOL, que incluían toda la documentación del caso.

Este miércoles, y desde el mismo jardín del Palacio de Marivent en el que se había reunido con Felipe VI, Sánchez ya explicitó claramente su lavado de manos: “Aquellas cuestiones que tengan que comunicarse vinculadas con el asunto que usted ha referido”, dijo en respuesta a la primera pregunta de las tres preguntas que se permitió a la prensa, “tiene que ser la Casa Real o el propio afectado” quien lo haga, “y no el Poder Ejecutivo en este caso el Gobierno de España”.

Este jueves se cumplen ya 10 días sin que Zarzuela dé cuenta de dónde está Juan Carlos. Tras el último Consejo de Ministros, fuentes de Moncloa aseguraban que el anuncio de la Casa Real en la tarde del día anterior había “trastocado los planes” de Sánchez, quien se aprestaba a la habitual comparecencia de balance de medio curso. Y efectivamente, en el discurso oficial no hubo una sola referencia a la noticia de la jornada.

“No dispongo de esa información”

Los reporteros, todos, preguntaron por lo mismo. Y aquel día el presidente no se salió del argumentario preparado: “Este Gobierno está con el pacto constitucional y, por tanto, con la Monarquía parlamentaria”, por un lado. “Este Gobierno aplaude las decisiones de la Casa Real que profundizan en la transparencia y la ejemplaridad, porque dotan de estabilidad a las instituciones en un momento en el que éstas la necesitan”.

Sólo dudó y, finalmente, respondió inconvenientemente cuando se le insistió en que si no revelaba el paradero de Juan Carlos podría ser porque lo ignoraba: “No dispongo de esa información”, aseguró Sánchez.

Este miércoles, tampoco hizo referencia alguna a Juan Carlos en la apertura de su intervención. Y de nuevo la prensa se centró en ello.

Y cuando se le planteó si ahora ya sabía el destino del ex jefe del estado, el presidente tiró de la frase inicial que había preparado con su equipo de Comunicación, que ya evadía entrar en esos detalles: “Las conversaciones y los despachos que yo tengo con el Jefe del Estado permanecen en la confidencialidad debida y por tanto creo que es importante trasladar a la opinión pública española que somos instituciones distintas; una cosa es el Poder Ejecutivo y otra cosa distinta es la Jefatura del Estado, en este caso la Casa Real”.

Si quieren algo, pregunten en Palacio. Es decir, la presión queda, así, en la Casa del Rey, que deberá ahondar en esos “pasos” o “gestos” que “alimentan la estabilidad” en tiempos “extraordinariamente complicados”, como los que refirió Sánchez que estamos viviendo.

“Majestad, ¿dónde está su padre?”

El presidente se desvinculaba de este modo de todo lo que tenga que ver con la gestión de una situación que, en realidad, ha sido responsabilidad suya desde hace meses. Tanto él como la vicepresidenta Carmen Calvo han estando en constantes “conversaciones” con el Rey y con el equipo de la Casa Real, respectivamente, para arbitrar una solución.

 

Se barajaron “todas las opciones”, según fuentes gubernamentales: desde la retirada del título de Rey Emérito a Juan Carlos a una simple salida de Zarzuela para pasar a residir en otro lugar de España.

Finalmente, se optó por esta especie de exilio temporal. Y Moncloa se apresuró a negar en alto lo que antes no ocultaba en confidencias a la prensa: que se hubiese “negociado” y que hubiese participado en la decisión, “la Casa Real es la que ha decidido, y con sus tiempos“.

En esa situación está ahora Felipe VI, expuesto en sus vacaciones oficiales en visitas oficiales que incluyen encuentros con la prensa… donde ya le han preguntado, delante de sus hijas, “¿Majestad, dónde está su padre?”.

Especulaciones

El rey Felipe VI retomó su agenda institucional como si nada pasara tres días después de conocerse el exilio de su padre. Este miércoles, recibía al presidente del Gobierno en su despacho oficial de verano en el mallorquín Palacio de Marivent.

La estrategia del silencio impuesta en Zarzuela ha desatado todo tipo de especulaciones que sitúan a Juan Carlos desde Portugal hasta República Dominicana pasando por Abu Dabi.

Una de las pocas certezas que se tiene es que Juan Carlos cenó el domingo en Sanxenxo, se alojó en casa de su amigo Pedro Campo, presidente del Club Náutico, y aprovechó para despedirse de algunos los miembros de la tripulación del Bribón. A ellos les dijo que se iba -sin determinar dónde- y que sería algo más largo que unas vacaciones, pero en ningún momento habló de una marcha definitiva.

Cuando Casa Real distribuyó el lunes 3 de agosto a las 18.00 horas el comunicado que recogía esta histórica decisión, la pregunta que nadie respondía era dónde estaba el Rey Emérito. A día de hoy, se sigue desentendiendo del tema. Las primeras informaciones lo situaron en Portugal, pero hubo confusión sobre en qué punto del país vecino se localizaba.

En un principio se dijo que se le había visto en Estoril, la ciudad donde su padre Juan de Borbón estuvo exiliado y donde Juan Carlos pasó su infancia. Al día siguiente lo situaban en Setúbal, a 35 kilómetros al sur de Lisboa, en una finca que pertenece a la familia Brito e Cunha-Espírito Santo.

República Dominicana

Apenas unas horas después llegaron informaciones que aseguraban que el padre del Rey había cruzado el Atlántico y estaba en la República Dominicana, hospedado en casa del magnate azucarero Pepe Fanjul, empresario amigo íntimo suyo. El propio magnate salió a decir públicamente que Juan Carlos era amigo suyo y que estaría encantado de ayudarle en un momento tan delicado como este.

Cinco días después de que trascendiera que Juan Carlos ya no dormía en suelo español se supo que el Emérito salió el lunes 3 de agosto a las 10 de la mañana en un jet privado desde Vigo hasta Abu Dabi. Unas horas después se publicó una fotografía en la que se ve al monarca bajando del citado avión en Emiratos Árabes.

Tras confirmarse este viaje, se barajó la posibilidad de que simplemente fuera un lugar de tránsito para llegar hasta un destino mucho más alejado. Entonces se especuló si Juan Carlos se instalaría en Nueva Zelanda. Años atrás, confesó a su círculo más íntimo que si algún día abandonara España elegiría este lugar, el paraíso para cualquier regatista. Otra de las grandes dudas que envuelven este exilio es quién acompaña al Emérito en su momento vital más complicado.

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