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Un libro sobre el CNI pone patas arriba a Moncloa: «Avisaron de lo que pasaba en China y lo guardaron en un cajón»

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Fernando J. Muniesa trabajaba en la industria militar y aeroespacial cuando empezó a colaborar con altos cargos políticos y de los servicios secretos en operaciones. Así fue como a los largo de los años llegó a conocer lo que se cocía dentro de ‘La Casa’ como su propia su mano.

De esa singular experiencias salieron libros como Los espías de madera , La España otorgada, La venganza de la Mukhabarat y La cara oculta de del Estado (editado por ACTAS) del que Muniesa nos habla en una conversación apasionante plagada de anécdotas y revelaciones sorprendentes.

Muniesa hace una descarnada reflexión sobre los servicios secretos, nada romántica y muy críticas en la que da fe de sus chapuzas y trapos sucios. Un modelo obsoleto, deshilachado, al que solo se han hecho reformas cosméticas manteniendo su blindaje inconstitucional y antidemocrático intacto.

UNA LEY FRANQUISTA

Una de las críticas que hace Fernando J. Minuesa es la inaplazable necesidad de contar con una ley de Secretos Oficiales ajustada al Estado de Derecho, para que la Inteligencia del Estado cumpla con su deber de protegerlo bajo la legalidad vigente. «La actividad de lo que haga el CNI es por una ley inconstitucional oculta hasta para el propio Estado».

«Cuando vino la democracia, los políticos se asustaron de los servicios secretos. Cuando llegó la Transición, no se atrevieron a hacer la Transición en los servicios secretos porque les dio miedo. [El Cesid, por ejemplo, había presionado a políticos al descubrir que eran homosexuales, le contó Muniesa a Javier Chicote

«Pensaban que era una cosa esotérica como en las películas y era mentira. Eran una pandilla de zánganos que se había metido ahí que eran diplomados del Estado Mayor del Ejército. Eran servicios franquistas no del Estado sino del partido, en este caso de la UCD, el partido de Suárez».

«Entonces cuando se monta la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN) entre 1968 y 1972 que se convertirá en el Servicio Central de Documentación (SECED), dicen «oiga, necesitamos una ley de servicios oficiales que ampare las guarrerías que podamos hacer. Los servicios secretos nacen para hacer guarrerías, sino no serían secretos. Entonces hacen una ley franquista que el Preámbulo de 1968 que es parte del cuerpo legal dice ‘en caso de diatriba o polémica, habrá que acudir a la mediación de la Secretaría General del Movimiento y de las Cortes españolas’. Y ahí sigue».

«Desde su creación formal en 1972 y hasta hoy, su actividad permanece oculta incluso para el Estado. Y desde luego para el Parlamento en el que reside la soberanía popular. En la actualidad, los documentos clasificados que pueden permanecer secretos para siempre, ya que nadie está obligado a desclasificarlos. Han usado la Ley de Secretos Oficiales como un cheque en blanco para poner el sello de secreto cuando se hace una guarrada.

«Es más, ni las propias Cortes Generales, que son representantes de la soberanía popular, tienen la menor potestad para acometer desclasificaciones de ningún tipo. No deja de ser curiosa la forma en la que el Estado de Derecho ha retorcido la legalidad en connivencia con los servicios secretos, para que estos puedan conculcarla de forma encubierta gracias a una ley inconstitucional»

«Cuando PP y PSOE quisieron democratizar la ley de Secretos Oficiales con el atentado de las Torres Gemelas prefirieron pasar de puntillas y en la Ley 11/2002 del 6 de mayo dispusieron el artículo 5.1 que las actividades del CNI «constituyen información clasificada, con el grado de secreto, de acuerdo con lo dispuesto en la legislación reguladora de los secretos oficiales» consolidando la impunidad de los servicios secretos».

«En un Estado democrático de Derecho, la defensa y seguridad nacional requieren de ciertos ámbitos de secreto y reserva, pero ello no nos puede llevar a hacer de esos ámbitos zonas oscuras en las que no existe posibilidad alguna de intervención».

«Si no hubiese sido por esa ley franquista, todos los del GAL hubieran ido a la cárcel»

«De no implementarse ese cambio, seguiremos viviendo periódicos episodios de descrédito político y democrático como aquel de la colaboración del propio Gobierno, en las prácticas ilegales del ciberespionaje masivo de la NSA norteamericana».

ENCHUFADOS: «EN EL CNI SE ENTRA POR ENDOGAMIA»

«Los mejores, los más profesionalizados no han ido a parar al CNI por un tema endogámico. Los servicios secretos nacen con 50 oficiales del Estado Mayor. Eso fue malo porque se creó la idea que aquí no entraba nadie que no fuera un patriota y le ponían bola negra. ¿Quiénes sí entraron? Maridos, mujeres, tíos, sobrinos, muchos apellidos que se repiten… Gente de confianza a ellos. Se entraba a dedo. Te coges la lista de los más de 3000 funcionarios del CNI y encuentras familias enteras»

«EL CNI AVISÓ DEL VIRUS»

Aunque Muniesa es muy crítico con el CNI, admite que pasaron varios informes sobre lo que pasaba con el coronavirus en China y que los guardaron en un cajón.

«A mí la información me la dan de la embajada. Hemos mandado lo que no está en los escritos. Pero como Beatriz Méndez de Vigo [jefa de la Delegación en China del CNI] era una tía del PP no le hicieron ni caso. Hizo unos informes acojonantes. Pero como estaba la secretaria de Estado y directora interina del Centro Nacional de Inteligencia, Paz Esteban, que era muy socialista lo guardó en un cajón»

Manuel Cerdán contó en Okdiario que el CNI trasladó la «preocupación» de su delegación en Pekín sobre el Covid-19 pero Moncloa la ignoró.

La pregunta del millón es: «¿El CNI informó de lo que estaba pasando? Segunda pregunta: ¿qué responsabilidades ha tomado al respecto?» Pero claro, dirán: «No podemos hablar de esto porque es secreto de Estado», concluye Muniesa.

 

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