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Vandalizan el bar del hombre para el que Pablo Iglesias exige 14 años de cárcel por protestar ante su mansión

 

Periodista Digital, al igual que ha sucedido con este establecimiento hostelero, también sufrió el ataque de los acólitos comunistas

Acosador de niños menores».

Este es el mensaje que el empresario Miguel Frontera se ha encontrado en su bar, cerrado actualmente por la crisis que ha generado la pandemia del coronavirus, y que varios vecinos de la zona han retirado.

Junto a varias pintadas, entre ellas la bandera republicana, el establecimiento de este hostelero ha quedado señalado por las hordas podemitas, tal y como recoge este 20 de noviembre de 2020 Teresa Gómez en Okdiario.

Y no es de extrañar porque este es el modus operandi de la tropa morada de Pablo Iglesias cuando alguien se le revira y le lleva la contra.

De hecho, aquí, en Periodista Digital, se han sufrido las consecuencias del vandalismo podemita con una serie de pintadas en la fachada y en las cristaleras.

Es más, el vicepresidente segundo del Gobierno socialcomunista se encargó de poner en la diana a Frontera por el simple hecho de administrar a Iglesias el mismo «jarabe democrático» que tanto le gustaba dar a los demás.

El propio dueño del bar ahora vandalizado por los acólitos podemitas ya señalaba en octubre de 2020 el infierno al que fue sometido por el simple hecho de protestar frente al casoplón de Iglesias.

La pesadilla arranca a mediados de julio de 2020 cuando ya se hablaba de que el líder de Unidas Podemos exigía meterle en prisión, 14 años nada más y nada menos:

Los cargos que se me imputaban eran mucho más serios, me quería meter en la cárcel sí o sí. Yo creo que Iglesias estaba cabreado por sus malos resultados en las elecciones gallegas y quiso pagarla con alguien. Yo me encontraba en una zona donde el terreno se eleva como unos 20 metros y me puse a grabar, aunque realmente no se veía nada del interior de la vivienda. De repente salió de la casa Iglesias y dejé de grabar. Le acompañaban sus escoltas. Escuché a un señor que decía que Pablo había dicho que quería detenciones ya y que rodaran cabezas. Imaginé la que se venía.

Recuera el momento de su detención y hasta como tuvo que entregar su teléfono móvil. Y todo esto con su hija presente:

Cuando la gente que había allí empezó a dispersarse, la Guardia Civil me dijo no podía irme y que les diera mi teléfono. Sin una orden judicial ni nada. Se lo quedaron y no me lo devolvían, de hecho, aún lo tienen y no hay manera de recuperarlo. Entonces me dijeron que me iban a detener y que les dijera qué quería hacer con mi hija, porque yo no podía volver a casa. No me esposaron, la verdad que los agentes se portaron muy bien conmigo. Me llevaron a la comandancia de Galapagar y tras cinco horas allí me soltaron después de firmar unos papeles.

El resultado fue que el caso se archivó y el propio Frontera respondió interponiendo una doble querella contra el político morado:

Con todo esto, Pablo debe de haberse quedado quemadísimo, me debe odiar, porque no ha conseguido nada. Le han archivado todas las causas. Ahora confío en que la doble querella contra Iglesias prospere, para que se dé cuenta que no nos puede acosar judicialmente de esta manera.

Sin embargo, la pesadilla para Frontera no ha finalizado dado que los abogados de Iglesias han conseguido que se reabra el caso y que vuelva a estar flotando la posibilidad de tener que ingresar en la cárcel en función de lo que pueda entender otro magistrado.

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