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Zasca de Luis Ventoso a un irritado Simón: «Poco le importó cuando posó de motero superguay»

El ‘experto’ se cabrea cuando los periodistas le preguntan por su escapada a hacer surf en Portugal

El epidemiólogo está endiosado y ahora no admite críticas.

Fernando Simón, encumbrado por medios de la progresía de postín a los altares de la popularidad, considera que todas sus acciones han de ser premiadas o, como poco, no ser sometidas a censura.

El problema es que el mismo fin de semana en el que el director del Centro Coordinador de Alertas y Emergencias Sanitarias recomienda no hacer desplazamientos innecesarios, él se coge la tabla de surf y a correr olas en El Algarve, en Portugal.

Y, claro, a la primera comparecencia pública, pregunta de obligado cumplimiento sobre ese viajecito luso y cabreo de Simón por entender que no tiene sentido una pregunta de corte personal cuando se está en una rueda de prensa sobre aspectos técnicos.

Sin embargo, Luis Ventoso, en su columna de este 31 de julio de 2020 en el diario ABC fulmina al ‘experto’, a la cara gubernamental del coronavirus, recordándole que él, como cargo público que es, está obligado a dar explicaciones públicas:

España es una democracia todavía joven, y se nota. Se palpa, por ejemplo, en la resistencia del poder político a las prácticas de transparencia. O en el poco respeto a la verdad en la vida pública, con una sociedad que admite que le mientan con unas tragaderas decepcionantes (el último embuste es que el celebérrimo comité de sabios que asesoraba a Illa y Simón en realidad nunca existió). También se percibe en la mejorable calidad de nuestro periodismo. Las preguntas suelen ser mansas, poco incisivas si se comparan con las de nuestros colegas de las viejas democracias anglosajonas.

Recuerda Ventoso que los periodistas no están en la profesión para hacer amigos, sino para controlar a quienes gobiernan el país:

Pero la misión de los periodistas no consiste en las relaciones públicas y en caerles bien a los políticos, sino en auditar la labor de los que nos gobiernan. Ayer una periodista de ABC, Josefina G. Stegmann, formuló al doctor Simón tres cuestiones pertinentes. Le planteó si estamos ante una segunda ola del coronavirus o no. Le preguntó por el malestar del sector turístico español ante sus polémicas declaraciones sobre la cuarentena británica, y por último, por su viaje de vacaciones sin mascarilla por Portugal. La tercera pregunta irritó a Simón: «Es mi vida privada y es de mal gusto que me preguntes eso en una reunión técnica. No voy a hablar».

Ese desplante de Simón hace que el columnista de ABC recuerde lo que sucedió con un asesor de Boris Johnson en plena pandemia y como tuvo que dar toda clase de explicaciones por saltarse las propias normas dictadas por el Gobierno británico:

Dominic Cummings es el principal asesor de Boris Johnson, su cerebro estratégico. El 27 de marzo, su mujer se sintió mal. Temerosos de que tuviese coronavirus y de que él también pudiese contagiarse, dejando sin asistencia a su hijo de cuatro años, la pareja se subió a su coche y viajó desde Londres a 425 kilómetros al norte, para dejar al niño al cuidado de sus abuelos.

En aquellos días el Gobierno británico recomendaba no viajar, así que cuando se descubrió se armó una polvareda política y periodística enorme. El debate marcó la agenda varios días y Cummings hubo de dar todo tipo de explicaciones. ¿Por qué? Pues porque en una democracia de solera se asume que los representantes públicos están obligados a un plus de ejemplaridad y, por supuesto, no deben saltarse las normas que obligan a todos, ni mentir.

Ventoso, irónicamente, no duda de las cualidades profesionales de Fernando Simón, pero sí pone en tela de juicio su formación democrática:

Damos por descontado que Simón sabe mucho de virus (ahí está su tranquilizadora frase del 13 de febrero: «En España no existe riesgo de infectarse»). Pero de democracia anda flojo. Ofreció un primer indicio cuando tachó de «indignos» a los medios que cuestionamos al general de la Guardia Civil que alardeó de que peinaba las redes sociales para evitar críticas al Gobierno. Ayer, cuando se le preguntó qué hacía de asueto en Portugal y sin mascarilla, cuando el Gobierno había recomendado a los ciudadanos reiteradamente el turismo interior en España y la protección facial, Simón respondió molesto que eso es su «vida privada» y se negó a contestar. Y ahí se equivoca.

Esgrime el articulista de ABC que este ‘experto’ sanitario desempeña una labor pública y, por tanto, está sometido a una auditoría por parte de unos ciudadanos a los que ha aconsejado justo lo contrario de lo que él hizo:

Es un cargo público y debe dar una explicación ante un comportamiento que cuando menos suscita debate. Por otra parte, preservar su vida privada nada le importó a la hora de posar a lo Brando en portadas de revistas y quedar de motero súper guay. El doctor tal vez necesita más trabajo en el laboratorio clínico, a ver si al menos logra cuadrar los datos, y menos en el laboratorio propagandístico de Sánchez.

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