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Bienestar

Cómo mantener fuertes los vínculos del amor en la pareja

La psicóloga y terapeuta familiar Marta de Prado García explica en su obra «Cómo te relacionas en pareja» las claves para mantener vínculos afectivos sanos

¿Cómo y por qué eliges a tu pareja? ¿Qué es lo que te hace sentirte bien en esa relación? ¿Y mal? Tenemos una tendencia natural a mantener relaciones afectivas y a formar parte de un «nosotros» pero en ocasiones el miedo a la soledad puede conducirnos a mantener relaciones que nos perjudican y a ocultar este daño tanto a los demás como a nosotros mismos. La psicóloga Marta de Prado García pone sobre el papel en su obra «Cómo te relacionas en pareja» ( Ed. Loquenoexiste) más de dos décadas de trabajo como psicoterapeuta y aporta las claves para mantener relaciones afectivas sanas, basadas en la comunicación, el crecimiento y el respeto mutuo.

A la hora de hablar de las dinámicas que se establecen en las relaciones de pareja, la psicóloga distingue dos tipos: vinculares e instrumentales.

En las primeras, las relaciones vinculares, lo que mueve a la pareja es la sensación de amor, de «par», de iguales y de «equipo». No existe un abuso de uno hacia el otro. «Es como si hablásemos de un par de zapatos: tienen sus diferencias y cada uno de ellos es para un pie distinto, pero son de la misma talla, del mismo modelo, van en la misma dirección y encajan. Lo mismo sucede con una pareja que tiene una relación vincular», explica.

Pero en el caso de las relaciones instrumentales se pierde ese «par de iguales» en favor de un «para qué» de modo que una de las partes sale beneficiada (o perjudicada) o incluso ambas pueden salir perjudicadas. Sin embargo, la cuestión radica no tanto en saber cuál de ellos resulta beneficiado sino si esas diferencias generan o no una «relación entre iguales». Y ahí, según explica la experta, es donde nos encontramos que esa relación no se produce «entre pares o entre iguales». Veamos las razones que explican por qué sucede esto conociendo los tres tipos de relaciones instrumentales (con roles activos y pasivos en cada una de ellas) que describe la experta: «mantenedor» y «mantenido»«protector» y «protegido» «salvador» (o rescatador) y «salvado» (o rescatado).

Marta de Prado García.

En la relación entre el «mantenedor» y el «mantenido» la persona que mantiene al otro siente que se quedará siempre a su lado porque cree que le da calidad de vida, bien a nivel emocional o económica, mientras que el mantenido piensa que no puede separarse de su pareja porque cree que sin él o sin ella nunca podrá encontrar el mismo estado de satisfacción de sus necesidades. «La sensación que se tiene en este tipo de pareja es que uno no puede cubrir sus necesidades sin el otro», explica Marta de Prado.

En el caso del «protector» y el «protegido» nos encontramos ante una relación en la que uno de ellos hace de «papá» o de «mamá», de modo que el «protegido» siempre necesitará del «protector» para hacerlo casi todo, como si fuera un niño pequeño. En cuanto al «protector» sentirá que su pareja no es realmente su pareja, sino su hijo o su hija de modo que no tendrá la sensación de trabajar en «equipo» con un igual sino de cuidar constantemente al otro.

La relación entre el «salvador» y el «salvado» lleva a una sensación de «deuda permanente» con el rescatador de modo que el «salvado» siente que debe al otro su permanencia en la relación (o incluso su obediencia o sumisión) por haberle ayudado en una situación angustiosa, difícil o a veces insalvable. El «salvador» asume así ese rol de buena persona o de «admirado».

«Una pareja es un equipo y ambos deben estar al mismo nivel»
Marta de Prado García

¿Qué es una relación sana?

Una vez que hemos visto las dinámicas que pueden establecerse en la pareja la psicóloga Marta de Prado explica que en las relaciones vinculares se establece una perspectiva de igualdad y de sensación de equipo que hace que en ella cada uno de los miembros complemente al otro, mientras que en la instrumental hay desigualdad. «La clave para saber si nos encontramos en una relación instrumental es comprobar si nos genera sufrimiento», revela.

Para cuidar y reforzar esa sensación de equipo que define a una relación vincular la experta propone atender a estos aspectos:

– Tener pasión e intimidad con la pareja. Cuando se refiere a esta cuestión la psicóloga no habla únicamente del ámbito sexual, sino a una cuestión más genérica que tiene que ver con que nuestra pareja nos resulte «apetecible: para charlar, para echarse una risas, para dar un paseo, para ver una película juntos, para preparar juntos la comida, para organizar la casa… La idea es que no «estemos con el otro por estar» sino que «disfrutemos estando juntos».

Y para mantener viva esa apetencia la psicóloga explica que es importante que cada uno de ellos trabaje interiormente pues «no podemos resultar apetecibles» si no somos apetecibles para nosotros mismos. «Si soy apetecible, si soy amable (del verbo ‘amar’, que se me puede amar), entenderé que mi pareja me vea apetecible y me ame, no solo a nivel sexual, sino en otros muchos sentidos», explica.

– Comprometerse afectivamente. «Si juego en un equipo de fútbol y nos enfrentamos en un partido de la Champions dudo mucho que se me pase por la cabeza que mis compañeros vayan a abandonar el partido a los 15 minutos del comienzo de juego, ¿no? Con esto lo que quiero decir es que en el caso de la pareja la idea de compromiso de permanencia afectiva nos lleva a que no podamos estar todo el tiempo con la duda de si mañana mi pareja seguirá o no conmigo pues eso genera ansiedad y hace que la relación no sea equilibrada ni vincular», argumenta.

– Mostrar interés y admiración mutuas. Admirar a la pareja, tener interés por sus cosas (aunque estas no tengan nada que ver con nosotros), preguntarle por su día a día y reconocer sus logros de modo que admiremos a esa persona por lo que es y por cómo disfruta con lo que hace nos lleva a reforzar los vínculos con ella.

En el otro lado de la balanza estarían aquellas actitudes o estados que nos alejan de la visión de equipo en una relación de pareja, como el pánico (tener miedo a ver la realidad o no querer pensar en lo que sucede o no), el aturdimiento (vivir en una especie de mareo emocional y no pensar con claridad), los estados depresivos (afectan a la autoestima y nos llenan de desconfianza y de falta de concentración) y el estancamiento (quedarse paralizado, quejándose del pasado y con miedo al futuro).

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