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Cómo saber si hemos dejado de ser amigos

La amistad es uno de los conceptos más fuertes y arraigados de nuestra sociedad - Adobe Stock

María Alcaraz

La distancia y las obligaciones pueden hacer que resulte complicado mantener en forma nuestras relaciones de amistad

Hay amistades tan intensas, con tantos altibajos y temporales que superar, que no tienen nada que envidiar a los más famosos romances. Hay amistades que se quedan siempre con nosotros, pase el tiempo que pase. Todos recordamos con cariño a nuestro mejor amigo de la infancia, a los amigos que fuimos ganando de adolescentes, y a veces perdiendo.

La amistad es uno de los conceptos más fuertes y arraigados de nuestra sociedad. Si sobre la idea del amor romántico se yerguen un millar de libros, películas, o canciones, la amistad no es menos. Hay pocas series que hayan triunfado y trascendido de la manera que lo hace «Friends». Hay tantas series basadas en grupos de amigos («Girls», «The Big

Bang Theory», «Sexo en Nueva York», «Cómo conocí a vuestra madre»…) que nombrarlas todas es una tarea imposible. Los tres amigos magos con los que han crecido ya varias generaciones de niños, las amigas estupendas que son devoradas por miles a diario… la amistad es uno de los conceptos que más apreciamos en nuestra vida. Bebemos de ella en la ficción y asentamos muchas veces pilares de nuestra personalidad en aquellos que más confiamos.

Pero, igual que hay quienes por muy enamorados que estén, terminan por romper, las relaciones de amistad no son inmunes al desgaste del tiempo. A fin de cuentas, hablamos de relaciones en las que el afecto y la confianza son los pilares. La amistad es una «relación de pareja» que ambas partes deben trabajar por conservar y a veces, aunque nos cueste aceptarlo, las cosas se acaban; también los amigos.

Tipos de amistades

La psicóloga Luz Marina Díaz-Flores, de Alcea Psicólogos, se remonta al conocimiento de Aristóteles para explicar que podemos clasificar las amistades en tres grandes tipos: las que se basan en el placer de la mutua compañía (amistades de placer), las que lo hacen en la utilidad de la asociación (amistades de utilidad), y las que se asientan en la admiración recíproca (amistades en virtud).

Si queremos analizar el estado en el que se encuentra una relación de amistad, la psicóloga insta a que se considere de manera íntima y sincera. Si hablamos de señalar qué es lo que nos hace creer que una amistad está deteriorándose, Díaz-Flores comenta que, según el tipo de amistad (de las tres mencionadas) ante el que nos encontremos, encontraremos un indicador u otro. Si la amistad es funcional, el deterioro comenzará en el momento en el que este elemento funcional desaparezca. «Por ejemplo, si un grupo de amigos se reúne para dar clases de inglés, una vez desaparezca ese elemento, puede peligrar la relación», explica.

«Si la amistad lo que persigue es el placer de la mutua compañía, el placer dependerá de que se mantenga por parte de ambos esa carencia. En el momento que aparezcan otras personas, el vínculo se debilitará», dice la profesional, que por último habla de las amistades de virtud, aquellas que denomina como las «más fuertes», ya que están fundadas en la confianza y el valor profundo. «En este caso las grietas son ocasionadas por la vulneración de la confianza», apunta.

Cómo cuidar una amistad

Para no llegar a este punto de deterioro, es muy importante cuidar nuestras relaciones de amistad como si de una pareja se tratara. La psicóloga Sheila Estévez, especialista en conflictos emocionales, enumera los factores que juegan un papel entre los amigos, siendo estos: afecto, tolerancia, comprensión, poner límites claros para no ser invadido, relacionarse simétricamente, generar complicidad y ser fiel a uno mismo y a lo forjado con la otra persona.

«Cuando sentimos peligrar una relación, los puntos de vista diferentes, si son bien canalizados por ambas partes, hacen que el vínculo que compartimos madure y suba de nivel», explica la profesional. Por ello, al igual que en el resto de cosas en la vida, la comunicación es esencial para poder crecer con una amistad y no permitir que se desgaste. «La meta en común debe centrarse en seguir creciendo y madurando juntos pero desde una versión más actual, cosa que reducirá los conflictos al hablarlos antes de que se rompa el vínculo», añade Estévez.

Uno de los problemas a los que se enfrentan muchas amistades, sobre todo las más adultas, es el distanciamiento. Dejar atrás la universidad, cambiarse de trabajo, tener hijos y cada vez más obligaciones… nosotros vamos avanzando en la vida, sorteando obstáculos, y debemos esforzarnos por no hacerlo solos. «Depende de muchos factores el cómo gestionar la distancia con alguien que no tenemos cerca, pero que sigue presente en nuestra vida y queremos que siga así», explica Sheila Estévez. Por ello, es importante tener en cuenta qué es lo que nos une a esa persona, si continuamos siendo afines, tenemos claras nuestras prioridades y, por supuesto, una buena comunicación. «Es esencial exponer lo que uno siente, evitando juzgar y dejarse llevar por el resentimiento», añade.

La dificultad de aceptar el final

A veces, aunque una amistad se desgaste y no seamos capaz de utilizar los mecanismos posibles para mantenerla, nos negamos a dejarla ir. Comenta Luz Marina Díaz-Flores que esto, por un lado depende del tipo de vínculo que hemos establecido con la otra persona, y por otros, porque «parece existir en el ser humano una necesidad íntima de restaurar el error y de asumir costes». «También podría ocurrir que la persona no vea más caminos futuros y esté cegado por la alegría de los momentos vividos», advierte. Añade Sheila Estévez que, quienes deciden seguir manteniendo amistades que están rotas, sea por el motivo que sea, no están aceptando la realidad, se están encallando en la negación, y esto es algo que en el futuro pasará a ser frustración y resentimiento.

Las amistades que empiezan a mostrar signos de desgaste muchas veces terminan en una inevitable «ruptura», lo cual conlleva un proceso de duelo. «Si esto ocurre, lo idea es intentar ser ecuánimes jugando con justo criterio las causas que produjeron la ruptura, pero esto es algo que no suele pasar, ya que lo más seguro que es que nos quedemos fijados en la herida emocional», explica Luz Marina Díaz-Flores. Por ello, insta a conseguir este «estado de ecuanimidad» que nos permita juzgar la situación de manera racional. También, habla de la importancia de ser capaces de quedarnos con las cosas buenas que nos aportó la amistad. «Seguro que son muchos los momentos de valor que merecen conservarse en nuestro recuerdo pese a que esa amistad ya no esté», dice y concluye: «Pero si el dolor o la herida permanece en el tiempo y nos impide volver a establecer nuevos vínculos, quizá haya algo más profundo que necesita ser analizado».

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