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Bienestar

Las zonas del cuerpo más sensibles al frío y cómo protegerlas

Es importante no frotar las zonas en las que se siente mucho frío, pues puede hacer más daño e irritación en la piel

Incluso los días más fríos pueden ser reconfortantes. Levantarse y ver toda una calle nevada, o un paisaje helador desde nuestro calentito hogar es fantástico. El problema llega cuando salimos a la calle y esa ráfaga fría no se queda a las puertas de nuestra ventana. Si queremos disfrutar de los días, por mucho frío que haga, este no tiene que impedírnoslo. Eso sí, es esencial cuidar nuestro cuerpo y nuestra piel para no sufrir ninguna consecuencia.

El consejo principal de la dermatóloga y profesora universitaria Ana Molina para los días de más frío es dejar de lado querer ir «guapos» y echar mano de aquello que se dice de «ande yo caliente, ríase la gente». Advierte que, en los días muy fríos, lo más importante es proteger las zonas acras o acrales, como manos y pies, así como nariz, orejas, mentón y mejillas. «Es fácil reconocer estas zonas, porque son en las antes empezamos a sentir el frío. Son áreas que debemos abrigar especialmente porque esta sensibilidad al frío hace que puedan sufrir una congelación mucho más fácilmente que otras zonas del cuerpo», explica la doctora.

Es muy importante saber cómo identificar cuando el frío puede ser peligrosos. Y la piel es uno de los indicadores principales. «Esta nos avisa, nos va contando a través de lo que sentimos y lo que vemos en ella cómo está llevando el frío», indica. Para empezar, dice que la primera sensación al tener mucho frío en una zona es sentir como si nos estuvieran quemando, pues una congelación no es más que una quemadura por frío. Si tras sentir eso no «ponemos remedio», después sentiremos una sensación de hormigueo o acolchamiento. Luego, bajará la sensibilidad de esa zona y se pondrá blanca o azulada, como si fuera de goma o de cera y no fuera parte de nuestro cuerpo.

Si llegamos a sentir tanto frío en una zona, e identificamos estos síntomas, es muy importante saber qué hacer, y qué no. «Es importante no hacer lo que solemos hacer todos de forma instintiva: frotar y frotar las manos y acercar esas zonas directamente a una fuente de calor intenso, como agua muy caliente, un secador de pelo o el fuego. Como no sentimos esa piel, podemos dañarla aún más sin darnos cuenta», explica la dermatóloga.

Por ello, la recomendación es sumergir la zona en agua tibia, con paciencia y moviéndola poco a poco. «Si no podemos hacerlo, lo mejor es abrigarla mucho con prendas secas, nunca mojadas, a ser posible lana o algodón, y acudir a casa cuanto antes. Es importante no seguir andando si nos ha pasado en los pies», recuerda.

Por último, la profesora habla sobre los sabañones. Estos son la inflamación dolorosa de pequeños vasos sanguíneos de la piel que se producen en respuesta a la exposición repetida al aire frío, pero no helado. «Suelen producir mucho picor, manchas rojas, hinchazón y ampollas en las manos y los pies, y curan espontáneamente en una a tres semanas», indica la profesional.

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