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Por qué nos gustan las películas de terror aunque nos den miedo

Al ver películas de miedo, en nuestro interior se activa un mecanismo de defensa, que nos hace sentir terror, pero también poder controlarlo

En los grupos de amigos, siempre están los que insisten en ver películas de terror, y los que huyen despavoridos ante la propuesta. También los hay que lo pasan muy mal viéndolas, y no por ello dejan de hacerlo, o a quienes producen risa. El gusto por el terror nunca es igual: hay quienes lo adoran, y quienes lo aborrecen.

Pero más allá de esto, surge una pregunta, ¿cómo es posible que, viendo una película, pasemos miedo de verdad? La psicóloga Laura Merino, de Centro Tap, explica que la respuesta de miedo «es innata, protectora y adaptativa y se experimenta como consecuencia de un estímulo activador que genera la intensa emoción; no es una respuesta racional a un planteamiento lógico y meditado». Pero no

es solo eso, pues ocurre un fenómeno curioso: cuanto más alejado de la realidad sea el planteamiento de una película de terror más miedo puede producir. Esto, comenta la psicóloga, ocurre porque nuestro cerebro entra en una gran contradicción y activa el estado de alarma. «Lo irracional, lo desconocido nos pone en guardia», apunta.

Por esto, explica la profesional, estímulos que con normalidad interpretamos como algo bueno, como la oscuridad, los niños o los payasos graciosos, «en las películas se nos presentan de un modo aterrador». «Sonidos no habituales en la quietud de la oscuridad, niños asesinos, boca fruncida detrás de la sonrisa… en nuestro cerebro se produce una contradicción tan grande que eleva nuestro nivel de alerta y se experimenta de modo reactivo miedo», añade.

«El cerebro siente placer por las experiencias fuertes, aunque no sean positivas»

Otro fenómeno que ocurre que hay personas que, aunque sientan miedo viéndolas, sienten cierto «placer con ello». Comenta la psicóloga que en general, «el cerebro siente placer y predilección por las experiencias fuertes, no se trata simplemente de que sean positivas o negativas, aunque si controlables». Por ello, muchas veces nos decantamos por este tipo de películas, e incluso generan grandes pasiones, como se puede ver con la cantidad de festivales dedicados a ellas. Hay dos factores implicados en que los relatos de terror nos gusten aunque nos hagan pasarlo mal. El primero, que «refuerza positivamente el miedo», es la sensación de gran alivio que experimentamos cuando termina. «El alivio es el que facilita que la previa sensación de miedo se convierta en algo placentero», explica Laura Merino. Por otro lado, también puede ser «reforzador» la sensación de triunfo personal que podemos sentir ante el control que hemos ejercido sobre nuestras sensaciones. «Las películas de terror nos dan una oportunidad de poner a prueba nuestros límites y superarnos, podrían verse como “espacios de entrenamiento” en los que mejorar nuestras fortalezas mentales frente a la adversidad», dice la psicóloga.

Es interesante tener en cuenta que, aunque muchas de estas películas muestren elementos que sabemos que no son reales (como los fantasmas, o los zombies) nos generan la misma reacción de miedo. Esto ocurre, apunta Laura Merino, porque nuestro organismo ante un estímulo «primero reacciona (un “susto” deriva en miedo) y luego razona». Entonces, vemos que una película esta llena de estímulos activadores,«por lo que primero sentiremos el miedo por el sobresalto, (por el primer plano amenazante, por el grito escalofriante…), y luego, cuando somos consciente de que es una ficción, es decir, que lo tenemos bajo control, pasamos a disfrutar la sensación». Por otro lado, explica que, un factor que contribuye a cómo experimentamos estas sensaciones de miedo es si nos vemos identificados con el personaje que está sufriendo. «Su respiración, su sorpresa, su contrariedad por lo que va sucediéndole, corremos con ellos y sentimos con ellos el miedo que nos están mostrando», termina.

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