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Bienestar

Por qué nos paraliza el miedo a equivocarnos

El miedo es una emoción básica necesaria para vivir nuestro día a día - Adobe Stock

María Alcaraz

Aunque el miedo al futuro y los errores son necesarios, hay veces en las que se nos hace imposible de controlar

Sentir miedo es la cosa más natural del mundo, tanto, que casi es imposible no sentirlo de vez en cuando. Sentimos miedo ante una situación intrinsecamente peligrosa, como asomarnos por un acantilado muy alto, o ir en un coche a mucha velocidad. Tenemos miedo, en general, a las cosas que nos enseñan que son un peligro: por ello de pequeños no hablamos con extraños y no nos separamos nunca del lado de nuestra madre cuando salimos de casa. Nos da miedo lo que está fuera de nuestro control, el futuro incierto, el no saber qué va a ocurrir. Y dentro del primario miedo, hay un cariz que nos puede causar tanto reparo, que puede paralizarnos: el temor a equivocarnos, a los errores.

Rafael San Román, psicólogo de la plataforma ifeel, confirma el hecho de que, por carácter general, todos sentimos miedo. «Es una emoción tan básica, que la compartimos con muchos animales», indica. Habla de que, dentro de los miedos que podemos tener, por supuesto se incluyen el miedo a equivocarse, a tomar malas decisiones o a hacer daño a alguien, «Sin ese miedo -y sin el resto de emociones- la vida en sociedad sería muy desordenada y tremendamente agresiva», apunta.

Aunque el miedo a equivocarnos sea una emoción que experimentamos de manera regular, hay quienes lo sienten de manera más exacerbada, tanto, que puede llegar a paralizarlos. Comenta el psicólogo, que puede ser por razones relativas a nuestra personalidad, o el estilo de afrontamiento de los problemas que tenemos. «También influye el ser más inseguros, incluso catastrofistas, el tener menor confianza en sus capacidades y habilidades o ser más perfeccionistas», explica el profesional. Por otro lado menciona que pueden influir nuestras experiencias pasadas. «Si hemos cometido graves errores en el pasado es perfectamente normal (y útil) el tener mucho miedo a cometerlos de nuevo en el futuro. De hecho es un signo de inteligencia y esa emoción nos va a predisponer para tomar medidas preventivas», apunta.

Parálisis por análisis

El psicólogo habla asimismo de la recién denominada «parálisis por análisis». Esto habla de tener un afán de control desmesurado sobre los diferentes factores que influyen en nuestra vida y «de la fantasía de que, incluso en una decisión muy complicada, podemos -si lo repasamos todo una y otra vez- llegar a la decisión perfecta y aséptica en la que el nivel de error será nulo y el nivel de satisfacción será óptimo».

«Nos puede ocurrir en decisiones muy trascendentales de la vida pero también a la hora de decidir si compramos o no este sofá», explica Rafael San Román, y continúa: «Cuando la parálisis se hace muy extrema genera mucha angustia, que es una reacción de la familia del miedo». Aun así, el psicólogo apunta que, examinar los escenarios posibles y tomar decisiones de manera meditada, siempre que no llegue a ser un mecanismo que nos paralice, sí tiene efectos positivos. «Las decisiones fáciles o perfectas existen pero se toman rápidamente y no generan conflictos. Si una decisión nos está costando, incluso si nos está costando mucho, quiere decir que ninguno de los escenarios es perfecto a priori y que todos tienen sus pros y sus contras, pero que debemos optar por alguno de ellos si de verdad queremos avanzar», recomienda el profesional. También, hay veces en las que debemos asumir conscientemente que no es el momento de tomar una decisión sobre este asunto y eso se convierte en la decisión.

¿Las personas seguras tienen miedo?

Puede surgir la duda de si, las personas más inseguras, son estas más propensas a paralizarse ante una decisión complicada. Rafael San Román. «Existen personas con buena autoestima, flexibles, optimistas, de buen conformar… Estas características las protegen de quedar paralizadas ante una decisión, pero esto no quiere decir que no tengan miedo a equivocarse», comenta el psicólogo, que continúa y dice que, este tipo de personas sienten el miedo al error pero en una dosis manejable. «Pueden equivocarse, pero, si eso ocurre, sabrán manejar bien esos errores sin culparse excesivamente por ellos», comenta.

«Todo el mundo, en según qué situaciones, debe tener miedo a equivocarse. Obviamente, ante tareas muy sencillas o que tenemos muy entrenadas ese miedo desciende a cero o bien a un nivel muy asumible. Hay que tener en cuenta también que, en cierto sentido, el miedo es directamente proporcional a lo que consideramos que nos jugamos con cada conducta o decisión, pero que está acompañado de otros factores que pueden atenuarlo o dispararlo», concluye el psicólogo.

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