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Big data, inteligencia artificial y fármacos: una receta magistral

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La aplicación de las más avanzadas tecnologías computacionales puede suponer una mejora drástica a la hora de desarrollar nuevos medicamentos.

Producir medicamentos reduciendo costes y el tiempo de desarrollo con la palanca de la tecnología más innovadora: ese es el objetivo de AItenea Biotech, una start–up que nació en el seno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que aplica la inteligencia artificial (IA) al proceso del desarrollo farmacológico.

En esencia, su objetivo no es otro que dar forma a una nube de datos que relaciona matemáticamente la estructura química del medicamento en ciernes con su actividad biológica. El proceso fomenta la posibilidad de realizar modificaciones estructurales que potencien la eficacia de los futuros compuestos terapéuticos.

“Creamos modelos matemáticos que intentan imitar las redes neuronales de nuestro cerebro, explica la científica del CSIC Nuria Campillo, fundadora de AItenea Biotech junto con otros emprendedores del ámbito de la tecnología, así como expertos en inteligencia artificial y modelos predictivos de datos.

Los investigadores aportan la copiosa información de las estructuras químicas existentes en el mercado a la nube –el big data–, y las citadas redes neuronales sintéticas analizan la propiedad que se pretende estudiar, como, por ejemplo, la toxicidad de las fórmulas en desarrollo. La forma de trabajar del modelo, a través de la memoria, ha evolucionado desde los métodos matemáticos convencionales, relacionando distintas variables, hasta llegar al aprendizaje automático y el aprendizaje profundo. Los nombres de estas dos tecnologías hacen referencia a la capacidad de que el sistema aprenda por sí solo.

Además, el big data y la IA conforman un campo de investigación que aporta sustanciosos beneficios económicos. “Los estudios actuales señalan ahorros de entre el 40% y 50 % en tiempo y de 26 000 millones de euros al año en fases preclínicas”, destaca Campillo. Las cifras son aún más halagüeñas en los ensayos clínicos, que suponen un recorte de entre el 50% y el 60% en tiempo y 28 000 millones de euros en costes anuales.

Pero las ventajas van más allá del mero capítulo económico. “Actualmente, se puede tardar en llevar un medicamento a la farmacia de doce a quince años”, dice Campillo, quien señala además que “son necesarios 50 000 animales de experimentación al año” para el desarrollo de los compuestos farmacológicos. Las tecnologías de vanguardia pueden abrir paso a un nuevo modelo de producción que daría la vuelta a las cifras y costos existentes.

“Todavía hay muchas personas que son escépticas con respecto a la inteligencia artificial, pero es importante que la sociedad confíe en este nuevo camino. Es un salto que hay que dar”, indica la fundadora de AItenea Biotech.

Por Daniela González.

 

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