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Ciencia

El efecto Matilda, el efecto Mateo y la ley de Stigler: la ciencia no siempre es lo que parece

Es muy propio de la naturaleza humana que no todos los científicos disfruten de las mismas oportunidades para demostrar sus teorías

Matilda Joslyn Gage fue una sufragista y defensora de la igualdad de sexos que vivió en la segunda mitad del siglo XIX. Dedicó toda su vida a combatir todo tipo de injusticias, desde la emancipación de las mujeres hasta el abolicionismo, pasando por la defensa de los pueblos nativos norteamericanos.

Lo que no podía imaginar esta activista es que su nombre serviría para acuñar un término con el que se pretende visibilizar a todos aquellos casos en las que las científicas quedan relegadas a un segundo plano.

Efecto Matilda

En 1993 la investigadora Margaret W. Rossiter acuñó el “efecto Matilda” para poner de manifiesto no sólo la discriminación sufrida por las mujeres a nivel de oportunidades en el mundo científico, sino también

para subrayar la negación de sus aportaciones y de los descubrimientos.

Durante mucho tiempo Rossiter se dedicó a recopilar las diferentes formas de discriminación de las científicas, comenzó con aquellas mujeres que firmaban artículos científicos detrás de sus maridos, siguió con las que fueron apartadas de sus puestos laborales por otros compañeros que tenían curriculum menos brillantes…

Un caso extremo e ilustrativo es el de Ben Barres, un neurobiólogo transexual, nacido en 1954. Durante la primera parte de su vida respondía al nombre de Bárbara, pero en 1997 decidió cambiar de sexo y pasó a llamarse Ben.

Mientras respondía al nombre de Bárbara sufrió hasta tal punto la discriminación sexual que no dudó en denunciar en repetidas ocasiones que sus contribuciones científicas se percibían de forma diferente a la de sus colegas masculinos.

Tras el cambio de sexo el neurocientífico impartió una conferencia a la que asistió un público muy cualificado, al final del evento uno de los asistentes exclamó: “Ben ha dado hoy un gran seminario, su trabajo es mucho mejor que el de su hermana”.

Evidentemente, en aquellos momentos todavía no sabía que Ben y Bárbara eran la misma persona.

Efecto Mateo

Tiempo atrás, en 1968, el sociólogo Robert King Merton había descrito el llamado “efecto Mateo” para referirse a la menor consideración que recibían los trabajos y las obras de científicos, escritores o artistas no conocidos, en comparación con otros trabajos de similar importancia, pero que eran firmados por profesionales consagrados.

En este sentido, el “efecto Mateo” se sustenta en el principio de no autoridad, es decir, que un autor acreditado siempre mantendrá un estatus de autoridad, en independencia de la relevancia de su trabajo.

La denominación de “efecto Mateo” se inspiró en la cita bíblica Mt 13,12 en el que se dice textualmente: “porque al que tiene se le dará y tendrá abundancia, pero al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará”.

La ley de Stigler

En esta línea de pensamiento, en 1980 un profesor de estadística de la Universidad de Chicago, Stephen Stigler, publicó un trabajo en el que defendía que muchos descubrimientos científicos no reciben el nombre de quien lo descubrió en primer lugar, sino el de otro autor.

Vayamos con algunos ejemplos concretos, el número de Avogadro fue calculado por Johann J Loschmidt, la ley de Ohm fue descubierta por Henry Canvedish, la ley de Gresham fue descubierta inicialmente por Copérnico, la nube de Oort fue descrita originariamente por Ernst Öpik

En definitiva, en la cuneta de la ciencia reposan sin vida los restos de Matildas, Mateos y de multitud de científicos agraviados por la ley de Stigler.

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