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Ciencia

La Tierra se hinchó hace 3.000 millones de años

Esta inusual transformación dio lugar a las semillas de los primeros continentes

Hace cerca de 3.000 millones de años, la corteza terrestre sufrió una transformación inusual. De pronto, empezó a hincharse como un pastel en un horno. Y de ahí, según un nuevo estudio aparecido en Nature Communications, surgieron las semillas de los primeros continentes. El sensacional hallazgo fue realizado por un equipo de investigadores de la universidad australiana de Curtin, en Perth, y del Geological Survey of Denmark & Greenland, en Copenhagen.

En aquel lejano momento de nuestra historia geológica, sólo habían pasado 1.500 millones de años desde la formación de la Tierra y el manto, la gruesa capa de silicatos que hay entre la corteza y el núcleo terrestre, era mucho más activa que en el presente. De

modo que se calentó, y eso causó que una gran cantidad de magma aflorara hasta la superficie, donde se enfrió formando los fragmentos más antiguos de corteza y, más tarde, dando lugar a los primeros continentes.

Los autores del estudio consiguieron hallar la evidencia de ese brote de crecimiento oculta en antiguos cristales de circón hallados en sedimentos de arroyos en Groenlandia. Esos cristales, extraordinariamente longevos y hechos de silicato de circonio, se formaron precisamente durante ese periodo de crecimiento acelerado. “El circón -afirma Chris Kirkman, primer firmante del estudio- es el juego de herramientas favorito de los geólogos, porque puede decirnos muchas cosas. Es un cristal muy robusto, y atrapa información sobre sus orígenes dentro de sí mismo”.

“Probablemente -prosigue el investigador-han existido múltiples eventos de formación de corteza en la historia de la Tierra. Pero este evento de inyección global de hace 3.000 millones de años es definitivamente uno de los más grandes”.

¿Pero qué había antes de que toda esa corteza se formara? Según los investigadores, la corteza antigua de la Tierra era mucho más delgada y débil que la actual, de forma que se rompió en pedazos, auténticas “balsas salvavidas” flotando en un océano de lava y alrededor de las cuales la nueva corteza emergente pudo agarrarse y crecer.

“Pensamos en la corteza como en fragmentos flotantes de roca que se asientan sobre el manto -explica Kirkland- Y eso significa que están recibiendo continuamente inyecciones de nuevo material que viene de abajo. Cuanto más tiempo aguanten arriba esos fragmentos, más material reciben y más grandes se hacen”.

Según los investigadores, las temperaturas del manto alcanzaron su punto máximo precisamente durante ese periodo, debido a la desintegración radiactiva de elementos como el uranio o el potasio en el núcleo terrestre y también al calor residual del propio proceso de formación del planeta. Como consecuencia, la corteza terrestre siguió “hinchándose” en una escala masiva durante un periodo de aproximadamente 200 millones de años.

Después, los primeros continentes empezaron a formarse para, mucho tiempo más tarde, permitir que en ellos surgieran las primeras formas de vida compleja de la Tierra.

La respuesta, en los cristales de circón

Igual que sucede con los árboles, los cristales de circón tienen anillos de crecimiento, causados por diferentes periodos de inyección de magma. Para estudiarlos al detalle, Kirkland y su equipo fracturaron con precisión los cristales con un haz de iones, separando los anillos para analizarlos de forma individual. De este modo consiguieron corroborar su hipótesis de que los fragmentos más antiguos actuaban como “semillas” para que a su alrededor se formara nueva corteza.

“Resulta increíble -dice Kirkland- que a partir de estos granos individuales se pueda reconstruir la historia antigua de nuestro planeta. Es como saber la edad de los padres de alguien con solo mirarlos”.

Otros estudios llevados a cabo por investigadores en Australia, Sudáfrica y Escocia, lugares todos con importantes afloramientos de rocas muy antiguas, arrojaron resultados muy similares, lo que confirma que el proceso estudiado por Kirkland formó parte de un evento masivo y global de creación de nueva corteza terrestre.

Toda una sorpresa, pues, que ha permitido a los investigadores descubrir cómo llegó a formarse la capa exterior de la Tierra, sin la cual ninguno de nosotros existiría.

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