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Cultura

Cuenta atrás para el centenario de Berlanga

Fernando R. Lafuente

En 2021 conmemoramos 100 años del nacimiento de Luis García Berlanga. Se recupera un excelente trabajo sobre el genial cineasta valenciano

Luis García Berlanga (Valencia, 1921-Pozuelo, Madrid, 2010) es un clásico contemporáneo, irreverente, creador de un género, semejante al esperpento de Valle-Inclán o los Caprichos de Goya, al decir de Francisco Umbral: el cachondeo. Pero un cachondeo teñido de compasión. Un cachondeo cervantino, pícaro y melancólico. Junto a Buñuel forma parte del Olimpo del cine español. 2021 será el año del centenario de su nacimiento y será, debería ser, el año de Berlanga para muy diversas, distintas y distantes generaciones. Porque un clásico, a la manera que lo entendían Borges o Italo Calvino, es alguien que nunca termina de decirlo todo en sus obras. Que cada generación descubre un nuevo rasgo de su creación.

Bambalinas ocultas

De ahí, la feliz publicación estos días de Berlanga. El último austrohúngaro, de Manuel Hidalgo y Juan Hernández Les. Los autores mantienen una prolongada conversación con el cineasta sobre sus películas, las circunstancias de cada rodaje, las bambalinas ocultas de detalles y anécdotas desternillantes, los análisis de sus filmes contados por el propio director, junto a la incorporación de un sugestivo aparato crítico, documentación exhaustiva que conforman un volumen ya imprescindible para adentrarse en el maravilloso laberinto de la comedia humana urdida por Berlanga.

Este libro tuvo una primera edición en 1981 y, lamentablemente, a la hora de su recuperación, falta Hernández Les fallecido el año pasado. Pero Hidalgo ha revisado la anterior edición, con el prodigioso prólogo del citado Umbral, ha incorporado otro, además de la cronobiografía y un capítulo final bajo el título de «Origen, hilván y cierre (1981-1999)» que recorre las producciones del director valenciano no incluidas en la primera entrega, y la filmografía completa. Un viaje al castillo interior berlanguiano, a las confesiones y trasuntos que marcaron cada historia filmada. De los bienintencionados habitantes de Villar del Río al marqués de Leguineche y su regreso del exilio; del buen padre del motocarro que se pasa la tarde de Nochebuena tratando de pagar una letra, al verdugo jubilado que espera un piso del Estado y convence a su aturdido yerno para que entre en el siniestro gremio. Son tantos los personajes aquí evocados, vividos. Berlanga, como pocos, fue contemporáneo de su presente, lo filmó con infinito cachondeo, ternura y compasión. Muy pocos aquí, así.

Sobre la Guerra Civil

Autor de obras maestras, Berlanga se atrevió con lo intocable: una película sobre la Guerra Civil en la que se resaltara el lado cotidiano de los personajes. La vaquilla es la quintaesencia de su cine. La visión de Berlanga está llena de emoción cercana, popular y elegante. Qué escena la del intercambio de papel de fumar por tabaco. Y el plano final con esa vaquilla destrozada, muerta entre las dos trincheras, queda como el testigo implacable de ese «duelo a garrotazos» goyesco en que (h)unos y (h)otros envenenaron una sociedad.

Berlanga

La huella del director es alargada. Regrese el lector a Berlanga, frente al Retiro madrileño, en Menéndez Pelayo, 41. Volver a los arroces que prepara de manera exquisita su hijo José Luis. Los senyoret, a banda; uno poco conocido por la meseta, el de espinacas y gambones, o el de bacalao, coliflor y cebolla, el rossejat de La Albufera o el steak tartare y la merluza, o las cocas, para los que no quieren arroz. A los clásicos el tiempo les agranda, a los demás, les apremia. Feliz año Berlanga.

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